Agustina Josefa Teresa López de Osornio
Agustina Josefa Teresa López de Osornio (Buenos Aires, 27 de agosto de 1769, 13 de diciembre de 1845), patricia y estanciera argentina, pionera de la ganadería argentina al sur del río Salado, que a fines del siglo XVIII era el límite con las tierras indígenas, especialmente conocida por haber sido la madre del gobernador Juan Manuel de Rosas.
Agustina Josefa Teresa López de Osornio
Biografía
Era hija del coronel Clemente López de Osornio, comandante general de campaña de la provincia de Buenos Aires y pionero al sur del río Salado. Se educó en la ciudad.
Su padre murió cuando ella tenía catorce años, y desde muy temprano se hizo cargo de la estancia "Rincón de López", ubicada en la margen sur de la desembocadura del río Salado. Ella misma dirigía las tareas rurales en la estancia y también gustaba de salir a recorrer el campo. La continua lucha contra las dificultades en una zona de frontera, contra las inclemencias del tiempo, los indígenas y la escasa educación de los gauchos le dieron un carácter muy firme y decidido.
Alrededor de los 20 años se casó con León Ortiz de Rozas, un oficial de ejército que se había distinguido en las exploraciones de territorio indígena, y que había pasado mucho tiempo cautivo. Tuvieron diez hijos, el segundo de los cuales fue el brigadier general Juan Manuel de Rosas, a los que hay que agregar al general Prudencio, el hacendado Gervasio, la escritora Mercedes y Agustina, esposa del general Lucio Norberto Mansilla.
Fue una mujer muy rica y piadosa, y ejerció la caridad como se la entendía por esa época, con un fuerte tono paternalista. Educó a sus hijos con extrema dureza, y no les perdonaba veleidades de niños ricos. A su lado, su hijo Juan Manuel aprendió a trabajar sin descanso, a respetar y hacerse respetar por los gauchos y a no tener miramientos con nadie, ni siquiera para consigo mismo. Pero el carácter fuerte de ambos chocó al menos dos veces: la primera cuando Agustina se opuso a la novia de Juan Manuel, Encarnación Ezcurra, por lo que su hijo recurrió al ardid de convencerla de que estaba embarazada para obtener su autorización para casarse. Poco tiempo después, un duro entredicho entre ambos terminó en el abandono del hogar por parte de Juan Manuel, que desde entonces se dedicó a administrar las estancias de su primo Nicolás Anchorena y a adquirir varias estancias. La dureza del conflicto o tal vez la decisión de ganarse la vida sin depender de su familia hizo que don Juan Manuel cambiara su apellido Ortiz de Rozas por Rosas.
En 1828, cuando la revolución unitaria derrocó a Manuel Dorrego y su hijo Juan Manuel sitió la ciudad de Buenos Aires, los jefes unitarios pretendieron requisar los caballos y mulas que tenía en los fondos de su casa. Cuando por fin fue obligada a entregarlas, se adelantó al oficial que venía a buscarlas y ordenó a sus criados degollar todos sus caballos y mulas.
Fue la tutora de varios de sus nietos, a los que educó algo menos duramente que a sus hijos. Cuando su marido falleció, en 1839, estaba inválida, pero aun así gobernaba con firmeza su casa. Ese mismo año, la revolución de los Libres del Sur tuvo el apoyo o la complacencia de su hijo Gervasio; autores unitarios afirmaron entonces que el coronel Vicente González insultó a Gervasio Ortiz de Rosas en un brindis, afirmando que no era hijo de don León Ortiz de Rozas. Ello habría disgustado enormemente a su madre, por el insulto que se le infería a ella, y porque el gobernador no lo había castigado.
Muerte: Falleció en Buenos Aires en diciembre de 1845.
