Paraguay esa guerra infame

SIGLO XIX. 




La Guerra de la Triple Alianza

La guerra, es una de las instituciones más crueles y sangrientas. Paraguay así, fue empujado a esta arena, a la continuación de la política por otros medios. En el marco de un nuevo aniversario de su inicio, veamos cómo era Paraguay al momento de la guerra.
Nadia Petrovskaia
Domingo 15 de noviembre de 2015 Edición del día

¿Por qué Paraguay?
Económicamente la República de Paraguay se encontraba aislada de sus vecinos y del comercio de ultramar europeo al momento del estallido bélico. Lo estaba por la negativa de la oligarquía porteña, materializada en Mitre como su mayor representante y presidente de la Republica Argentina, quien negaba el paso libre de las mercancías paraguayas por la cuenca del Río de la Plata, único puerto cercano.
Ante esta realidad, Paraguay desarrolló una economía defensiva, integrada por medianos propietarios agrarios, que se basaba en el monopolio estatal de la propiedad del principal instrumento de producción, la tierra, y la comercialización de los productos fundamentales de exportación (yerba y tabaco) lo cual le permitió capitalizarse rápidamente a pesar de los gravosos impuestos que le demandaba el puerto de Buenos Aires. No existían en Paraguay sectores dominantes como los estancieros o la burguesía comercial porteña, si un Estado poderoso con una gran centralización política y una dictadura personalizada en la figura del Mariscal Francisco Solano López. En lo económico, este poderoso Estado promovió la diversificación de la producción y el desarrollo de la industria.
Hacia 1860, el gobierno paraguayo levantó astilleros y fábricas metalúrgicas, construyó ferrocarriles y telégrafos, creó escuelas primarias y envío jóvenes a Europa para perfeccionarse. El Estado era el único gran capitalista. Era el único país de América del Sur que no tenía deuda pública extranjera, según Alberdi (intelectual argentino y fervoroso defensor de Paraguay durante la guerra) no porque le hubiera faltado crédito, sino porque le bastaron sus recursos y sus buenas inversiones.
Argentina, Brasil y la política por otros medios
Suele atribuirse a la diplomacia y capital inglés la trama de la guerra contra Paraguay, si bien es cierto que fue uno de los grandes beneficiados durante y al final de la guerra, no es menos cierto que Argentina y el Imperio de Brasil y sus sectores económicamente dominantes tenían intereses propios en la destrucción del Paraguay que describimos.
Mitre y la oligarquía porteña tenían dos objetivos, por un lado, Paraguay y su prosperidad representó un latente foco que podía aglutinar a las derrotadas provincias del Interior. Recordemos que Argentina aun transitaba el proceso de consolidación del Estado argentino, entonces era necesario eliminar, literalmente, toda oposición o alternativa a los planes de la incipiente burguesía comercial argentina, es decir evitar que las provincias del Interior se apoyen en Paraguay y viceversa; y por otro lado, romper la barrera del monopolio estatal paraguayo y extender así su influencia comercial sobre la región.
El Imperio esclavista de Brasil, tenía otros intereses que hacían a su estructura económica: la producción de café y azúcar en base al trabajo esclavo, sistema de producción costoso e ineficiente ya, estaba en crisis. La opción de eliminar la esclavitud, chocaba con los intereses de los dueños de las plantaciones, entonces la alternativa fue expandirse a costa de los vecinos, en este caso Paraguay.
Así la necesidad de expansión territorial brasileña y la oligarquía porteña con el auxilio de la banca usuraria británica, proceden a buscar al último aliado para esta cruzada: Uruguay.
Uruguay, de aliado a enemigo del Paraguay, y el comienzo de la guerra
El ataque contra Paraguay comenzó con el golpe al único aliado que le quedaba. Como dijimos arriba, ya habían sido derrotadas las provincias del Interior y neutralizado el Litoral por el pacto entre Urquiza y Mitre (Batalla de Pavón), así el gobierno uruguayo en manos del Partido Blanco, versión oriental del federalismo argentino fue invadido por Brasil por vía terrestre y marítima. Mitre por su lado armó una “revolución” al mando de Venancio Flores, político uruguayo que había secundado al primero para eliminar la oposición del Interior argentino. Buscaban un gobierno aliado en Montevideo y así Flores ocupó el gobierno uruguayo.
El Brasil imperial, siguiendo el plan, tenia además otros objetivos en Uruguay como fue recuperar esclavos que se habían escapado de sus tierras y se refugiaban en territorio oriental, así se comprometió a no chocar con las fuerzas de Flores y éste a su vez en nombre de Uruguay prometió apoyar a Brasil en la guerra que Paraguay le declaró en defensa del legitimo gobierno uruguayo: “El abajo firmado –decía el documento que suscribió Flores- asegura por ultimo al gobierno de S.M. el Emperador de Brasil, que la Republica Oriental prestará al Imperio toda la cooperación que este a su alcance, considerando como un compromiso sagrado su alianza con el Brasil en la guerra declarada por el gobierno paraguayo, cuya injerencia en las cuestiones internas de la Republica Oriental es una pretensión osada e injustificable”.
El 13 de mayo de 1865, La Nación Argentina, diario de Mitre declaró: “El Imperio de Brasil va a fundar con nosotros la democracia en el Paraguay, porque es una nación liberal”. Como bien nos recuerda Milcíades Peña, en Paraguay no había ningún esclavo y en Brasil, había dos millones. Suficiente ilustración de la justificación de la guerra, llevar la civilización y el progreso.
Paraguay debía atravesar territorio argentino para asestar un golpe cualitativo a Brasil, por vía fluvial le estaba prohibido transitarlo porque era declararle la guerra a la oligarquía porteña. Mitre, esperando que López cayera en la trampa, denegó el paso por vía terrestre mientras que el mariscal López atacó igual e invadió Corrientes. Así Mitre y la oligarquía en alianza con el Imperio de Brasil le declaró la guerra a Paraguay.

