Juan Díaz de Solís y Francisco del Puerto

Juan Díaz de Solís

Sin certeza de su fecha de nacimiento, se discute también si era sevillano o de origen portugués.
Tras servir como piloto en la Casa de Indias de Portugal, el 23 de marzo de 1508 fue nombrado Jefe Marítimo de la expedición española que, junto a Vicente Yáñez Pinzón, recorrió la costa de Honduras hacia el norte, donde exploraron la península de Yucatán. Regresó a España en agosto de 1509, sin encontrar el paso hacia las Indias Orientales.

Tras la muerte de Américo Vespucio en 1512, Solís es nombrado Piloto Mayor de la Casa de Contratación de Castilla.

En 1512 se planea una expedición para llegar al Oriente por el cabo de Buena Esperanza. Las protestas de Portugal hicieron suspender la empresa.

Entre 1513 y 1514 una nave portuguesa, al mando de Cristóbal de Haro y Nuño Manuel, llegó a las costas atlánticas de América recorriéndolas hasta la desembocadura del Paraná, volvió a Portugal con la convicción de haber descubierto un paso del Atlántico al Pacífico. Este hecho, más los mapas que circulaban como los de Schöner, indicando el paso, motivaron a los reyes de España a promover una expedición a las Molucas por el supuesto estrecho.

El 24 de noviembre de 1514, en Mansilla se firmó la Capitulación para que Solís recorriera las costas descubiertas por los portugueses y seguir hasta encontrar el paso que lo llevara hasta el Pacífico descubierto por Balboa. Luego navegar hacia el norte, para ir "a las espaldas de Castilla del Oro" y buscar el paso que más al norte se suponía comunicaba también los dos océanos. Un aspecto importante era el de relevar una cartografía costera que permitiera establecer acuerdos claros con la Corona portuguesa. La flota, que se componía de tres naves y llevaba víveres para dos años y medio, estaba a cargo de la Corona, aunque debía aparecer como si fuera montada por Solís, "porque el viaje [...] —decían las instrucciones— conviene que sea secreto por muchas causas".

Se estipulaba que de lo producido se harían tres partes, una para el Rey, una para Díaz de Solís y la otra para los tripulantes.

Despachados los navíos por la Casa de Contratación, partieron de Sanlúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515. El cabo San Agustín -al que ya había llegado Vicente Yáñez Pinzón en el año 1500- en Brasil era el punto de partida para la exploración, se debían registrar todos los accidentes costeros. En enero de 1516 alcanzaron la hoy conocida como isla de Lobos (Uruguay) llamándola "San Sebastián de Cádiz".

El 2 de febrero llegaron al emplazamiento actual de Punta del Este (Uruguay), bautizándolo como "Puerto de la Candelaria". Solís hizo acto de posesión plantando una cruz, tañendo las trompetas y realizando las demás solemnidades de fórmula, ya que podría tratarse del ansiado paso.

Para enterrar al despensero Martín García, Solís descendió con un pequeño contingente en una isla -a la que el difunto daría su nombre-; desde la ribera los indios hacían señales amistosas, se dirigieron hacia ellos y fueron atacados. Juan Díaz de Solís y sus compañeros fueron muertos y devorados a la vista de los españoles que se encontraban en las naves.

En el viaje de regreso de los sobrevivientes, una de las naves naufraga en el golfo de Santa Catalina (Brasil) donde quedan 18 marineros abandonados en la costa. Varios de ellos integrarían, como interpretes o guías las expediciones de Diego García y Sebastián Gaboto en 1526. Otros, como Alejo García en 1525, realizarían expediciones por su cuenta.

¿Se comieron los charrúas a Solís?

Por Martín A. Cagliani

Por todos es conocido el hecho de que a Solís, el descubridor del Río de la Plata, lo mataron y comieron los indios del Uruguay. Veamos como se llega a este hecho nefasto en el comienzo de la conquista española.

En 1513 se descubre la existencia de un mar detrás de las tierras descubiertas por Colón, que seria el océano Pacífico. Esto auguraba la posibilidad de llegar a la India a través de un paso. En busca de este destino salió el piloto mayor de España, Juan Díaz de Solís, desde Sevilla. El 8 de octubre de 1515 salen de Sanlúcar de Barrameda tres carabelas tripuladas por 60 hombres. Tras breve escala en la isla de Tenerife, Solís, con su pequeña armada, hizo rumbo a la costa del Brasil. Llegan a la altura del cabo San Roque, continua Solís hacia el sur siguiendo la costa brasileña. En los primeros días de febrero de 1516, la costa dobla hacia el oeste dando lugar a un inmenso estuario de unas aguas que cambian del verdoso al color rubio barroso, el piloto mayor ordena probar el liquido; tiene un sabor suave y azucarado, la extensión de aquella dulzura es enorme, esta condición le otorga el nombre de Mar Dulce; mas tarde cambiado por río de Solís, que no triunfa al imponerse el actual mítico nombre de este río de plata. Solís decide explorar aquel inmenso estuario. En una de las carabelas, comienza a costear la orilla uruguaya a lo largo de 150 km., llegando junto a una isla que se llamó Martín García, por haber sido enterrado en ella el despensero de la expedición que respondía a ese nombre.

