01 septiembre, 2016

Sobre el psicoanalisis - Respuesta a Mario Bunge Por Germán García

Respuesta a Mario Bunge - Por Germán García
Es Conocida la postura del reconocido epistemologo argentino respecto del psicoanalisis. Si alguna duda quedase, pueden pasar por el post del usuario f1st4nd4nt1lus "Mario Bunge y el psicoanálisis - entrevista-". Sumando a la historia, tambien realizo este mes polemicas declaraciones sobre la psicologia general y las universidades argentinas(que tambien adjunto en este post).

Pensando que contestarle al Sr. Mario Bunge en un supuesto debate, encontre esta nota del prestigioso Psicoanalista Germán García, donde responde al epistemologo, ahora canadiense, y abre una brecha mas que interesante almomento de la reflexion. Este es pues un post a favor del psicoanalisis, de la mano de uno de sus exponentes mas importantes.-

http://www.taringa.net/posts/info/5287709/Respuesta-a-Mario-Bunge---Por-German-Garcia.html

A causa de Mario Bunge 

Por Germán García.

A partir de la comprobación de que la comunidad analítica argentina no tenía demasiado que responder frente a las opiniones de Mario Bunge descalificando el psicoanálisis, Germán García se sitúa desde un particular ángulo polémico para responder al epistemólogo viajero. Precediendo al artículo, el lector encontrará unas breves consideraciones sobre la presencia de García en estas páginas.