Rincón de López
Por el Prof. Jbismarck
Agustina Teresa López de Osornio, hija de Clemente López de Osornio, sargento mayor de milicias, comandante de fronteras y rico hacendado en el pago de la Magdalena (provincia de Buenos Aires), dueño de la estancia “El Rincón de López”, heredada luego por su hija y donde se criaron Juan Manuel de Rosas y sus nueve hermanos vivos (los otros diez murieron). “El Rincón de López” ha trascendido por ser una de las primeras estancias de frontera sobre el río Salado. Clemente López de Osornio fue capitán del Cuerpo de Blandengues, creado en 1752 para el cuidado de la frontera. De esta manera, adquirió tierras dentro de los campos reales que la Junta Gubernativa de Hacienda facilitaba a todo aquel que quisiera explotarlas para el abastecimiento de la ciudad de Buenos Aires. Su vida transcurrió entre su casa de la calle Santa Lucía, las guardias de la frontera y sus campos, “La Vigilancia” y “Las Víboras”, también en el pago de la Magdalena. Pronto, obtuvo autorización para fundar una nueva estancia-fuerte denominada “La del Medio” y posteriormente otra, el “Rincón del Salado”, que habría de completar así una inmensa faja de tierras en la frontera sur. Dicha faja comprendió tierras ubicadas desde el pago de la Magdalena hasta las márgenes del río Salado, alcanzando unas noventa leguas cuadradas.
El trabajo en el campo prosperaba y, en 1765, Clemente López, junto con Juan Noario Fernández y Juan Blanco, solicitaron y obtuvieron del Cabildo la concesión exclusiva para proveer el abastecimiento de carnes a la ciudad de Buenos Aires. También criaba mulas, que eran enviadas a Tucumán a cambio de carretas y, con esas carretas, se transportaban a sus campos de la Magdalena las vituallas necesarias para sostener a la población allí existente. Solía llevar una manada de yeguas y dos mulas cargueras con sendos fardos de azúcar y yerba para los indios amigos. Con el paso del tiempo, logró que se le concediera la posesión de las tierras colindantes a las suyas hasta llegar al “Rincón del Salado”; de esta manera, la reducción jesuíta Nuestra Señora en el Misterio de su Concepción de los pampas quedó bajo su custodia, y se estableció que, si sus descendientes defendían esas tierras hasta cumplir los cuarenta años de posesión, pasarían a ser de su propiedad. Ese fue uno de los motivos por el cual se estableció de manera definitiva y la estancia pasó a ser conocida como “El Rincón de López”.
Esta estancia fue heredada por la hija mayor de Clemente López, Agustina, casada con León Ortiz de Rozas, quienes obtuvieron la propiedad en 1811. Allí, hicieron construir una casa de forma rectangular, con paredes anchas de barro, entre 45 cm y 60 cm, que solo permitían sostener una azotea (que fue agregada en 1900) para otear el horizonte, y tres escalones circundantes. Tenía un techo de tejas a cuatro aguas, sustentado por columnas que formaba una alta y ancha galería, rodeada de un monte de talas. Allí transcurrió gran parte de la infancia y juventud de los hermanos Ortiz de Rozas. La estancia “El Rincón de López” se convirtió, para Juan Manuel de Rosas, en su cuna de formación de estanciero. Aprendizaje que volcará, posteriormente, en la escritura de sus “Instrucciones para la administración de estancias”, donde evidencia el profundo conocimiento que había adquirido sobre las tareas rurales. Allí, dedica un capítulo entero a la administración del campo, otro a las poblaciones y el personal, y los demás al cuidado de las especies caballar, vacuna, lanar y demás. La buena observancia de estas reglas permitiría una marcha segura y exitosa de los negocios.
El ambiente familiar de Juan Manuel estuvo signado, según la visión de su sobrino Lucio V. Mansilla, por la presencia materna. Agustina López de Osornio, mujer de carácter altivo y autoritario, mandó a su hijo a aprender las primeras letras (leer, escribir y contar) a la escuela particular de Francisco Xavier de Argerich, una de las mejores de la época, pero no al colegio para formarse en alguna de las profesiones liberales de entonces. Luego, lo colocó en una tienda para que aprendiera el oficio, pero no duró mucho tiempo, lo cual generó un enfrentamiento con su madre, de quien seguramente había heredado su carácter. Castigado por la desobediencia, decidió escapar de su casa paterna a la de sus primos Anchorena, aunque luego le fue reconocida su vocación por el trabajo de campo. Para Carlos Ibarguren, Rosas fue un autodidacta “que no tuvo apego a las teorías.; la vida tal cual era, en su fuerza elemental y áspera, fue su gran maestra”.