Observan sobre la costa "muchas casas de indios y gente, que con mucha atención estaba mirando pasar el navío y con señas ofrecían lo que tenían poniéndolo en el suelo; quiso en todo caso ver qué gente era ésta y tomar algún hombre para traer a Castilla". Seducido por estas demostraciones de amistad, o quizás esperando conseguir víveres frescos y hacer algún comercio, Solís se embarca en un pequeño bote con el contador Alarcón, el factor Marquina y seis marineros mas que fueron hasta la próxima costa. Sabían que mas al norte en la costa atlántica los indios eran bondadosos y ofrecían a los navegantes frutas y otros géneros. Una vez en tierra, en la margen izquierda del arroyo de las Vacas, se adentraron un poco en ella alejándose de la orilla, los nativos estaban emboscados, esperándolos, como una avalancha de nieve cayeron sobre ellos y los apalearon y despedazaron hasta matarlos a todos, con la única excepción del joven grumete Francisco del Puerto, que se salvo y quedo viviendo cautivo con los indios. Según un moderno historiador fueron golpeados con boleadoras, y a sus golpes sucumbieron. La generalidad de los cronistas y otros testimonio de la época añaden que los indios descuartizaron los cadáveres de los españoles a la vista de los que habían quedado en la carabela, y que comieron sus pedazos. No faltan modernos historiadores que niegan el hecho, considerándolo como falso y como una de las muchas leyendas infundadas que hay en la conquista de América.

"... Juan Díaz de Solís quiso en todo caso ver qué gente era esta y tomar algún hombre para traer a Castilla. Salió a tierra con los que podían caber en la barca; los indios que tenían emboscados muchos flecheros, cuando vieron a los castellanos, algo desviados de la Mar, dieron en ellos y rodeando los mataron sin que aprovechase el socorro de la artillería de la carabela, y tomando a cuestas los muertos y apartándolos de la ribera hasta donde los del navío los podían ver, cortando las cabezas, brazos, y pies asaban los cuerpos enteros y se los comían." (Relación de Herrera)

Los indios que dieron muerte a Solís y sus hombres no se sabe si fueron guaraníes de las islas del delta o los charrúas de la costa uruguaya.

La hipótesis de que los asesinos del descubridor del plata fue muerto por los charrúas de Uruguay, ha quedado fuera del tintero ya que no habitaban la zona en la cual desembarco Solís. Los charrúas eran unos indígenas cazadores y recolectores nómadas, que vivían en las costas del Río de la Plata y del río Uruguay también practicaban la pesca para lo cual contaban con grandes canoas.

Los detalles de la muerte de Juan Díaz de Solís, de la manera en que fueron referidos, muestran un canibalismo diferente al practicado por los guaraníes, en el que están ausentes los elementos simbólicos de este, del mismo modo que su ceremonial preparatorio y su forma de ejecución. Esto indicaría que los autores habrían sido indígenas guaranizados, que no hubieran asimilado nada mas que algunos rasgos culturales sin aprender la significación global de una institución como el canibalismo de los guaraníes, que se distinguía precisamente por la forma rebuscada en que se cumplían las sucesivas acciones conducentes a sacrificar y comer a un prisionero de guerra. Siempre se aplicaban con el sentido de absorber las virtudes del inmolado, que siempre era un guerrero hecho prisionero en combate. Todo ese ceremonial era algo muy diferente a la manera repentina y precipitada con que (según las fuentes) procedieron los indios a matar y devorar en el sitio a los extraños que acababan de desembarcar. Tampoco hay ningún relato de otro acontecimiento similar que hubiera ocurrido en alguna parte del Río de la Plata, por lo que algunos historiadores, como se dijo mas arriba, han puesto en duda la veracidad de las narraciones consideradas clásicas. Pero el hecho de que dejaran con vida al joven grumete Francisco del Puerto, obedece a las costumbres de solo comer a los guerreros dejando fuera a niños y mujeres. El pobre grumete abandonado por sus compatriotas, estuvo conviviendo largos años con los indígenas, hasta que fue rescatado en 1527 por la expedición de Sebastián Gaboto. Francisco del Puerto les sirvió como interprete durante la expedición, hasta que este grumete considero que no era suficientemente recompensado y tramó una venganza. Durante una operación comercial con ciertos indígenas, en el río Pilcomayo, este organizo un ataque sorpresivo infligiendo muchas bajas sobre los españoles, nunca mas se supo del grumete Francisco del Puerto.