El heroísmo paraguayo y las resistencias a la guerra
Bien conocida es la bravura y coraje de las y los combatientes adultos y niños, contra la triple alianza infame de Argentina, Brasil y Uruguay. Escribió así un general a Mitre, sorprendido de la valentía y tenacidad de sus oponentes: “ Al traer las canoas al puerto, fue que todos quedaron espantados de lo que veían, pues al remover los cuerpos para ver si había heridos, se encontraron con varias mujeres muertas, las que venían con camiseta de soldado y con estas varias criaturas. Me cuestas referir esto, porque estoy ahora mismo que no sé lo que me pasa…Un joven baldovinos, empleado en la telegrafía y que es uno de los prisioneros dice que el todo de la expedición serian 300 personas, con Herrera a la cabeza (general paraguayo) de los que son contados los que han escapado. […] Han combatido sin descanso y pasado cinco días sin tomar ninguna clase de alimento por lo que ya tenían 200 hombres caídos de extenuación. Y aun así la tropa ha resistido entregarse…” El general se sorprendió y hasta se espantó del horror que ellos mismos han provocado y hasta le cuesta comprender. Si bien es cierto que vivían bajo la dictadura del Mariscal López, también es cierto que los hombres, mujeres y niños peleaban por sus conquistas y sus derechos, los cuales no vinieron mágicamente sino que eran producto de la lucha desde su independencia en 1811 respecto de la Corona española y como bien vimos con pocos aliados y enemigos poderosos.
Esos pocos aliados también se contaban en nuestra tierra, que comprendieron que el enemigo no estaba afuera sino adentro y eran Mitre y la oligarquía porteña. El pueblo argentino desertaba constantemente de los ejércitos. Por ejemplo cuando Mitre pidió a Urquiza tropas, éstas de disolvían durante la marcha y el jefe de la División Uruguaya varias veces comunicó a Mitre: “La deserción que sufre esta División es considerable”. Y que “debe traer bastantes fuerzas, puesto que en el Paraguay no son tan necesarias como aquí” refiriéndose a motines y sublevaciones de provincias del Interior. El general Mitre tenía razón, Paraguay era un foco de resistencia y no resistía en soledad. Corrientes que había sido invadida por Paraguay, saboteó conscientemente la guerra como dijo La Nacion Argentina en marzo de 1866 “El general Mitre había mandado construir en Corrientes 300 botes para facilitar al Ejercito el pasaje del Rio Paraná […] Pero es muy triste tener que decir que al efecto parece haberse encontrado poca voluntad en la clase obrera de Corrientes”
Las montoneras del Interior encabezadas por Felipe Varela también expresaron su solidaridad con los hermanos paraguayos en la proclama de éste: “Soldados federales: nuestro programa es la practica estricta de la Constitución jurada, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás republicas americanas”