MARIO BUNGE, GERMAN GARCIA Y ESTA REVISTA

Mario Bunge, en su meteórico pasaje por estas playas, escandalizó a muchos y no dejó de divertir a nadie, sobre todo a quienes querían decir que el psicoanálisis es "charlatanería" y no sabían desde dónde decirlo. En nuestra opinión, lo de Bunge es un delirio muy bien humorado, con la veta irónica de los espíritus escépticos –que copia de Russell y de Popper–, y con una intención totalizadora que lo lleva a llamar "epistemología" a una suerte de nueva enciclopedia que abarca todas las ramas del saber que la fatigada humanidad ha inventado hasta ahora. "Mi concepción global abarca prácticamente toda la filosofía tradicional", dijo en una entrevista a Clarín, (noviembre, 1985).
No es una discusión interesante y, por lo menos tal como está formulada, no hay que perder mucho tiempo en ella. Bunge se cree muy ajeno a la complicidad con el atraso que denuncia en las ciencias argentinas –por pereza, por arrogancia, por fallas políticas o lo que sea– pero su modernidad ya ha sido dicha, y no por los analistas del lenguaje de los años 30, sino hace dos siglos por Diderot. En todo, José Ingenieros fue mejor. Por otra parte es cierto que ahora, como miembro del Partido Liberal Canadiense, Bunge tiene problemáticas tercermundistas, lo que lo conduce a la cuestión de las "tecnologías adecuadas" (La Razón, nov. 1985). Eso, paradójicamente lo diferencia "por izquierda" de las propuestas habituales que se escuchan en esa área, desde los equipos gubernamentales y desde muchos de la oposición.
En base a paradojas parecidas a ésa, es que Germán García encara la discusión. Porque aquí sí, a propósito del psicoanálisis, Bunge ha tocado uno de los nervios sensibles de la cultura urbana argentina.
En principio, dice Germán, interesa discutir por qué habiendo campos superpuestos entre la "ciencia de la ciencia " de Bunge y los presupuestos epistemológicos que habitualmente son respetados por el psicoanálisis –y en su artículo esos campos están claramente señalados–, Bunge embiste, en vez de concordar. Como se ve, el punto de partida del artículo que va a leerse, difiere bastante de la reacción que, se verificó entre los psicoanalistas argentinos agredidos ("Brujos", "charlatanes", "López Regas", etc.). No leer bien a Bunge, para Germán, es el reverso de leer mal a Lacan. De ahí que su artículo tiene la virtualidad de abrir un doble frente.
Pero no es nuestro propósito intervenir en el debate, aun por su arista más política, que sí nos compete. Queremos apenas con estas líneas llamar la atención sobre un hecho novedoso y extraño, en el mejor sentido de esas dos palabras. Germán García responde desde las páginas de una revista cuyos miembros han seguido "la cuestión Bunge" con atención, pero que notoriamente se dedican a otra cosa: al extravagante oficio de analizar y sufrir por las vicisitudes del peronismo y de la política nacional. Así lo quiso Germán y así nos pareció bien a nosotros. Entonces, un cruce de prácticas, formas de trabajo y tradiciones cognoscitivas bien diferentes de la Argentina, está teniendo lugar aquí. O más que diferentes, permítasenos decir, similares en su mutua ajenidad.
Por otra parte, Germán García ha intervenido, desde antiguo, en muchos campos de actividad. Novelista, sorprendió bien joven con su Nanina, casi a finales del 68. Después vino La Vía Regia, si mal no recordamos. La Revista Literal, que dirigió, es del 70, por ahí, y acompañó las grandes movilizaciones de la época. Era una capilla de iniciados que contenía, nada más ni nada menos, todos los anticipos y conmociones del momento. Como Oscar Masotta, –ya había pasado de la literatura y la crítica literaria, al psicoanálisis lacaniano. Antes, había escrito sobre Macedonio Fernández (La Escritura en objeto) y contribuido en gran medida para que las huestes del 73 volvieran a hablar de él.
Después viene la estadía larga en Barcelona, donde al igual que en Buenos Aires, contribuye a fundar la "Escuela Freudiana" del lugar. Ahora está de regreso. Le ha dicho a los catalanes que habían "leído mal a Lacan", como les dice a los lacanianos de aquí que "han leído mal a Bunge".
Germán insiste en que no hay que privilegiar la relación literatura–psicoanálisis. "Un error que Lacan nunca cometió" (El Periodista, Sept. 1985). Volvió a repetir eso en la fracasada mesa redonda con Sarduy (Municipal San Martín, dic. 1985). Es evidente que aquí quiere deshacerse de su "biografía literaria", para lo que precisa aumentar los niveles de "cientificidad" de la perspectiva lacaniana. Ergo, aumenta su tolerancia hacia Mario Bunge. Simultáneamente, abandona la zona incierta y desrigorizada en que se da la relación literatura–psicoanálisis.
