Élites o clases dominantes




Todos los países tienen y han tenido históricamente una clase o sector social preeminente que ubicado en el estrato superior de la sociedad impone al resto su forma de vida a través de lo que se conoce como relaciones materiales de subsistencia.
A su vez las naciones suelen tener un imaginario de progreso subsistencia o expansión que les propio y que es sin dudas orientado por ese estrato superior a través de la comunicación de un ideario que baja en la justicia, la educación, la religión, hasta en la propia organización productiva y que aunque no llega a imponerse por completo en algunas regiones obra como condicionante sobre esas minorías.
El ideario argentino está fuertemente influenciado por sus orígenes formativos coloniales e inmigratorios a partir de finales del siglo xix por su representatividad masiva. No obstante quienes se encumbraron en las clases altas han mantenido la tradición como bastión referencial y a medida que nuevas personas o sectores llegaron al poder lo resumiendo en las compras de tierras. El oro en el país es el agro y su producción ha sido siempre el principal sostén de nuestra economía, el principal exportador. Otros rubros se han acercado al producto de la tierra pero no han sido masivos no tan permanentes porque las fluctuaciones de los "mercados" les han afectado más que al agro, y éste por más de doscientos años ha logrado atravesar indemne esos vaivenes. 
Pero esa élite de la tierra ha basado su poder en en control casi permanente del estado en sus principales poderes lo cual ha servido para imponer condiciones, frenos, hasta inhibiciones a sectores que pudieran desestabilizarla. De esta manera ha sobrevivido a corrientes industrialistas, populistas, anarquistas, ha condicionado el accionar republicano llegando a apoyar cuando no propiciar alternativas totalitarias con frecuencia.
La élite ha sabido reacomodarse con los tiempos y aprovechar los sucesivo empréstitos conformando alianza con el sector de las finanzas y luego (aunque antes también) con total descaro a intereses foráneos. 
El resultado es una capa superior que controla al resto para su propio beneficio y permanencia pero que no tiene aquella vocación de expansión o superación nacional y que finalmente resulta en un proyecto de país fallido donde todos los resortes accionan para un pequeño grupo sin mayores aspiraciones que su propio bienestar y modesto (no por ello menos abundante) crecimiento interior. 
Como resultado, uno de los paises más vastos y promisorios en la tierra está relegado a penar crisis tras crisis cuando nuestra fraccionada élite compite por sus porciones sin levantar la vista al horizonte de promesas incumplidas. 
Ixx, jul2026


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Todos los países tienen y han tenido históricamente una clase o sector social preeminente que, ubicado en el estrato superior de la sociedad, impone al resto su forma de vida a través de lo que se conoce como «relaciones materiales de subsistencia».
A su vez, las naciones suelen tener un imaginario de progreso, subsistencia o expansión que les es propio y que es, sin duda, orientado por ese estrato superior a través de la comunicación de un ideario que impregna la justicia, la educación, la religión y hasta la propia organización productiva, y que, aunque no llega a imponerse por completo en algunas regiones, obra como condicionante sobre esas minorías.
El ideario argentino está fuertemente influenciado por sus orígenes formativos coloniales e inmigratorios a partir de finales del siglo XIX por su representatividad masiva. No obstante, quienes se encumbraron en las clases altas han mantenido la tradición como bastión referencial y, a medida que nuevas personas o sectores llegaron al poder, lo fueron reasumiendo mediante la compra de tierras. El oro en el país es el agro y su producción ha sido siempre el principal sostén de nuestra economía y el principal exportador. Otros rubros se han acercado al producto de la tierra, pero no han sido masivos ni tan permanentes, porque las fluctuaciones de los «mercados» les han afectado más que al agro, y este, por más de doscientos años, ha logrado atravesar indemne esos vaivenes.
Pero esa élite de la tierra ha basado su poder en el control casi permanente del Estado en sus principales poderes, lo cual ha servido para imponer condiciones, frenos e incluso inhibiciones a sectores que pudieran desestabilizarla. De esta manera, ha sobrevivido a corrientes industrialistas, populistas y anarquistas, y ha condicionado el accionar republicano, llegando a apoyar, cuando no a propiciar, alternativas totalitarias con frecuencia.
La élite ha sabido reacomodarse con los tiempos y aprovechar los sucesivos empréstitos, conformando alianzas con el sector de las finanzas y luego (aunque antes también) con total descaro, con intereses foráneos.
El resultado es una capa superior que controla al resto para su propio beneficio y permanencia, pero que no tiene aquella vocación de expansión o superación nacional, lo que finalmente resulta en un proyecto de país fallido donde todos los resortes accionan para un pequeño grupo sin mayores aspiraciones que su propio bienestar y un modesto (no por ello menos abundante) crecimiento interior.
Como resultado, uno de los países más vastos y promisorios de la Tierra está relegado a penar crisis tras crisis mientras nuestra fraccionada élite compite por sus porciones sin levantar la vista.