El fin de la guerra y las consecuencias
Mitre había lanzado un pronóstico poco acertado antes de comenzar la guerra “en veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en la Asunción”. Lo cierto es que la guerra duró más de lo que todos previeron, de hecho Sarmiento llego al poder en 1868 y López y Paraguay aun resistirían.
Las consecuencias económicas fueron ruinosas para todos los implicados, salvo para la oligarquía porteña que amasó grandes negocios abasteciendo al ejército, los dueños de las plantaciones de Brasil y por supuesto el capital inglés, que prestó dinero a Buenos Aires y Brasil durante todo la guerra.
A Paraguay, al término de la eliminación física, le llegó el saqueo financiero. En 1870 tuvo que contraer un empréstito con Londres por un millón de libras esterlinas, de los que no vio un centavo, pero pagó cada uno de ellos. Con respecto al ferrocarril nacional y las nacientes industrias, fueron destruídas algunas y otras intervenidas por compañías británicas. La producción agrícola fue puesta bajo control de empresarios brasileños y de sus fuerzas militares, financiadas por éstos y por los inversionistas británicos.
La gran hazaña de la triple infamia se cumplió, el liberalismo llegó a Paraguay.
La guerra terminó liquidando la única vía independiente de desarrollo del capitalismo industrial que experimentó América Latina en el siglo XIX.


¿El camino paraguayo hacia la industrialización?