Sería muy gracioso que fuéramos –nosotros– a internarnos en estos territorios. En todo caso, aprovechando una pequeña porción de esa gracia, quisimos apenas dar razón de la presencia de Germán L. García en esta revista, como desde una brecha por donde surge lo inesperado.
Tardé en responder –aunque se me ofreció entrar en el debate con Mario Bunge– porque no deseaba sumar mi voz al coro de quienes respondieron a su provocación. A causa de Mario Bunge más de uno pudo constatar que la comunidad analítica argentina no tenía demasiado que responder (Mario Bunge, por su lado, confirmó que no se lo leía). En efecto, no se lee a Mario Bunge y la comunidad analítica argentina no se plantea su causa, preocupada como está por sostener su economía.
Conjeturo que Mario Bunge quería hacerse escuchar. ¿Por quién? Eso es menos claro. ¿Contra quiénes? Eso puede ser más claro, al menos cuando tenemos en cuenta su manera de seriar la historia política y científica del país.
De cualquier manera, al compartir para el psicoanálisis posiciones y exigencias que Mario Bunge expone respecto a su proyecto de una ciencia de la ciencia dejó aclarado desde ahora que sus posiciones provocaron el deseo de explicitar algunas diferencias.
Agradezco, entonces, esa provocación que sacude la autoevidencia monótona de una letanía que en nombre de la enseñanza de Jacques Lacan está cerrando los espacios de investigación que esa enseñanza procuró abrir, por más que esa apertura llevara a descuidar las buenas formas y creara desconfianza entre los comisarios de lo que sea.
Imponer
Los capítulos que componen Epistemología de Mario Bunge (Ed. Ariel, Barcelona 1985, 268 págs.) están dedicados a diferentes nombres que se particularizan en el cargo y la universidad a la que pertenecen. "Para que haya desarrollo científico en un área dada no basta, pues, que aumente el número de publicaciones en dicha área, lo que puede conseguirse con relativa facilidad impulsando las investigaciones de rutina e incrementando el número de investigadores mediocres. Es preciso también que haya aumento de calidad: que algunas de las publicaciones constituyan auténticos aportes originales a conocimiento científico" (Mario Bunge: Epistemología, pág. 251, Ed. Ariel, Barcelona, 1985).
De acuerdo con lo afirmado por Mario Bunge no comprendo su argumento contra el psicoanálisis en este punto cuando afirma: "...la literatura psicoanalítica constituye solamente un 2% de la literatura psicológica mundial" (Tiempo, 6/1/86). ¿Qué es esto?
El psicoanálisis, al menos después de Jacques Lacan y para quienes siguen su enseñanza, parece ocupar un lugar que estorba la función que Mario Bunge quiere para la epistemología. "Participar en las discusiones sobre la naturaleza y el valor de la ciencia pura y aplicada, ayudando a aclarar las ideas al respecto e incluso a elaborar políticas culturales. Servir de modelo a otras ramas de la filosofía –en particular la ontología y la ética– que podrían beneficiarse de un contacto más estrecho con las técnicas formales y con las ciencias" (Epistemología, pág. 27).
Porque se trata, para Mario Bunge, de instalar la epistemología en los puntos de incertidumbre científica (lugar que, explícitamente, Jacques Lacan propone para el psicoanálisis) como lo prueba esta recomendación a una futura epistemóloga (la dama de la cortesía, dulzura de la aridez académica); "Escoja más bien una ciencia en desarrollo en vez de física o química), ...podrá usted llegar con relativa rapidez a la frontera y podrá abordar problemas científicos y epistemológicos tan apasionantes como descuidados" (Epistemología, pág. 260).
¿Contra quién habla Mario Bunge? Contra los charlatanes. ¿Para realizar qué proyecto? La instauración de la ciencia de la ciencia –así llama a la epistemología– en un nivel académico: "...es menester que el filósofo ponga mayor atención al quehacer científico y tecnológico y que se esmere por colaborar con los científicos, tecnólogos y administradores del desarrollo científico y tecnológico en el tratamiento de los problemas metodológicos, lógicos, semánticos, ontológicos, éticos y de otro tipo que surgen invariablemente en el curso de las investigaciones científicas o tecnológicas, así como en las aplicaciones de sus resultados y en la planeación y el desarrollo. Si lo hace, el filósofo podrá contribuir al desarrollo vigoroso y armonioso de la ciencia y la tecnología de su país. Más aún, podrá contribuir a recuperar la unidad de la cultura, perdida hace sólo dos siglos." (Epistemología, pág. 265).


