El caballo y el indio en el Río de la Plata
Aníbal Montes.
Interesa a la Etnografía y a la Historia aclarar este problema americano.
Mucho se ha escrito sobre el tema, sin llegar a una indiscutible conclusión.
La existencia de un notable documento en el Archivo Histórico de Córdoba que nos ilustra al respecto y muy especialmente en lo que se refiere a una remota fecha, me induce a publicarlo.
En el expediente 10 del legajo 2 de la Escribanía 1° vemos que, en el año 1584, o sea once años después de fundarse la Ciudad de Córdoba, falleció en su Estanzuela de Omara Sacate cerca del Rio 2°, el indio Gonzalo “natural de los Reynos de Chile” (Cuyo, actual provincia de San Luis y Mendoza).
Lógicamente producirá extrañeza la existencia de un indio libre y nada menos que estanciero, en la comarca de Córdoba y durante una época que corresponde efectivamente a la conquista.
La circunstancia de ser chileno (cuyano o puntano) le daba esta posibilidad, pues si hubiera sido indio “del Tucumán” necesariamente estaría incluido en alguna Encomienda y no sería indio libre. De acuerdo al Inventario de sus bienes, puede apreciarse que desde hacía algún tiempo el indio Gonzalo estaba allí afincado y en relacion comercial con Córdoba. Al tenerse en Córdoba noticia de su fallecimiento, el señor Joan de Molina Nabarrete “alcalde hordinario desta ciudad de Córdoba e sus términos e juridision e juez de bienes de difuntos por la presente yo vos mando a vos Luys de Abreu de Albornoz alguacil mayor desta dicha ciudad…” para que con el Escribano del Cabildo se trasladara a Omara Sacate “… y en virtud deste mi nombramiento hazer inventario de todos los bienes que dexo el dicho difunto por su fin y muerte…”.
Ya puede apreciarse por los nombres y cargos de los personajes que no existe posibilidad de error en la fecha de 1584. El Escribano que firma las actualizaciones de Joan Nieto.
A una legua de la ciudad “camino de Omara Sacate” encontró el Juez inventariador “una carreta con cierto hato del dicho difunto que parece lo llevaba a la dicha ciudad…” Lo cual significa que el indio Gonzalo falleció poco antes de llegar a destino, posiblemente de un sincope, pues no se habla de heridas ni enfermedad.
En la carreta llevaba, además de "un colchón, dos almohadas y dos frazadas, todo un equipaje de verdadero señor; un arcabuz con su llave y su caxa, una lanza de fresno con su hierro, una silla jineta con sus estriberas de hierro y garruzeles y cincha con su coraza de tigre. Un par de espuelas de picos de gurrion”.
Además, mucha ropa equipo de cocina y comedor, algunas herramientas y nada menos que una hamaca de algodón del Paraguay. Una caxa de poco más de una vara con su cerradura y llave, en la cual entre otros elementos se encontró “un conocimiento de Juan de Mitre de quarenta pesos por dos rosines que le vendió el dicho difunto”. De manera que nos encontramos aquí con una primera revelación; este indio chileno (de Cuyo) era proveedor de caballos a los fundadores de Córdoba.
Completando el “hato” venta de tiro en la carreta “una yegua nobera deste hierro A” (es una A mayúscula con una lazada a la derecha, lo que, parece indicar las letras Ab). Para aquellos que investigan sobre las primeras marcas de nuestro campo, aquí tienen una información interesante; En la Estanzuela tenía el indio Gonzalo “un potro castaño tresalbo con una estrella en la frente" y del hierro h (una letra h que lleva arriba un pequeño círculo). Y en el mismo corral “quatro yegua de vientre con tres crías”. Como puede apreciarse era bueno el castaño.
En la casa había ropas, herramientas, petacas, tipas pintadas xaquimas, cueros y dos telares; una “con una pierna de manta listada de negro”, la otra “con una pierna de manta parda de lana de la tierra” (vicuña), ambas en proceso de fabricación. Además, muchas ovejas, cabras y llamas.
El indio se permitía el lujo de tener como peón al mestizo Rodrigo Alonso, el cual informo que en la ciudad y en casa de Diego de Loria, tenía el chileno (cuyano o puntano) dos yuntas de bueyes, dos potros domados, algunos cestos con maíz y frisoles muchos vellones de lana, mazos de plumas de avestruz, herramientas y otra hamaca del Paraguay.
