02 septiembre, 2014

Cuando la derecha no habla del pasado

"[...] todo acto de civilización posee en su origen un acto de barbarie fundadora, y [...] que todo acto fundador de derecho y preservación del mismo, solo se podía mantener con la fuerza, nosotros agregaríamos además de la fuerza coercitiva del Estado, la fuerza instituyente del olvido como política de la historia que recorre el entramado colectivo de una sociedad, donde se construye una identidad, que nos habla de nosotros, pero cuyas palabras tienen origen en la boca de los intereses de las clases minoritarias de nuestros países."


Fuente:
http://diegoburd.blogspot.com.ar/2014/08/cuando-la-derecha-no-habla-del-pasado.html

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas." (Rodolfo Walsh)



El entramado discursivo de los diferentes espacios que constituyen la derecha nacional poseen como una muletilla la idea de enfrentar el debate desde el tiempo presente y su proyección hacia el futuro, de esta manera intentan reducir su biografía constitutiva como una ausencia de las clases dominantes en la generación del proceso de desigualdad que nos arrastro, tomando la larga duración, desde 1955 hasta la actualidad, pensándose, imaginándose solo como parte de un proceso “consensualista”, ausente de violencias, conflictos, enmarcado en un largo presente que todo lo domina.

 Como Walter Benjamín afirmaba que todo acto de civilización posee en su origen un acto de barbarie fundadora, y en otro de sus textos, que todo acto fundador de derecho y preservación del mismo, solo se podía mantener con la fuerza, nosotros agregaríamos a demás de la fuerza coercitiva del Estado, la fuerza instituyente del olvido como política de la historia que recorre el entramado colectivo de una sociedad, donde se construye una identidad, que nos habla de nosotros, pero cuyas palabras tienen origen en la boca de los intereses de las clases minoritarias de nuestros países.

    El problema de pensar el pasado, mas si se trata de la construcción y la trasmisión del pasado reciente, es que ese acto de lectura sobre el mismo demostraría las relaciones existentes entre grupos de poder concentrado, aplicación de medidas económicas, participación y ganancias logradas en la última dictadura cívico-militar, complicidades en la devastación de la sociedad argentina durante el proceso democrático, sus golpes financieros, sus ajustes permanentes, las relaciones de construcción de concentración económica durante el gobierno menemista, sus resultados humanos…  de esta manera la historia reciente es la presencia de la constitución de la barbarie de los poderosos.

  Durante el periodo 1976-2003, el bloque hegemónico argentino, a través del control del lenguaje, de las palabras, constituyo una hegemonía consensual donde se ocultaba la presencia fantasmal de estos sectores en el condicionamiento del devenir de la democracia, con la institución de un amplio aparato comunicacional construyeron, lo que Ranciere denomina un orden policial, es decir, la capacidad de constituir un mundo de lo sensible, donde cada objeto, sujeto ocupa un lugar determinado, con una producción de legitimidades discursivas que se articulaban en un conjunto de reglas, sentidos establecidos por las clases dominantes para observar la realidad, en ese proceso de observación de la realidad, se dirigía la vista, pero también se ocultaba lo que no se tenía que ver, por lo cual eso no visto, no poseía nombre, ni denominación ni significado, en esas lecturas de la realidad, que construían ideología, ellas enseñaban a leer que solo existía un poder, el estado, pero no mostraba la existencia del poder económico como quien subordinaba a los diferentes gobiernos, en términos gramscianos, diríamos a través de esos mecanismos de lecturas de lo real se constituían como clase dominante y dirigente de la sociedad, a través del cual los intereses particulares se convirtieron en universales, adquiriendo en muchos casos y sectores sociales en el sentido común con el cual interpretaban lo real.

   La brecha abierta por la intervención kirchnerista, la construcción de una nueva arena de debate político, la vuelto de lo político, en clave de disputa de poder, permitió la emergencia de un amplio conjunto de nuevas voces que se interrogan y sospechan de las lecturas que las clases dominantes nacionales impusieron sobre nuestra sociedad, de esta manera, los mecanismos sobre los que se basaban las lecturas de lo real, entraron en tensión, en un desacuerdo fundante de lo democrático, lecturas que implican la necesaria pregunta sobre el pasado, sobre como determinados procesos devinieron, que clases sociales fueron las beneficiarias, interrogación que busca posibles respuestas.

   El intento del macrismo, de ciertos sectores del radicalismo, del establismenth financiero de ponerse del lado de los fondos buitres, es una manera de ofrecerse a un electorado los elementos ideológicos necesarios para constituir un ágora de debate sobre el proyecto de país, incorporando en su lenguaje las negaciones de un constitución de un relato único, aséptico sin conflictos del pasado, para decir, la política no es conflicto sino un mecanismo de consensos, en ese intento de silenciar la lectura del pasado, las clases dominantes argentinas están demostrando, en su forma burda, la incapacidad de continuar siendo clase dirigente, pero las luchas y movilizaciones del bloque nacional y popular, que construye una identidad política como continuidad de las voces y tradiciones derrotadas en las lejanías del tiempo, no solo constituyen su propia biografía sino también desnudan el pasado de aquellos que hoy solo piensan en el tiempo presente.


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