Por IzquierdaWeb -
16 octubre, 20140
Un debate histórico

Los historiadores revisionistas de las décadas 60 y 70 del siglo pasado, que buscaban en América el porqué nuestro continente estaba dividido en muchos países (algunos de ellos muy pequeños, parecidos a provincias)… y para peor pobres. Todo eso, a pesar de poseer una cultura e idiomas en común, y de encontrarse en un continente con muchos recursos naturales codiciados por las potencias imperialistas.
Algunos, prefirieron hablar de una burguesía nacional, autóctona, derrotada por una facción aliada a los países centrales imperialistas (en especial Inglaterra).
Otros buscaron los motivos del no desarrollo de esta burguesía, en causas económicas o por culpa de España o Inglaterra.
Más allá de esto, encontraron algunos ejemplos de grupos o personas que intentaron llevar adelante planes de unificación y/o industrialización soberana: Bolívar, San Martín, Artigas y otros, fueron elegidos como héroes de la América.
Pero en Paraguay, a principios del siglo XIX, existieron gobiernos que llamaron la atención en esos años y hoy en día también. Son los gobiernos que encabezaron el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia (1811-1840, con distintos cargos) y los López: Carlos Antonio (1841-1862, con distintos cargos) y Francisco Solano (1862-1870). Para muchos, serían un ejemplo de industrialización y soberanía.
La realidad es otra. Es verdad que Francia imprimió un rumbo distinto al de otros países sudamericanos. Pero no dejo de ser una persona o grupo que actuaba sin el apoyo de una clase orgánica capitalista que impulsara la industrialización.
Su base fue el pequeño campesino, y por lo tanto actuó con serios límites. Por otro lado, Francia fue diferente al gobierno de los López por más que ellos se reconozcan como sus sucesores. Ciertos historiadores prefieren borrar esas diferencias  y limites.
Para entender el desarrollo económico del Paraguay de estos años, subrayemos esas características: Francia contó con el apoyo de los campesinos, y los gobiernos de los López fueron sutilmente diferentes al del primero.
El desarrollo industrial
Ya en la época del gobierno de Francia comienza el desarrollo de las artesanías, producto del aislamiento. Pero a este desarrollo, el Dr. Francia desde el Estado, le sumó un plan sistemático de construcción de fábricas, aprovechando los recursos económicos que el Estado recibía del comercio y las tierras nacionalizadas.
La gran obra de Francia, fue el alto horno de Ibicuy, la primera fundición de Latinoamérica. Con este gran avance, Paraguay cuenta con una fundición para herramientas e incluso armas aprovechando las minas de hierro. Para favorecer esta empresa, se contrataron en Europa técnicos para investigar nuevos yacimientos. Durante los diferentes gobiernos, funcionaron minas de hierro, cal, azufre y cobre. Lo cual permitió el funcionamiento de una fábrica de pólvora por ejemplo.
Con Carlos Antonio, el primero de los López, el plan de industrialización tuvo un empujón mayor. Se construyó el primer tren en 1861, el telégrafo, y los astilleros de Asunción. Estos últimos eran de los más importantes de Sudamérica, gracias a la construcción de barcos para su flota mercante nacionalizada, como el Yporá de 226 toneladas.
Para este desarrollo, tanto Francia como Carlos López, trajeron expertos desde Europa. Eran normal que la construcción de las obras estuvieran dirigidas por ingenieros ingleses, o que fueran administradas por europeos contratados para ese fin, cosa que se complemento con el envió de estudiantes paraguayos a Europa.
Hasta acá pareciera que Paraguay era un país en vías de industrializarse gracias a la obra de los tres gobiernos que se sucedieron luego de la independencia. Habría una continuidad entre ellos. La visión de que la guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay, 1864-1870) destruyó un país industrializado.
Francismo vs. lopismo
¿Ambos regímenes fueron lo mismo? ¿Hay continuidad? Obvio que ciertas cosas permanecieron iguales, pero hubo diferencias sustanciales entre uno y otro régimen. En otro artículo[[1]] decíamos que Francia fue una especie de gobierno bonapartista con base en el pequeño campesino, ya que los grandes propietarios eran perjudicados por su política y la nacionalización del comercio.
Pero durante el gobierno de Carlos López el comercio fue abierto, debido a la derrota de Rosas en 1853 y la apertura de los ríos. Esto cambio la situación de los terratenientes que siguieron existiendo (entre ellos los López). Pero no sólo estos cambios ocurrieron durante su gobierno y el de Solano López (hijo y sucesor de Carlos).
Apenas asume Carlos López, los congresos que antes reunían a miles, ahora se reducen a 500 en 1842, luego a 300 en 1844 y la constitución aprobada ese año lo reduce a 200[[2]]… y todos sus miembros debían ser propietarios!!! Un claro retroceso que deja al Congreso en manos de los grandes y medianos  propietarios, sacando del medio a los pequeños campesinos, transformando el régimen lopista en un claro gobierno de otra clase que no es la campesina.
Más allá de estas diferencias, podemos decir que los López fueron una continuidad distorsionada del gobierno bonapartista de Francia. Además de que la base campesina fue diluida frente a otros sectores. Es decir, los campesinos no desaparecieron pero perdieron poder frente a otras clases sociales.
Yendo a la cuestión de la industrialización, hay muchas cosas que no concuerdan con la visión de que los López encabezaban un estado que caminaba hacia la industrialización soberana antes de la “Guerra de la Triple Alianza”.
Sin duda los avances de este pequeño país son bastantes más notables que los de la mayoría de las ex colonias españolas. Pero sus límites eran demasiados como para creer que Paraguay era un camino alternativo. Durante el gobierno de Francia, los campesinos fueron la base de sustento, y por eso es que no se puede afirmar que este gobierno fuera un agente de industrialización soberana, ya que los campesinos no son la clase que demande este tipo de cambios. Por otro lado, durante el gobierno de los López este sector perdió poder en manos de los hacendados, la misma clase que se negaba a industrializar en otros países.
Por otro lado, en un país de mayoría campesina y poca población, el mercado para esa industria era muy pequeño.  Los campesinos realizan artesanías que suplen sus necesidades, son autónomos en más de un sentido. Pero además la población era reducida, lo cual genera un mercado igualmente limitado. La industria existió, pero tampoco era lo que los historiadores quieren ver. Más allá del mercado, era una industria básica.
Industria había, algo indiscutible; pero no era la industria moderna que algunos quieren encontrar. Los barcos hechos en Paraguay eran de madera, no a vapor, y sin duda era barcos chicos para río, mientras en Brasil se hacían barcos de 1400 toneladas. El tren y la prensa que algunos rescatan como muestra de lo avanzado de Paraguay, ya estaba presente en varios de los nuevos países. En definitiva, sin llegar a negar que industria había, y que muchos otros países no poseían algunas de esas industrias, es difícil encontrar en esta industria básica el germen de una industria moderna y potente.
Sin una clase burguesa industrial y con un Estado cuya base eran los sectores campesinos, no había quien desarrollase una industria, que fuese orgánica de la estructura paraguaya. De hecho, es bien conocida la historia que luego de la Guerra de la Triple Alianza, esa industria desapareció. No pasó, lo mismo en Alemania luego de dos guerras mundiales. Gracias al control del Estado, un grupo logró un cierto desarrollo, pero que no fue parte orgánica del capitalismo paraguayo. Por eso, sin ese Estado todo desapareció sin dejar rastros.
Si sumamos una industria básica, sin mercado producto del aislamiento, y un gobierno que representa a medianos y grandes propietarios, el resultado no es el camino hacia la independencia económica. A los sumo es una industrialización con muchos limites, producto de la estructura paraguaya, claramente campesina (clase que durante el gobierno de Francia tuvo cierto poder sobre los procesos paraguayos), pero que durante los López fueron relegados a un segundo plano, aunque si bien, por su poder de presión, no dejaron de ser un actor importante hasta la Guerra de la Triple Alianza.