Mansilla nos cuenta que: “Siendo sus padres pudientes, y hacendados por añadidura, en cuanto eso implica en el Río de la Plata tener estancia [...] era candidato natural para reemplazar a sus padres en el gobierno administrativo de las propiedades rurales que poseían”. En 1811, a la edad de 18 años, y lejos de la efervescencia política de la Buenos Aires independiente, pasó, por orden de su padre, a dirigir la estancia “El Rincón”. Así lo hizo durante un tiempo, pero las desavenencias con su madre signaron su camino hacia la independencia definitiva. Años más tarde, ya en el exilio, le diría a Josefa Gómez, su amiga, lo siguiente: “Ningún capital quise recibir de mis padres [...] lo que tengo lo debo puramente al trabajo de mi industria y al crédito de mi honradez. El fruto de ese trabajo es lo que me han confiscado mis contrarios políticos. Entregué las estancias a mis padres cuando mi hermano Prudencio estuvo por su edad y conducta en estado capaz de administrarlas” Si bien la familia vivía en la ciudad y su casa era visitada por las múltiples relaciones, producto de los cruzados parentescos (Anchorena, García de Zúñiga, Arana, Aguirre, Pueyrredón, Beláustegui y otras) y del cultivo de amistades con las grandes familias de entonces (Terrero, Dorrego, Ezcurra, Costa, Pacheco, Guido, Alvear, Olaguer Feliú, Pinedo, Maza, Soler, Viamonte, Sáenz Peña, Alzaga y otras), también pasaba largas temporadas en la estancia “El Rincón”, donde hasta su misma madre, Agustina López, montaba a caballo, mandaba a parar rodeo, contaba e inspeccionaba la hacienda, ordenaba los apartes y llevaba cuenta de la administración de todo el establecimiento. Incluso, ya anciana y tullida, cuenta su nieto Lucio V. Mansilla, seguía ocupándose de todo: de la casa, de la familia, de los parientes, de las relaciones y de los intereses, compraba y vendía casas, mandaba a construir y a reedificar, descontaba dinero, hacía obras de caridad y amparaba a cuantos podía en su casa.
En las tertulias organizadas por los Rozas, se concertaron los matrimonios de casi todos sus hijos. Gregoria se casó con Felipe Ignacio Ezcurra y Arguibel (nieto de Felipe Arguibel, el albacea de la sucesión de López de Osornio) y tuvieron cuatro hijos; Andrea con Francisco Saguí (condiscípulo de Juan Manuel en la escuela de Francisco Argerich), y Juan Manuel con Encarnación Ezcurra (hermana de Felipe Ignacio). Estos tres enlaces, dice María Sáenz Quesada (2005, p. 25), tuvieron lugar entre 1813 y 1815, años más tarde se concretarían el de Prudencio con Catalina Almada, en primeras nupcias, con quien tuvo once hijos, y con Etelvina Romero, en segundas nupcias, con quien tuvo un hijo más; María Dominga (Mariquita) se casó con Tristán Ñuño Valdez y Silva, oriundo de Colonia del Sacramento, con quien tuvo tres hijos; Manuela con Henry William Bond (un médico estadounidense proveniente de Maryland que se instaló en el Río de la Plata en 1820) y tuvieron tres hijos; Mercedes con Miguel Rivera (proveniente del Alto Perú, estudió Medicina y llegó a ser cirujano mayor del ejército y profesor en la universidad), con quien tuvo cinco hijos; y Agustina con el general Lucio N. Mansilla, que era viudo y padre de tres hijos. Las excepciones fueron Gervasio y Juana de la Cruz que permanecieron solteros. Las tertulias continuaron durante el gobierno de Rosas. Así, mientras este atendía los asuntos de Estado en casa de sus suegros los Ezcurra, Encarnación y su hermana María Josefa atendían la amistad que les propiciaba Pascuala Beláustegui, esposa del jurisconsulto Felipe Arana, Estanislada Arana, hermana de este último y esposa de Nicolás Anchorena, Paulita y Jacobita Torres Agüero, hermanas de Eustaquio y Lorenzo Torres Agüero, ambos también jurisconsultos, entre tantas otras.
https://revisionistasdesanmartin.blogspot.com/2022/11/rincon-de-lopez.html?m=1
Rincón de López
Reseña histórica.