Mario Bunge juega con las cartas sobre la mesa: para imponer la epistemología es necesario descartar el psicoanálisis.

Por ejemplo, en su libro Seudociencia e ideología (Alianza Editorial, Madrid, 1985).
1. "La ontología psicoanalítica incluye el dualismo psicofísico..."
Y un párrafo después "...más tarde (Freud) postuló entes espirituales sin contraparte corporal..." (pág. 92).
¿Existe el dualismo, la correspondencia, entre soma y psique? La pulsión, decía Freud, es el límite entre lo somático y lo psíquico, es cierto trabajo impuesto, es nuestra mitología. Sobre este punto ver Jacques Lacan "Subversión del sujeto" (Escritos, Ed. Siglo XXI).
2. "El psicoanálisis no contiene modelos matemáticos..." (Pág. 92).
Se ignora aquí lo que Jacques Lacan hizo con la matemática, que no es necesariamente cuantitativa (Levi–Strauss, "La matemática y las ciencias del hombre,", Ed. Nueva Visión, 1970).
3. "El psicoanálisis se jacta de ser una disciplina autónoma y, en particular, independiente de la neurociencia y de la psicología experimental" (Pág. 93).
Los analistas suelen ser psiquiatras, médicos, psicólogos experimentales. ¿Para qué, de qué manera existiría este saber en la práctica? El dispositivo analítico es cierto artificio que tiene sus reglas.
4. "Parte del éxito popular del psicoanálisis se debe a que Freud y sus discípulos tuvieron el coraje de abordar la problemática sexual" (Pág. 93). Pero la objeción de Mario Bunge es que luego se dedicaron a especular en vez de ocuparse de las leyes del aprendizaje, la percepción y la solución de problemas.
De nuevo, Mario Bunge ignora a Jacques Lacan que partió del "estadio del espejo", un fenómeno infantil observado en la década del cuarenta por la mejor psicología "experimental" (Henri Wallon, entre otros). Desconoce también lo realizado en el campo del psicoanálisis infantil (Freud mismo, "La investigación sexual infantil", etcétera).
5. "El psicoanálisis es un gran montón de conjeturas fantásticas, ninguna de las cuales ha sido confirmada..." (pág. 93). Sin comentario.
6. "Al psicoanálisis no se le debe una sola ley científica y ni una sola predicción certificada". La primera parte de la frase es falsa, la segunda impertinente. Falsa porque Jacques Lacan pudo mostrar –por supuesto, no lo sacó del cielo sino que se apoyó en la lingüística de R. Jakobson, el funcionamiento de las "leyes del significante" y su diferencia con la noción de causa (tema quizá grato a Mario Bunge, autor de Causalidad).
7. "El psicoanalista típico no hace experimentos ni construye, modelos matemáticos". Reitera un punto anterior que refutamos, además no hay "psicoanalista típico" (véase Jacques Lacan "Variantes de la cura–tipo" en Escritos) y existe una experiencia que no es del orden del experimento.
8. "El psicoanálisis ha cambiado desde la Primera Guerra Mundial: hoy hay más de doscientas escuelas de psicoterapia más o menos psicoanalíticas" (pág. 94). ¿Más o menos, más y menos, o más o menos? No es serio en esto, Mario Bunge.
9. "El psicoanálisis sigue siendo autosuficiente, e.d., aislado del sistema científico–tecnológico. Es un auténtico quiste en la cultura contemporánea".
En definitiva, el psicoanálisis no es una ciencia porque no practica la investigación experimental y el modelo matemático.
Decimos que existe una experiencia que no es un experimento, pero que tiene cierto artificio que se llama dispositivo analítico y que puede ser enseñado de uno a otro. Y que la matemática, también decimos, no se reduce a la cuantificación y que Jacques Lacan y sus discípulos –en particular Jacques–Alain Miller–, trabajaron sobre esto (Mario Bunge encontrará materia de asombro en la revista Ornicar, números 1/34, que Navarin edita en París).
De cualquier manera, no queremos defender al psicoanálisis como un conocimiento científico sino como un saber que implica el mismo sujeto que construyen las ciencias contemporáneas. Que un saber no sea científico no significa que no sepa y mucho menos que sea independiente de la ciencia (la economía es un buen ejemplo, pero también la historia y cualquier otro conjunto conjetural).
¿La mente inmaterial? Jacques Lacan conjetura que se trata de la materialidad del significante. Por último, Mario Bunge nos sorprende al decir "El estudio de lo fantasmal no puede dejar de ser él mismo fantasmagórico" (pág. 95). Enuncia aquí un tabú de contacto que podría extenderse hasta convertir a leprosos a los que estudian la lepra y en cancerosos a los que estudian el cáncer.