La guerra que puso fin al desarrollo industrial de Paraguay

Publicada el 18/08/2017 | por AUNO
Ese evento bélico lo llevó a cabo Argentina, Brasil y Uruguay, entre 1865 y 1870. La decisiones básicas quedaron en manos del segundo de los países. Se cumple siglo y medio de ese hecho impopular. Murieron 50 mil soldados argentinos. En simultáneo, se libró la última batalla entre unitarios y federales. El Día del Niño paraguayo.
 Horacio Raúl Campos
Lomas de Zamora, agosto 18 (AUNO) – Un siglo y medio se cumple de la infame guerra contra el Paraguay llevada a cabo entre la Argentina, Uruguay y Brasil, al término de la cual aquella república quedó destruida material e espiritualmente hasta hoy.
El Día del Niño en Paraguay se celebra el 16 de agosto, en homenaje a los miles de niños masacrados en la tristemente famosa batalla de Acosta Ñu, que se libró aquel día de 1869.
Entre los motivos básicos de la destrucción de Paraguay figuran el desarrollo industrial independiente de esa república, su oposición al librecambismo y la defensa de los productos nacionales impulsados por el Estado, que constituían un duro obstáculo al expansionismo colonialista de Gran Bretaña.
Paraguay, cuando le declararon la guerra, (fruto de los gobiernos de Carlos Antonio López y después de su hijo, Francisco Solano López), contaba con astilleros, hornos de fundición, fábricas de tintas y papel; plantas de azufre y funcionaban ferrocarriles y líneas telegráficas. Un país en pleno desarrollo e industrializado.
Alberdi escribe que “si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación a vapor, telégrafos, fundiciones de metales, astilleros, arsenales, ferrocarriles, etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar a Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por primera vez en su vida en el país salvaje (subrayado de JBA) de su cruzada civilizadora”.
En Argentina
Con respecto de la Argentina, la guerra contra el Paraguay fue también uno de los tres eventos (junto a la derrota de las Montoneras federales y la “conquista del desierto”) que terminaron de configurar el país agroexportador o chacra de Londres que en esencia conocimos en el siglo XX y la centuria actual, con sus avances, retrocesos y restauraciones.
En simultáneo a la guerra contra Paraguay, y a raíz de su impopularidad y también por la sombría dictadura mitrista, se levantan Montoneras federales en San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca.
Mitre manda a invadir a La Rioja a través de sus coroneles uruguayos. El escritor riojano Ricardo Mercado Luna escribió en 1974 un documentado libro: Los coroneles de Mitre, donde narra las tropelías e incendios en La Rioja cometidos por la soldadesca mitrista en ese evento, que tuvieron como epicentro los Llanos riojanos, en la zona Sur de la provincia.
Última batalla
Mientras se destruía el Paraguay, en La Rioja se libró la última batalla entre unitarios y federales, el 10 de abril de 1867. En la ocasión, el ejército al mando de Felipe Varela (que se opuso a esa guerra) fue derrotado por uno a cero sobre la hora por las tropas invasora del mitrismo o poder anglo porteño.
“La guerra entre la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870, respondió más a los intereses británicos y de acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un mal ejemplo (destacado de FP), para el resto de América Latina, que a los objetivos de unificación nacional y defensa del territorio proclamados por sus promotores”, escribe Felipe Pigna.
Ese mismo historiador destaca que la guerra “le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Sin embargo, benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a las tropas aliadas”.
Todos los historiadores e investigadores serios coinciden en que el regreso de las tropas generó en 1871 una gravísima epidemia de fiebre amarilla y que por ese motivo las familias ricas del sur de Buenos Aires tuvieron que emigrar al Norte de la ciudad.
Las amplias casas que dejaron vacías, muy pronto, se convirtieron en conventillos en los que vivían hacinados los inmigrantes pobres llegados de España e Italia, entre otros países europeos. Un dato que después llevó a la gran huelga de inquilinos de 1907.
La guerra contra el Paraguay se dejó de estudiar en los niveles secundarios y universitarios de la Argentina desde hace muchos años, salvo excepciones.
Grandes y jóvenes desconocen las imprescindibles obras de, entre otros, José María Rosa, La guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas; de Fermín Chávez, Alberdi y el mitrismo; Alberdi, El crimen de la guerra; David Peña, Los mitristas y la guerra de la triple alianza; y Milcíades Peña, La era de Mitre. De caseros a la guerra de la Triple Infamia.
Los actores visibles de esa contienda fueron Gran Bretaña, la banca brasileña, el poder anglo porteño, los colorados uruguayos y Urquiza ya totalmente pasado al bando y proveedor de logística para desguazar el Paraguay moderno.
La peor derrota del Paraguay (y de las demás repúblicas de la Patria Grande), no fue militar, siquiera económica. Fue y es la la falsificación de la historia; es decir cultural, que es la más nociva porque es sutil, casi imperceptible.  Es la «colonización pedagógica» de la que habla Arturo Jauretche.


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