Heredad de los López de Osornio, situada en la margen derecha del río Salado, hacia su desembocadura en la bahía de Samborombón. A la muerte de don Clemente López de Osornio en manos de los indios, en 1783, la estancia fue heredada por su hija Agustina.
Aqui vivió Juan Manuel de Rosas su niñez, hasta alrededor de los nueve años, en que pasó a la ciudad para estudiar en la escuela de don Francisco Javier de Argerich.
Volvió Rosas al Rincón de López cuando contaba unos quince años, ya encargado de administrar los bienes de su padre, en la primera década del siglo XIX.
Habiendo alguien sospechado de su honestidad en la administración de la estancia, Juan Manuel quien en 1813 se habla casado con Encarnación Ezcurra decidió separarse, sin aceptar ningún bien ni ayuda de don León Ortiz de Rozas.
Se asoció con Juan Nepomuceno Terrero, perteneciente a una familia muy amiga de los Rozas, y con él se dedicó a explotar la salazón de pescado y el acopio de frutos del pais. En sociedad con Luis Dorrego, además, fundó el primer saladero bonaerense en Las Higueritas, partido de Quilmes, en 1815.
El Rincón de López fue heredado por Gervasio Rozas. En el casco de la estancia se conserva un viejo olmo, a cuya sombra pasó días de su niñez Bartolomé Mitre, huésped de don Gervasio; y años después, el joven Lucio V. Mansilla hizo otro tanto, castigado por su madre, luego de un desvarío amoroso de adolescente.
https://www.lagazeta.com.ar/rincon_de_lopez.htm
Agustina López de Osornio de Ortiz de Rozas
Reseña biográfica.
Doña Agustina López de Osornio era hija de don Clemente López de Osornio y de doña Manuela Rubio, ambos de origen colonial. Los López de Osornio habían venido al Río de la Plata directamente de España y eran de cuna noble.
Cuenta Lucio V. Mansilla, su nieto, que doña Agustina solía decirle a su marido: "Yo desciendo de los duques de Normandía; y mirá, Rozas, si me apuras mucho, he de probarte que soy pariente de María Santísima".
Refiriéndose a sus abuelos, el mismo escritor afirma que "ambos eran buenos cristianos, católicos, piadosos sin ser gente de mucho confesionario y se llevaban muy bien".
Doña Agustina tenía como lujo la pulcritud del mantel y la limpieza de los cubiertos, y cuidaba a don León con esmero. Otros de los rasgos característicos de ella, según Mansilla, era "que todos los viernes hacía enganchar el coche grande, guiado por un alto cochero mulato, excelente hombre, llamado Francisco, para irse por los suburbios a distribuir limosna entre los menesterosos reales y traerse a casa, donde había una sala hospital, alguna enferma de lo más asqueroso, que colocaba en el coche al lado mismo de una de sus hijas, la que estaba de turno, y a la cual le incumbía el cuidado de la desgraciada hasta el momento en que sanaba o el cielo disponía otra cosa".
En diciembre de 1828, después del golpe de Lavalle contra Dorrego, la policía de la ciudad mandó requisar los caballos y mulas de los particulares, entre ellos los de la casona de don León y doña Agustina, sita en la actual Defensa entre Alsina y Moreno. Doña Agustina contestó que como las bestias eran para combatir a su hijo Juan Manuel no podía facilitarlas. La policía insistió y terminó echando las puertas abajo para la requisa. Cuando lo hizo se encontró con que, en el fondo, donde estaban las caballerizas, yacían degollados los caballos y las mulas. Era mujer de conciencia firme.
Rincón de López
Doña Agustina y don León tuvieron veinte hijos: primero una niña, Gregoria, y en segundo lugar, Juan Manuel.