A continuación dos fragmentos de situación, uno sobre la historia no tan lejana de las élites argentinas y otro sobre una calificación internacional de las mismas en comparación con otros países en la cual se hace evidente la decadencia y orienta sobre sus posibles causas y efectos.
Ixx

Clases dominantes a comienzos de siglo xx.


En la generación anterior a 1914 todos los sectores de la estructura social de Buenos Aires se habían multiplicado por dos, como mínimo. Con ello se produjo un incremento de la complejidad y la diversidad. En el ápice de la sociedad había una élite compuesta por los grandes terratenientes y otros importantes propietarios, banqueros y hombres que controlaban el flujo principal de las inversiones y el comercio extranjeros. En 1914 este grupo había cambiado de modo considerable en comparación con 50 años antes. Ya no abarcaba sólo a unas pocas veintenas de familias criollas que en los casos más típicos eran descendientes directos de los comerciantes borbónicos españoles de finales del siglo xviii. Ahora consistía en un grupo más numeroso y muy heterogéneo al que se habían adherido representantes de todos los países del sur y el oeste de Europa. Por un lado, perduraban los ubicuos Anchorena, o los Guerrico, los Campos o los Casares, supervivientes de cuatro o cinco generaciones pasadas. Pero, por otro lado, los advenedizos eran mucho más numerosos. Entre los llegados más recientes de Italia había hombres como Antonio Devoto, quien dio su nombre a Villa Devoto, que no tardaría en convertirse en un famoso vecindario de clase media situado en el oeste de la Capital Federal. De un modo que ya era típico de la elite en conjunto, Devoto tenía múltiples intereses en tierras, la banca, el comercio, los contratos de obras públicas y la manufactura. Entre las tierras de su propiedad en 1910 había 80.000 hectáreas y siete estancias en la provincia de Buenos Aires, 26.000 en Santa Fe, repartidas en dos estancias, otras 75.000 en Córdoba, repartidas entre cuatro, y 30.000 en una sola estancia del más remoto territorio de La Pampa. También poseía extensas propiedades urbanas en el centro de Buenos Aires y era el fundador y presidente del Banco de Italia y Río de la Plata. Otros, como Luis Zuberbühler, suizo-argentino de segunda generación, tenían fortunas comparables distribuidas entre estancias ganaderas, compañías colonizadoras, empresas de silvicultura y manufacturas. De modo parecido, en 1914 Nicolás Mihanovich, que había llegado de Dalmacia unos 50 años antes, sin un céntimo, casi monopolizaba los vapores de cabotaje que iban de Buenos Aires a Asunción por el río Paraná o navegaban hacia el sur hasta los asentamientos atlánticos en la Patagonia. Los familiares y muchos de los hijos de la elite se hallaban dispersos entre profesiones tales como la abogacía, la milicia y la administración pública. Sus miembros se encontraban separados hasta cierto punto por afiliaciones políticas rivales y por redes familiares parecidas a los clanes. Pero normalmente estos factores se veían eclipsados por los lazos que formaban la propincuidad residencial y el saberse miembro de una misma clase, lazos que asociaciones como la Sociedad Rural o el Jockey Club se encargaban de fomentar. Gran parte de la clase alta vivía de un modo ostentoso que rivalizaba con el de sus equivalentes de Londres o Nueva York. La arquitectura y la magnificencia de sus mansiones evocaban París. Los interiores solían contener muebles y objetos de arte importados, del más regio estilo. Detrás había grandes patios ornamentales. Desde hacía pocos años, miembros de la elite eran ávidos consumidores de los más lujosos automóviles norteamericanos o europeos.

