25 marzo, 2014

John Kennedy Toole "La conjura de los necios"

"1976. Walker Percy abre con desgana el manuscrito. Él es un prestigioso filósofo y escritor, y leer la obra de un don nadie cadáver le apetece tanto como afeitarse una almorrana. Pero Thelma Ducoing, la enlutada madre del autor, le ha acorralado con su perseverancia, quizá espoleada por el remordimiento. No había resquicio para negarse. Percy, con cierta desidia, comienza a pasar las páginas. Y se enamora.

'La conjura de los necios', liderada por el patético y colosal Ignatius J. Reilly, es una novela hilarante y mordaz. Toole trazó un mapa caricaturesco, sublime, de esa Nueva Orleans donde confluyen las culturas francesa, española y criolla. Por sus párrafos desfila un carnaval de personajes esperpénticos, marginados que sobreviven hábilmente revolcándose en el desdén de la hipócrita clase dominante.

Una de las cumbres de la literatura norteamericana, el libro se convirtió en un fenómeno tras su publicación en 1980 por la Universidad de Louisiana, gracias a la insistencia de Percy. Un año más tarde recibía el Pulitzer. La figura del difunto Toole despertó tal interés que incluso se hurgó en sus cajones, donde se encontraron los folios de 'La Biblia de neón', una novela que había escrito a los 16 y que luego repudió. La publicación de esta obra en 1989 (y el filme de Terence Davies en 1995) devolvió a la actualidad la pregunta clave: ¿por qué se mató John Kennedy Toole?"

(http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/25/cultura/1238008804.html)



John Kennedy Toole, el escritor devorado
viernes, 26 de agosto de 2011 by Marta Hernández / Ilustración: Aurelio Lorenzo

| http://personasconhistoria.blogspot.com.ar/2011/08/john-kennedy-toole-el-escritor-devorado.html


Con un solo libro publicado, John Kennedy Toole (1937-1969) es un escritor de culto, padre de una de las obras cumbres de la literatura norteamericana y ganador de un prestigioso Premio Pulitzer. Publicada en 1981, la novela con su enorme éxito le devolvió a Toole la vida que le había quitado 12 años antes, en 1969; porque "La conjura de los necios", a su autor, se lo comió vivo

: enamorado de la historia y de los personajes que había conseguido crear, atrapado como solo puede atrapar aquello que nace de uno mismo, la frustración por no poder publicarla le llevó a quitarse la vida a los 32 años de edad, exasperado, paranoico y deprimido, incapaz de seguir viviendo después de haberla abandonado en un cajón.

De ese cajón la rescató su madre y consiguió que fuera publicada tras acosar (literalmente) a distintos editores durante meses, impulsada por su tenacidad y por su obsesión hacia el hijo, una obsesión que marcaría la vida de John Kennedy Toole tanto como "La conjura.." marcó su muerte.

Toole nació en Nueva Orleáns en 1937, cuando su madre, Thelma, de 36 años de edad y 12 de casada, ya se había resignado a no tener descendencia. A partir de entonces su hijo fue el único motor de su vida, y su energía, que era mucha, se dedicó en exclusiva a su cuidado, a su protección, a la adoración fanática de su persona. Le proporcionó una excelente educación, que él, buen estudiante, aprovechó graduándose y doctorándose en filología inglesa, pero a cambio tuvo que subyugarse a ella, renunciar a cualquier relación: con amigos, con mujeres e incluso con su propio padre, y soportar que donde quiera que fuese ella estuviera allí, siguiéndole a todas partes. Incluso cuando residió en Nueva York para cursar un máster en Literatura o durante sus primeros trabajos como docente en la Louisiana rural.

La oportunidad de su vida le llegó en 1961 cuando fue llamado a filas y enviado a Puerto Rico, para acabar ejerciendo de profesor de inglés de los reclutas hispanos. Allí comenzó a escribir "La conjura de los necios"; la Armada norteamericana le dio todo lo que necesitaba para explotar su talento: tiempo libre, manutención y un lugar físicamente vetado a su madre.

Finalizado este periodo de excepcional felicidad, con medio libro ya escrito y completamente enamorado de su historia, en 1963 regresó con sus padres a Nueva Orleáns. Renunció a conseguir un trabajo prestigioso en alguna Universidad y a vivir en otra ciudad más grande y cosmopolita, a cambio de disponer de algo parecido al ambiente del que había disfrutado en Puerto Rico para poder terminar su novela. Apostó por ella mientras se consumía dando clases de literatura en un colegio femenino, a la sombra de Thelma, con la que comenzó a compartir la afición de ella por el alcohol, y agobiado por los problemas económicos de una familia que dependía de sus precarios ingresos.

Llevaba tiempo resbalando suavemente por la pendiente de la depresión cuando terminó y envío el manuscrito de "La conjura de los necios" a una editorial, que tras una inicial respuesta entusiasta, declinó publicarlo, aduciendo que la novela "no trataba de nada", e iniciando una relación con Toole de varios años en los que el manuscrito fue reescrito y vuelto a enviar hasta en tres ocasiones. Hasta su rechazo final, no por motivos literarios, sino porque los editores no se atrevieron con una novela que era una sátira descarnada, crudísima, contra la sociedad, la hipocresía y la democracia norteamericana.