Mansilla anota una circunstancia curiosa e interesante. "La mayor parte de la guerra civil argentina -escribe-, ha girado alrededor de dos grandes ejes políticos: Rozas y Lavalle. Pues bien, estas dos familias eran intimas; todos los Rozas tomaron leche del seno de una Lavalle, fecundísima como su amiga predilecta Agustina, y todos los Lavalle, leche del seno de ésta. Otra peculiaridad. Todos los Lavalle y todos los Rozas han tenido el rostro bello, prevaleciendo los rubios sin mezcla".
Cuando murió don León Ortiz de Rozas, en agosto de 1839, doña Agustina hacia ya años que estaba tullida, inmovilizada; pero lo mismo se ocupaba de su casa, de sus parientes, de sus intereses, "y siempre constante haciendo obras de caridad y amparando a cuantos podía, a los perseguidos con o sin razón por sus opiniones políticas".
Se cuenta que consiguió de su hijo Juan Manuel la libertad del médico Almeyra, luego de un largo entredicho que acabó cuando el dictador fue a pedir perdón de rodillas a su madre.
Al quedar huérfanos varios de sus nietos (hijos de Manuela Ortiz de Rozas y del médico norteamericano Franklin Bond: Enriqueta, Franklin, Carolina y Enrique Bond Rozas), doña Agustina se convirtió en su tutora y curadora, y cuando hizo testamento lo redactó favoreciendo más a esos nietos que a sus propios hijos, que eran gente pudiente.
Fuentes:
- Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1972).
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
https://www.lagazeta.com.ar/lopez_osornio_agustina.htm
Clemente López de Osornio
Clemente López de Osornio (Buenos Aires, 25 de noviembre de 1720 - Provincia de Buenos Aires, 13 de diciembre de 1783) fue un hacendado que vivió en la actual República Argentina, y fue pionero en el sur de la provincia de Buenos Aires y destacado oficial de milicias, encargado de las relaciones de paz y guerra con los indígenas de la región.
En 1779 obtuvo su retiro militar, y la concesión de la estancia del rincón del Salado, inmediatamente al sur de la desembocadura del río, y que incluía la antigua "Reducción de la Concepción". Desde entonces, la zona se llama "Rincón de López". Se estableció en la loma más próxima al mar y al río Salado, cerrando el acceso por el sur a la estancia con un zanjón profundo y una empalizada, con puente y puerta de entrada. Por detrás tenía corrales suficientes para guardar mucha hacienda, a cubierto de ataques indígenas.
Llegó a ser un hacendado muy rico, y en 1782 fue nombrado apoderado de los hacendados ante el cabildo porteño por cinco años.
En diciembre de 1783, la estancia del Rincón de López fue atacada por un importante malón, obligando a don Clemente a refugiarse tras la zanja y la empalizada. Pero después de tres días, los indios se acercaron lo suficiente como para lanzar boleadoras sobre la empalizada, atadas a pajas encendidas, con las que incendiaron los ranchos de la estancia. López decidió salir con su hijo Andrés y algunos peones a enfrentarlos, ordenando cerrar la empalizada a sus espaldas. Fueron derrotados, y tanto Clemente con Andrés murieron en combate.
Poco después de la muerte de su padre, la mayor parte de sus bienes pasó a su hija Agustina López de Osornio, que se casaría con el oficial León Ortiz de Rozas, de quien tendría diez hijos; el mayor de los varones fue el gobernador Juan Manuel de Rosas, estanciero y militar como su abuelo, que gobernaría la Confederación Argentina durante 25 años.
https://es.wikipedia.org/wiki/Clemente_L%C3%B3pez_de_Osornio
Mapa de la frontera Sur y Oeste de Buenos Aires, con sus fuertes y fortines.
La línea verde marca la primera línea de frontera, de 1751. La línea roja marca la segunda línea de defensa, frontera, entre 1779 y 1829. La línea negra, el límite alcanzado en 1852.
Unidad documental II102 -Archivo General de la Nación.
https://thetricontinental.org/es/argentina/tierracuaderno2/


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