“Lo que más me conmovía aquella noche en medio del impresionante silencio de la residencia, era que veía alzarse su corazón ya sin latidos ante Dios, brindándole el holocausto de un inmenso dolor. De un dolor que jamás se sabrá en este mundo. De un dolor más meritorio a los ojos de Dios que su lucha en favor de los necesitados. Usted sabe muy bien a qué dolor me refiero. Sabe quién lo provocaba y de qué manera. Dolor que, como ningún otro, desgarró su corazón más, mucho más que la enfermedad. ¿Con qué ganó más Evita el corazón de Dios, con ese secreto sufrimiento, que ignorará la historia, o con su obra social pública en la que –como no podía ser de otro modo– se mezclaba mucho de vanidad, mucho de éxito mundano, mucho de política y ostentación? Lo que de verdad hizo grande a Eva Perón jamás se sabrá en este mundo. Lo ignorará la gente. Escapará a la búsqueda de los historiadores. Morirá con la muerte de contadas personas. La de usted, la de Chicha, su otra querida hermana, la mía, y n...
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