Los demás integrantes de la expedición de Solís, regresaron a España, menos 18 marineros que quedaron abandonados en la isla de Santa Catalina (Brasil) a la cual llegaron nadando tras haber naufragado una de las carabelas. Estos náufragos iban a ser muy importantes para la historia y conquista del Río de la Plata, ya que son ellos, rescatados por Gaboto, los que dan comienzo a la leyenda del rey Blanco que vivía en una Sierra de la Plata, como su nombre lo dice era toda de plata, que estaba en las inmediaciones del inmenso río de Solís el cual estaba bañado de plata. Esta leyenda es la que origino todas las expediciones al Río de la Plata, todas con el ideal de encontrar grandes cantidades de plata. La plata de que tanto se hablaba era la de los incas y del Potosí en Bolivia.

https://pueblosoriginarios.com/biografias/solis.html

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Francisco del Puerto 
Paco del Puerto Ilustrado por Enrique Breccia


Fue un grumete de la expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata. Su apellido parece provenir de su procedencia, El Puerto de Santa María.

Biografía
No se conocen datos sobre su vida en España. El 8 de octubre de 1515 se embarcó como grumete en la expedición mencionada, que partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda con tres navíos.

A principios de febrero de 1516 las naves entraron al Río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce que configura el estuario de los ríos Paraná y Uruguay, confundiéndolo con un brazo de mar por lo que fue llamado Mar Dulce.

Díaz de Solís exploró el estuario con una carabela chica en busca del paso hacia el mar del Sur, navegando frente al río de los Patos (posiblemente el río Santa Lucía) hasta hacer escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar al despensero de ese nombre, fallecido a bordo de la carabela.

Del Puerto desembarcó junto al capitán y otros seis tripulantes en la costa oriental del río (exactamente donde hoy es Nueva Palmira, Uruguay) donde habían avistado indígenas. Allí fueron emboscados por los nativos quienes, tras una andanada de flechas, asesinaron a los españoles ante la impotencia de sus compañeros embarcados, descuartizándolos y devorándolos luego. Solo Francisco del Puerto quedó con vida, quizás por su juventud ya que el canibalismo ritual imponía comer solo a los guerreros, dejando vivos a niños y mujeres.

... Juan Díaz de Solís quiso en todo caso ver qué gente era esta y tomar algún hombre para traer a Castilla. Salió a tierra con los que podían caber en la barca; los indios que tenían emboscados muchos flecheros, cuando vieron a los castellanos, algo desviados de la Mar, dieron en ellos y rodeando los mataron sin que aprovechase el socorro de la artillería de la carabela, y tomando a cuestas los muertos y apartándolos de la ribera hasta donde los del navío los podían ver, cortando las cabezas, brazos, y pies asaban los cuerpos enteros y se los comían.
Relación de Herrera
Más tarde se atribuyó esta acción a gentes de la etnia charrúa pero, dado que el canibalismo no figuraba entre sus costumbres, es posible que fuesen guaraníes (más específicamente chandules) que moraban en la costa occidental o navegaban por las islas cercanas.[1]​

También existe la teoría de un posible motín por parte de los marinos. Estos mataron a Solís y volvieron a España, contando una historia que culpaba a los indios. Esta teoría fue rechazada por el historiador Lincoln Maiztegui Casas porque ninguno de los marinos implicados cambío su versión de los hechos posteriormente, como solía suceder en estos casos.[2]​

Muerto Solís, asumió el mando su cuñado Francisco de Torres. Y las naves, sin intentar rescatar a Francisco del Puerto, regresaron inmediatamente al mar, para volver a España. En el viaje de retorno una de las carabelas naufragó frente a Santa Catalina quedando algunos marineros en la costa, entre ellos Melchor Ramírez y Enrique Montes.

El joven grumete fue bien tratado por los indígenas, incorporado a la parcialidad local y vivió con ellos más de diez años. En ese lapso tuvo contacto con la expedición portuguesa de Cristóvão Jacques.[3]​

En 1527, arribó al lugar la expedición española del veneciano Sebastián Caboto, y Francisco se unió a ellos y les contó acerca de las fabulosas riquezas de plata que podían encontrarse en una lejana serranía, ubicada aguas arriba del Paraná. Esta noticia, junto a las recibidas de Ramírez y Montes recogidos con anterioridad en Santa Catalina, movieron a Caboto a intentar la exploración de ese río.

Francisco del Puerto acompañó al veneciano como intérprete y estuvo con él en la fundación del fuerte Sancti Spiritus.

Según las crónicas, continuó su tarea como lenguaraz hasta llegar a la región del Pilcomayo donde colaboró con los indígenas en un ataque por sorpresa contra los españoles.[4]​

El autor brasileño Eduardo Bueno relata que la gente de Caboto remontó el Paraná hasta donde hoy está Posadas y allí fundaron el Fuerte Santa Ana que fue entregado por Francisco del Puerto a los guaraníes que lo tomaron y aniquilaron.[5]​ Dean Funes relata que Caboto remontó el Paraná hasta los rápidos de Yacireta. En ambos relatos figura que Caboto verificó que estaba yendo hacia el oriente y no hacía occidente donde estaban las sierras de plata por lo que volvió a la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay y remontó este último.

Su rastro se pierde, no existe documentación que lo vuelva a mencionar, ignorándose si regresó a España o si permaneció en América.

https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_del_Puerto


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