Cautiva de ficción Dorotea Bazán
Dorotea, la cautiva: india blanca por amor.
Después el viento del desierto,
repitió en tus caderas
las lunas que en dolor se hicieron fruta
hasta llegar a diez entre tus brazos,
y el día que te dieron a elegir
entre Cautiva o María Pilar de las Mercedes Cano
resbalaron tu silencio los hijos del cacique
y con una tremenda angustia en la mirada,
decidiste por la hondura salvaje de la Pampa.
Aquello era tu vida.
El toldo y el desierto ya estaban en tu sangre».
José Adolfo Gaillardou, «Cautiva»
En 1969 se editó en Argentina el disco «Mujeres Argentinas», una serie de poemas del historiador Félix Luna, musicalizados por Ariel Ramírez y cantados por Mercedes Sosa que hacían referencia a distintas mujeres de nuestra historia. Una de las canciones del disco era «Dorotea, la cautiva», la historia de Dorotea Bazán, una mujer cautiva en una tribu ranquel que, al ser rescatada por las tropas nacionales, se niega a volver a su tierra natal. En el desierto, Dorotea se enamoró de su cacique y tuvo hijos que no piensa abandonar. «Yo no soy huinca, india soy, por amor, Capitán» dice Dorotea en uno de los versos de la canción, que cuenta una historia real a medias.
Con la publicación en 1837 de «La Cautiva», el poema de Esteban Echeverría, se instalaron en la literatura argentina el desierto como escenario y las relaciones de frontera como tema. El término «desierto» proviene de los cronistas e historiadores que no reconocieron a los indios como pueblos originarios y dueños de unas tierras que ocupaban aún antes de la llegada de los españoles a América. En los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo, los indios fueron aliados de los patriotas en su lucha contra los españoles pero con la proliferación de los saladeros y la necesidad de tierras para pastura, los gobernantes de Buenos Aires empezaron a hostigar a los indios con la intención de ampliar la zona de producción agropecuaria.
La primera campaña al desierto la encararon en la década de 1820 el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Bernardino Rivadavia. Fue liderada por el Coronel Federico Rauch, un ex militar de Napoleón, cuya estrategia era atacar a los indios asesinando indiscriminadamente a hombres mujeres y niños. La campaña de Rauch logró ampliar el territorio controlado por los estancieros de 30 mil a 100 mil hectáreas.
Entre 1833 y 1834 hubo una segunda campaña, liderada por Juan Manuel de Rosas, que llegó hasta Carmen de Patagones y marchó hacía el oeste por las márgenes de los ríos Colorado y Negro. A diferencia de Rauch, Rosas no planificó una campaña sangrienta sino que enfrentó sólo a las tribus más violentas, como los Ranqueles, y selló pactos con otros pueblos, como los Pampas.
Después de la campaña de Rauch, los malones se hicieron más frecuentes y complicaron la vida en las zonas fronterizas. El malón era la táctica con la que los indios atacaban los pueblos y fuertes de la frontera. Consistía en la aparición rápida y sorpresiva de un grupo de hombres a caballo que atacaba un lugar y lo saqueaba llevándose provisiones, ganado y prisioneros. Estos prisioneros eran llevados a las tolderías y pasaban a formar parte de la categoría de «cautivos».
Una vez entre los indios, los cautivos hombres eran obligados a trabajar y muchas veces eran usados como intercambio en algún tratado de paz entre tribus o con los blancos. Las mujeres, en cambio, eran integradas como pareja de algún indio con el que muchas veces engendraba hijos y formaba una familia.
La historia de Dorotea Bazán es contada al pasar por Lucio V. Mansilla en su obra «Una excursión a los indios ranqueles», publicada en 1870. Mansilla viajó casi cuatrocientos kilómetros desde el fuerte Sarmiento de Río Cuarto hasta la laguna de Leuvuco, en el actual límite de las provincias de La Pampa y San Luis. Allí estaban las tolderías del cacique Panguitruz Guor, conocido como Mariano Rosas, a quien Mansilla intentaba convencer de firmar un tratado de paz con el gobierno nacional. El relato ofrece una imagen nueva sobre los indios, que, en general, eran considerados bárbaros. Hay detalladas descripciones sobre las costumbres y comportamientos de los ranqueles, como así de los cautivos que viven en las tolderías. Y allí aparece Dorotea, que en realidad no era Dorotea.
