01 septiembre, 2016

Mario Bunge: “Los gobiernos de los Kirchner apoyaron decididamente a la ciencia”

Tras doctorarse en física y matemática en La Plata, fue profesor en la UBA hasta 1962, cuando emigró a Canadá. Allí enseñó filosofía en la McGill University de Montreal.
 Mario Bunge vino a Rosario para dar dos conferencias. Sigue firme en su lucha contra el pensamiento postmoderno.



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Domingo 28 de Septiembre de 2014

La estampa elegante de Mario Bunge es la misma de siempre. Recibe con amabilidad de gentleman al cronista en el lobby del hotel céntrico y mientras responde con precisión a cada pregunta desliza algunas definiciones políticas, aunque señala que no quiere entrar de lleno en ese terreno. “Los Kirchner apoyaron dedicidamente a la ciencia”, destaca, pero lamenta profundamente la caída de Argentina en el ranking del examen PISA de 2013. “Los docentes tienen que estar muy bien pagos y tener mucha calificación, deben hacer un año sabático para continuar su formación”, propone. “Hay que estudiar toda la vida”, sostendrá sobre el final de la entrevista, poco antes de irse a dar una conferencia, la segunda en Rosario en dos días. Bunge nació en 1919, hace ya 95 años. Vino a Rosario invitado por Defante, una empresa dedicada a la venta de equipos industriales.

    —En el país hay un aumento del gasto público en educación, al 6% del PBI, pero a la vez el último examen PISA da a la Argentina en el fondo de la tabla.

—Es que no basta con gastar plata. Hay que ver en qué se gasta. En los maestros hay que gastar mucho en entrenarlos y darles estímulos. Hay que darles un status social que perdieron hacia los años 40. Cuando era chico la maestra era uno de los pilares de la sociedad. Eran el comisario, el médico, el farmacéutico y la maestra. Ganaban bien, lo que les permitía comprarse un tapado de piel y alquilar un departamento. Y aunque estaba prohibido por el gobierno convivir o casarse, era sabido que casi todas convivían con alguien y que ese fulano no trabajaba, que vivía a costillas de la maestra. La maestra enseñaba un solo turno. El resto del día lo dedicaba a leer, a estudiar, asistían a la universidad incluso como alumnos regulares. He conocido muchos casos. En Santa Fe tuvieron a Olga Cossettini, que tuvo que luchar contra las autoridades nacionales que pretendían que todos enseñaran de la misma manera. Es una profesión que desgasta mucho. Las empresas de seguros cobran lo mismo a un piloto de aerolínea que a un maestro. Es una profesión con un estrés muy grande.

—Nuestro problema es que los adolescentes tiene dificultades muy graves de comprensión de textos. En el PISA se vio que no entienden lo que leen, literalmente.

—Hay que ver los textos, si estaban bien escritos y segundo, si los chicos estaban motivados. Porque a nosotros la mayor parte de los que nos enseñaban no nos interesaba. Nos hacían aprender los nombres de las carabelas de Colón, cosas que no pueden interesar a ningún chico inteligente. La educación argentina es libresca, y además no se les habla sobre la realidad actual, porque eso sería hacer política.

—A propósito de política, ¿qué juicio tiene sobre el gobierno kirchnerista?

—Prefiero no hablar de la realidad nacional, porque el peronismo que conocí –y sufrí– era muy diferente del de ahora. Los gobiernos de los Kirchner han apoyado decididamente a la ciencia. Es la primera vez en la historia argentina que los cientificos son apoyados. Pero no sé si la ciencia llega a la escuela. En los países avanzados, las escuelas tienen talleres ylaboratorios. Acá conocí una educación muy anticuada, medieval. Por eso no me extraña ese resultado (del PISA). Además, el posmodernismo ha hecho estragos en Argentina. Tiene mucho predicamento en pedagogía, donde dice incluso que no hay que enseñar, que hay que dejar que los chicos descubran el mundo por su cuenta. Algo completamente imposible. El posmodernismo en la UBA enseña solamente a charlatanes: Hegel, Nietzche, Heidegger, los existencialistas y los franceses contemporáneos, Derrida, Foucault, todos esos macaneadores. Se ha permitido esa pervesión, que no existe en otras partes del mundo, solo en París y Buenos Aires. Bueno, donde también se ha difundido mucho es en China, porque están desilusionados del marxismo y en lugar de corregirlo se han lanzado por este lado, creyendo que es lo más avanzado del momento.

—Usted viene de las ciencias duras. Parece que siguen siendo muy populares en los países avanzados.

—No, al contrario, eran populares en tiempos del Sputnik. Hace 50 años. Hay un índice objetivo muy revelador: el porcentaje de estudiantes que se inscriben en ciencias. Y ha ido disminuyendo en los últimos años; aunque aumenta el porcentaje de las chicas que se anotan en ciencias. Son mejores que los varones, se distraen menos, no les interesa el deporte. Además saben que en la vida tienen que luchar contra el sexismo, el machismo, así que se toman muy en serio su carrera. Mi hija es profesora titular de Psicología en Berkeley, con un laboratorio de 20 doctorandos. Y allá publican, acá no se exige a la gente que publique. Se puede ser profesor toda la vida sin haber publicado mucho más que algún artículo en una revista local.

—Bueno, pero en esta década aumentó la producción de trabajos científicos, al menos según la versión oficial.

—Pero la mayor parte de las patentes argentinas tienen poca importancia. Hay poca innovación.

—Nuestro útimo Nobel fue César Milstein, que como usted fue un exiliado.

—Debido a sus convicciones anarquistas no conseguía trabajo. y en Oxford tuvo grandes oportunidades y las aprovechó. Hizo escuela y soy amigo de uno de sus discípulos. Estamos muy lejos de la época de Bernardo Houssay. Cuando la dictadura del 43 le cerró su laboratorio, tenía 100 investigadores de tiempo completo y de primera línea. Era un gran organizador, además de ser un genio. En 1919 estuvo enfrentado a los estudiantes de la Reforma, que votaron en su contra en un concurso para la cátedra de Fisiología. La Reforma del 18 no fue científica ni académica, sino política. Les dio representación a los estudiantes, lo que está muy bien, pero el contenido, la calidad académica, no las pueden deternimar los estudiantes, no están preparados para eso.

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