25 septiembre, 2020

Ficciones de otros

Situación: Futuro no tan lejano, Misión: Salvar el mundo, Vocero: Político-Militar iluminado-salvador, Discurso: Un mundo destruido por luchas intestinas, por pelear los unos contra los otros y descuidar nuestro lugar… y una esperanza.

Así comienzan decenas de películas norteamericanas de cine de ciencia ficción y/o catástrofe. Se plantea que el planeta está agotado y destruído y se propone una salida que puede ser un viaje espacial o algún experimento rupturista para salir del brete.

No sería tan difícil de imaginar que de aquí a veinte o treinta años se materialice esta fantasía de la potencia cinematográfica y que en verdad haya que rescatar el mundo de su final irreversible pero que tal si pensamos ese futuro posible desde ahora mismo, que tal si esa lógica de rescate fuera parte de la misma debacle?

En el planteo de ficción del comienzo de esta nota se observan una serie de sentidos comunes a los cuales se apela en complicidad con el expectador, que de eso se trata el arte en general, para dar sustento a la historia que se pretende llevar adelante pero por qué aceptamos tan tranquilamente este planteo y no otros como por ejemplo aceptar alguna aberración por todos rechazada (pedofilia por ejemplo) para sustentar un relato cualquiera porque en este caso no podemos aceptar lo que nos parece malo en sí y en aquel caso no tenemos un juicio valorativo lo suficientemente firme y claro como para rechazarlo de entrada nomás y veamos en qué se basan esos supuestos y por qué en mi caso sería inaceptable.

Los planteos de las grandes producciones de Hollywood y afines por todos aceptados suelen incurrir en una serie de valoraciones muy convenientes a los poderes fácticos, léase poder económico global centralizado, poder político hegemonizado por los EEUU y su sucedáneo el poder militar como cuerpo policial transnacional. En dichas producciones que no son otra cosa que productoras de sentido, los no estadounidenses son feos y malos, tienen las peores intenciones y los objetivos más abyectos como por ejemplo liderar su región y luego el mundo como objetivo superior. Los diferentes son nazis, orientales, árabes siempre fácilmente distinguibles por sus uniformes, por su gestos, por sus lenguas, sus pieles o sus religiones. En resumen, todo lo no-blanco, no-protestante o no-judio es a priori de cuidado porque detrás de esas apariencias subyace el mal.
En las gestas “americanas” porque hasta se apropiaron del patronímico continental para hacerlo estadounidense, el orden solo puede ser llevado por occidente y no hay otra razón que la razón neoliberal disfrazada tras el eufemismo “democracia”.
En las ficciones solo lloraremos los muertos propios, los del punto de vista del narrador, los americanos, el resto serán únicamente números o meros muñequitos que van cayendo a medida que nuestros héroes avanzan tras sus objetivos. A menudo estos fines que justifican “romper las reglas” como gustan decir pueden ser empresas transnacionales, espías que salvar, facciones locales (del país invadido) que eliminar o simplemente posiciones estratégicas que se deben guarecer. Siempre detrás de estas lógicas están los intereses de la potencia imperial. Ni nos detenemos a cuestionar su cruzan fronteras sin autorizacion, si actúan como policías fuera de sus jurisdicciones, si matan gente porque simplemente se considera necesario y se ejecutan juicios sumarísimos que ninguna democracia que se precie podría tolerar.
Pero si hay misiones netamente invasivas y de aniquilación, también hay tiernos corazones en el imperio que se comparecen de los inferiores (siempre y cuando no revistan peligro para el orden central) y se pasan a sus filas y al rescate como animalitos para una reserva tal el caso de los naavii en la película Avatar de Cameron que solo se salvan si hay americanos de su lado, es decir si son asimilados o absorbidos por el sistema.
La lógica es siempre la lógica del poder central, lo malo del mundo lo hacemos todos, las grandes intenciones solo son de ellos.
La hipocresía al poder como nunca antes, en nombre de la libertad, sojuzgan, en nombre de la civilización arrasan, en nombre de Dios lanzan carnicerías atroces y todo esto abre la mirada bovina de espectadores que van deglutiendo mensajes esclavizantes al mismo ritmo que bajan sus enormes baldes de pochoclo “a la americana”.

IXX, abr2018

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