El nombre de la cautiva a la que Lucio V. Mansilla dedica parte de uno de los capítulos de su libro es Fermina Zárate, una mujer oriunda de la Villa de La Carlota, en Córdoba, que había sido tomada prisionera en su juventud. Fermina tenía tres hijos con el cacique Ramón, y el propio cacique ya le había permitido volver con los suyos con la condición de no llevarse a los hijos. Mansilla intentó convencerla de que abandone las tolderías y regrese con él y así lo describió en el libro:
«-Y por qué no se viene usted conmigo, señora? – le dije.
-Ah señor, -me contestó con amargura- ¿y qué voy a hacer yo entre los cristianos?
-Para reunirse con su familia. Yo la conozco. Está en La Carlota. Todos se acuerdan de usted con gran cariño y la lloran mucho.
-¿Y mis hijos, señor?
-Sus hijos…
-Ramón me deja salir a mí porque realmente no es mal hombre; a mí al menos me ha tratado bien, después que fui madre. Pero mis hijos, mis hijos no quiere que los lleve.
No me resolví a decirle: Déjelos, son el fruto de la violencia. ¡Eran sus hijos?
Ella prosiguió:
-Además, señor, ¿qué vida sería la mía entre los cristianos después de tantos años que falto de mi pueblo? Yo era joven y buena moza cuando me cautivaron. Y ahora ya ve, estoy vieja. Parezco cristiana porque Ramón me permite vestirme como ellas, pero vivo como india; y francamente, me parece que soy más india que cristiana, aunque creo en Dios, como que todos los días le encomiendo mis hijos y mi familia.
-¿A pesar de estar usted cautiva cree en Dios?
-¿Y él qué culpa tendrá de que me agarraran los indios? La culpa la tendrán los cristianos que no saben cuidar sus mujeres ni sus hijos.
No contesté…»
Algunos años después de la publicación de «Una excursión a los indios ranqueles», Julio Argentino Roca inició la Conquista del Desierto, una campaña que terminaría en el exterminio de miles de indios, otros tantos sumidos en la servidumbre y en la ocupación de miles de hectáreas por parte de las fuerzas de Buenos Aires. Todas esas tierras apropiadas a los indios pasaron a formar parte de las estancias de las familias relacionadas con el poder, que las recibieron como donaciones o las compraron a precios irrisorios.
Fermina Zárate no regresó junto a Lucio Mansilla y prefirió quedarse en las tolderías junto a su hombre, el cacique Ramón, y sus tres hijos. Algunos historiadores sostienen que regresó a La Carlota años después, cuando la derrota de los indios era un hecho juzgado. Justamente en la ciudad cordobesa de La Carlota existe en la actualidad una calle que se llama Fermina Zárate y una escultura emplazada en una esquina céntrica recuerda a la cautiva. En Fermina Zárate se inspiró Félix Luna para crear a Dorotea Bazán, una mujer blanca que se hizo india por amor.
Dorotea, la cautiva
Letra: Félix Luna – Música: Ariel Ramírez
Yo no soy huinca, capitán
hace tiempo lo fui
deje que vuelva para el sur
déjeme ir allí
Mi nombre casi lo olvidé
Dorotea Bazán
yo no soy huinca, india soy
por amor, capitán
Me falta el aire pampa y el olor
de los ranqueles campamentos
el cobre oscuro de la piel de mi señor
en ese imperio de gramilla, cuero y sol
Usted se asombra capitán
que me quiera volver
un alarido de malón
me reclama la piel
Yo me hice india y ahora estoy
más cautiva que ayer
quiero quedarme en el dolor
de mi gente ranquel
Quiero quedarme en el dolor
de mi gente ranquel.
FUENTES:
Mansilla, Lucio Victorio.; Una excursión a los indios ranqueles. Gradfico, 2006
Gaillardou, José Adolfo; Y serás la patria. Poemas del desierto. Edición de autor, 1986
Vázquez-Rial, Horacio; La formación del país de los argentinos. Javier Vergara Editor, 1999
Sosa, Norma; Mujeres indígenas de la Pampa y la Patagonia. Emecé, 2001
Pigna, Felipe; Los mitos de la historia argentina 2: De San Martín a «el granero del mundo». Planeta, 2005
Historias de cautivos en tiempos de lucha fronteriza. Por Carlos Mayo. Diario La Nación, 12 de junio de 1999
Http://www.puntal.com.ar/noticia.php?id=200721
Ilustración Principal: La vuelta del malón (Detalle), Óleo, Ángel del Valle

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