Los observadores de este destacado sector de la sociedad argentina generalmente reconocían que se diferenciaba del de otros países de América Latina en que poseía un sentido auténtico de identidad nacional. Georges Clemenceau había comentado: «Me parece que el verdadero argentino está convencido de que hay un mágico elixir de juventud que brota de su suelo y hace de él un hombre nuevo, que no desciende de ningún otro, pero que es antepasado de interminables generaciones venideras».² A otros, el feroz orgullo nacional que encontraban en Argentina les hacía pensar en el destino manifiesto de Estados Unidos. A veces, sin embargo, lo que pasaba por nacionalismo también se consideraba más afín al simple nativismo, típico de un grupo muy privilegiado que hacía frente a crecientes oleadas de inmigrantes. Si bien había quienes reconocían a la elite el mérito de haber sabido promover la alta cultura, sobre todo la gran ópera, otros observadores eran más severos y criticaban su visible obsesión por las carreras de caballos y otros juegos de azar y decían que era típica de una clase social cuya fortuna estaba edificada en gran parte sobre la especulación con las tierras. Los observadores más negativos también encontraban intensas evocaciones de la antigua España en la libertad de que gozaban muchos hombres contra el retiro forzoso del hogar y la familia. A veces las mujeres que también eran miembros de la elite se dedicaban a actividades fuera del hogar, especialmente en el campo de la beneficencia católica. Había también en Buenos Aires un pequeño movimiento feminista. Sin embargo, en unos momentos en que las campañas sufragistas en Inglaterra y los Estados Unidos alcanzaban su apogeo, los progresos de la mayoría de las mujeres argentinas resultaban poco impresionantes.
(David Clark en Historia de la Argentina, Cambridge University Press)



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Argentina en caída libre

Argentina descendió al puesto 104 de 151 países en el Índice de Calidad de Élites 2026, una clasificación que evalúa hasta qué punto los líderes económicos y políticos crean valor o extraen rentas. El informe, elaborado por la Universidad de St. Gallen y la Foundation for Value Creation, diagnostica un modelo de "estancamiento hegemónico" donde el poder político y económico existe pero no genera desarrollo.
El Elite Quality Index 2026, publicado por investigadores de la Universidad de St. Gallen, reveló que Argentina ocupa la posición 104 de 151 países en una evaluación que compara la calidad de las élites basada en su capacidad para crear valor económico frente a su propensión a extraer rentas.
El informe, que combina indicadores políticos, económicos e institucionales de 151 naciones, muestra que Argentina descendió significativamente respecto a años anteriores y es descrita como un caso de "estancamiento hegemónico": un sistema donde las élites coordinan poder, pero no lo convierten en desarrollo de largo plazo. El indicador muestra una caída muy fuerte: había estado en el puesto #70 en 2024 y #86 en 2025.
(El sistema es ) ...una estructura donde las grandes empresas operan en mercados protegidos con baja competencia real, aceptan impuestos indirectos altos, pero a cambio reciben estabilidad regulatoria y cercanía política. Ejemplos de esto aparecen en sectores como energía, telecomunicaciones y finanzas, donde la concentración económica funciona como mecanismo de estabilidad política.
Según el informe, Argentina desciende porque el patrón de coordinación entre élites se enfoca en preservar privilegios existentes sin expandir la base productiva. El poder político y económico existe, pero no se traduce en crecimiento, empleo o inversión. Es un sistema que logra coordinarse para mantener la estabilidad del status quo, pero no para generar valor compartido.
(PoliticaArgentina)

Posiciones de Argentina en el indicador Elite Quality
2024    #70
2025    #86
2026    #104



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