La correspondencia entre la editorial y Toole desvela la fragilidad del autor en sus últimos años. En ella dice tener una parte de su alma en la novela, poder "ver y oir a los personajes" e incluso haber comenzado "a hablar y a comportarme como Ignatius" (el protagonista de "La conjura.."). Y efectivamente, sumido ya completamente en el alcoholismo, cada vez más gordo, amargado y paranoico, perdida su brillantez y coherencia, fue incluso expulsado del trabajo acusado de "comunista" por sus diatribas durante las clases.

Y poco después, en enero de 1969, huye de casa tras una discusión con su madre.Convencido de que la oportunidad para su obra, y ya por extensión, para su vida, había llegado y se había ido, inicia un periplo en coche por el país del que nada se sabe, hasta que en marzo de ese año aparece muerto en el interior de su coche, en una carretera secundaria de Mississippi.

John Kennedy Toole dejó una nota de suicidio que su madre destruyó sin revelar jamás su contenido. Como en otras ocasiones, ella tenía un plan mejor.

*La conjura de los necios - John Kennedy Toole
Título: La conjura de los necios
Autor: John Kennedy Toole
Páginas: 392
Editorial: Anagrama
Precio: 10,90 euros
Año de Edición: 1992

Ignatius J. Reilly es el protagonista de esta gran novela. Un individuo de 30 años sin ningún trabajo ni ganas de tenerlo, neurótico, aprensivo, inmaduro, hipocondríaco y maniático, que vive con su madre viuda, ya mayor, a la que tiraniza con su comportamiento proclive a crear conflictos por donde pasa y a irse de rositas de todos ellos. Un sujeto generador de entropía ocupado en escribir una extensa denuncia contra la sociedad de nuestro siglo en cuadernos escolares Gran Jefe y que padece un curioso trastorno digestivo: su válvula pilórica se cierra de forma periódica y violenta como respuesta a la falta de una geometría y teología adecuadas en el mundo moderno.

Siervo fiel de la diosa Fortuna, su existencia se ve alterada cuando por un giro de la rueda de la fortuna, en forma de una necesidad económica de su madre, se ve empujado al mundo laboral. Prueba varios trabajos menores con resultados lamentables, mientras el autor nos va presentando una galería de personajes esperpénticos, tan estereotipados como creíbles, presentes en la sociedad multicultural (española, francesa y criolla) de NuevaOrleans. Hay varias líneas de accón aparentemente inconexas, con magníficos personajes secundarios que confluyen al avanzar la obra en la historia central de Ignatius: un tipo que es la antítesis del protagonista que puede despertar simpatia o cercania en el lector y menos aún, sentirse identificado con él. Pero sin duda, un tipo genial.

John Kennedy Toole

John Kennedy Toole nació en Nueva Orleans en 1937, hijo tardío y único de un matrimonio mayor. Su madre era una mujer de fuerte carácter, sobreprotectora que anulaba la personalidad de su hijo. Estudió literatura inglesa y ejerció como docente. Trabajó en un taller de ropa masculina y ayudó a un amigo músico en un puesto callejero. Esas dos experiencias le ayudaron en la realización de capítulos y sirvieron de génesis de personajes secundarios de su novela. Escribió dos libros: una obra de juventud, «La Biblia de Neón», y éste que ahora comento; probó suerte con varios editores que rechazaron su obra. Los intentos fracasados de verla publicada le sumieron en una profunda depresión agravada por su adicción al alcohol, siempre se ha pensado que esa frustración le empujó al suicidio a los 32 años inhalando los gases del tubo de escape de su automóvil.

Su madre siguió insistiendo con gran esfuerzo en la publicación del manuscrito y perseveró hasta conseguir que Walker Percy, prestigioso filósofo y escritor, accediera a leer lo que parecía una de tantas obras de un autor desconocido y en este caso muerto, magnificada por la pasión de su madre. La leyó de corrido y, gratamente sorprendido, consiguió su publicación en la Universidad de Luisiana en 1980 y que un año después ganase el premio Pulitzer de forma póstuma. Así se convirtió en una obra de culto de la narrativa estadounidense.

Se ha intentado llevar la novela al cine en varias ocasiones, pero el gran libro del autor maldito se convirtió a su vez en una novela maldita. Cualquier proyecto de rodar una película basada en ella ha tenido un desenlace turbulento. El primer actor encargado de dar vida a Ignatius Reilly, John Belushi, murió de sobredosis la víspera de la reunión con la productora. Otros actores en los que se pensó, John Candy y Chris Farley, también fallecieron. Scott Kramer y Steven Soderbergh escribieron un guión cuidadosamente fiel a la obra original y se pensó lógicamente en rodarla en Nueva Orleans pero la llegada del huracán Katrina malogró nuevamente el intento y desde entonces el proyecto sigue parado.

Pero hubo otro proyecto que sí salió adelante: en Nueva Orleans, la ciudad donde se desarrolla la novela, hay una estatua erigida en honor a Ignatius Reilly.

Una obra fundamental, de las pocas que he releído más de una vez y que no defraudará a nadie. Imprescindible.

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