Con este novedoso y casi desconcertante documento estamos en presencia de verdaderas revelaciones sobre lo que eran estos indios y las excelentes relaciones que mantenían con los conquistadores españoles. Sobre este tema podríamos reproducir otros numerosos documentos probatorios. Aquí nos limitaremos al tema indicado en el título. Cuando en el año 1617 el teniente de gobernador de Córdoba, Don Jose de Fuensalida Meneses mando hacer la “visitas de indios” de su juridiscion se presentaron los indios de Alonso Díaz Caballero, “que son PAMPAS y reduzidos en este rrio tercero” (debía ser en la comarca de la actual ciudad Villa Maria).
Estos indios informaron al Visitador, que estaban muy contentos con su Encomendero y que estaban allí “reduzidos” desde hacía seis años y que allí los visito el Oydor Alfaro y agregaron; “que en este tiempo algunos dellos han salido algunas vezes a coxer yeguas cimarrones y potros para su Encomendero y ellos doman potros de los que coxen y su Encomendero les a repartido cordelliate y sayal y sombreros y camisetas y les haze buen tratamiento" – (Escr. 1° - Leg. 53 – Exp 2) – Quienes eran estos indios PAMPAS y desde cuando los tenía “reduzidos” el andariego Capitán Alonso Díaz Caballero (lo mataron años después los calchaquíes) lo podemos ver en el Exp. 5 – Leg. 24 – Escr. 1° - Aquí se trata de un pleito entablado ante la justicia de Córdoba, contra el mencionado Capitán en el año 1611, por doña Maria del Castillo, viuda de Alonso Palomino, vecino de la Ciudad de Buenos Aires por haberla despojado de estos indios. Dice Doña Maria en su escrito inicial, que en el año 1594 el Gobernador Don Fernando de Zarate encomendó a su marido el cacique Sacaldaván de nación Caguanen, con sus indios y pueblos, “en el rio Guranca hacia la sierra”.
Con anterioridad esta Encomienda de indios había sido de Alonso Despindola, otro vecino de Buenos Aires. En su acusación dice Doña Maria “que el dicho Alonso de Díaz Caballero con ánimo diabólico y como hombre poderoso… con gente armada que juntó entró en el término de la dicha ciudad de Buenos Aires y dio de sufrito en los dichos indios… haciendo grandes daños en hijos y mujeres… y todos los que pudo coxer con hijos y mujeres los saco de su asiento y natural despoxandome dellos y los truxo a los términos y juridicion desta ciudad de Córdoba…”.
En otros escritos de pleito les llaman a estos indios indistintamente: CAGUANEN, CAGUANEROS, o COLORIES. Todas las circunstancias e informaciones nos llevan a la conclusión de que, a estos indios PAMPAS, no les habían enseñado a cabalgar los españoles. De otros documentos se desprende que, en esta primera época, los conquistadores tenían especial cuidado de que “sus indios” no aprendieran a jinetear.
Y sin embargo vemos que los PAMPAS en el año 1617 ya eran eximios domadores de potros, pues se necesitaba ser tales, para dominar estos ariscos cimarrones en plena pampa. Nuevamente vemos aquí a los indios como proveedores de “potros domados” a los conquistadores españoles.
Queda pues siempre el interrogante: ¿desde cuándo el indio domesticó al caballo?
Con anterioridad al año 1584, un indio cuyano (Gonzalo) domaba potros y los vendía a los fundadores de Córdoba. Es un hecho verídico. Y no mucho después comprobamos que los pampas (HETS) dominaban los potros cimarrones a campo abierto. Sabemos de dónde venían las grandes tropillas de yeguarizos cimarrones de nuestra pampa: eran los descendientes de los que trajo Mendoza cuando fundó la primera Buenos Ayres. En medio siglo tuvieron tiempo bastante los fuertes, agiles y valientes pampas (querandies), para dominar los caballejos castellanos, pese al complejo estado de salvajismo que habían adquirido estos nobles brutos en el desierto, tan propicio para su multiplicación y su mantenimiento.
Córdoba – agosto 1953 – ingeniero Anibal Montes

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