Politiquiar

Si –como afirma Bertrand Russell –el poder se define "como la producción de efectos deseados", Mario Bunge puede estar contento de su poder. Y lo está. En el libro que citamos dice que los psicoanalistas "se atreven a entremeterse en la vida privada de miles de infelices enfermos mentales" (pág. 94), también dice que se trata de un "negocio millonario" que ha provocado una "contrarrevolución devastadora", por lo que está en decadencia en "los centros científicos más avanzados" y que ya no se enseña en las "universidades más prestigiosas". ¿Son revolucionarias esas prestigiosas universidades celosas de los millones de aquéllos que encontraron su negocio en este bello mundo? Mario Bunge no las nombra, pero veremos que la suerte nos deparó una información directa que nos permite saber de cuáles se trata.
Son muchas, son mundiales. Paciencia, ya las citaremos. Mario Bunge después de provocar argumentó contra "cinco licenciados" a los que les recomienda la manera de "hacer un doctorado" (Tiempo, 6/1/86). En esta respuesta Mario Bunge se explaya sobre la historia y la investigación científica. Como hablamos de la segunda –ahora sabemos algo de por qué Mario Bunge sabe que el psicoanálisis no es una ciencia–, hablaremos un poco de la primera.
La historia del liberalismo político es la historia del progreso técnico y científico que, además, es maravilloso. Más, es luminoso. (¿De dónde era von Braun y varios de los que estuvieron en la pesada atómica?). "Reafirmo, pues, mi tesis de que la ideología dominante entre 1880 y 1930, cientificista y democrática, fue gradualmente reemplazada por una ideología oscurantista que sigue haciéndose notar en nuestros días" (Tiempo, ídem).
Mario Bunge, como tantos otros sabios argentinos se valen de la sugestión del momento político para dar una versión escolar de la historia de la transmisión de diversas corrientes científicas en la Argentina. El positivismo argentino creía en la ciencia y en la razón, pero también defendió el darwinismo social para justificar una política de exterminio con los indios (véase, para más detalle, Panorama filosófico argentino, Hugo E. Biagini, Eudeba, 1985).
Sé que existieron positivistas no darwinistas sociales, pero digo que también los hubo. Luego, Mario Bunge dice que ser cientificista es ser científico, lo que crea sin duda un nuevo estatuto para el flogisto.
Y hay más noticias científicas; "Pero todas las ciencias vivieron confinadas por una ideología oscurantista entre 1930 y 1955. En este año, al caer Perón, el talento científico argentino hizo eclosión, hasta que volvió a eclipsarse con el golpe militar de 1966, con excepción de los investigadores que trabajaban bajo el ala de los uniformados" (Tiempo, ídem).
En 1890 las luces se volvieron a soplar –esta vez no era la religión española, tampoco la barbarie de Rosas– sino que se trata de los ideales "materialistas" que vuelve ambiciosos a los jóvenes (La bolsa, Martell). Véase también: La ciencia en la argentina en los últimos cincuenta años, José Balbini, Revista Cursos y Conferencias, Vol. XLI, Bs. As., junio de 1952.
Se produce entonces una serie de desplazamientos –Ameghino quiere abandonar la dirección del Museo, un congreso científico no tiene fondos para publicar las actas, el físico–matemático Camilo Meyer ve vaciarse su aula– que llevan a la especialización (revista para ingenieros en 1897, revista técnica desde 1900 hasta 25 años después).
Otras fechas: 1918 (reforma universitaria), 1919 (se crea la Universidad del Litoral), 1921 (la de Tucumán), 1930 (el Colegio libre de estudios Superiores), 1933 (Asociación argentina para el progreso de la ciencia), 1939 (Universidad de Cuyo), 1938 (Academia Nacional de Historia), etcétera.
Estas fechas muestran que el corte entre política y ciencia no se verifica, por la simple razón de que se habla de un trabajo técnico y científico cuando éste alcanza una relativa independencia de los gobiernos, aunque una mayor inserción en la economía.
Bunge, como tantos otros, confunde simultaneidad con sincronía. Pero es evidente que dos hechos simultáneos –pasa un coche, escribo a máquina– no son sincrónicos si ninguno de ellos tiene alguna incidencia sobre el otro.
Por otra parte, no basta creer en la ciencia para estar en ella, como lo demuestra Vicente Fidel López cuando defiende el materialismo desde el prólogo que escribe a La neurosis de los hombres célebres (José M. Ramos Mejía, Ed. La cultura Argentina, 1915). ¿Qué leemos allí?: "Las doctrinas materiales no son pues otra cosa que doctrinas maternales, y difícil sería que desde este punto de vista, que es el único posible en que se puede tomar la controversia, pueda nadie justificar sus ataques contra la doctrina de las evoluciones en el seno de la madre universal: la materia".
Si bien esto, para un analista, arroja algunas luces no cabe duda de que es bastante oscurantista.
Jacques Lacan, el psicoanálisis y la ciencia
La Editorial Ariel acaba de publicar el libro Las ilusiones del psicoanálisis (Jacques van Rillaer). El autor habla de su desconversión, y, como cualquier arrepentido, cree haber pasado de la oscuridad a la luz, del error a la verdad.
Este libro, editado en la colección Methodos, que dirige Mario Bunge, tiene unas cuatrocientas páginas, que hablan de todo a partir de las "reglas de la cientificidad" (verificabilidad/falsabilidad, cuantificación, objetividad, etc.).
La figura del "científico" es candorosa: "El científico es un incrédulo. Sólo acepta, y cuando lo hace es a título provisional, aquello que ha sido sometido sistemáticamente a la prueba de los hechos" (pág. 43). ¿Podría el autor encontrar en la historia de la ciencia, incluso en la ciencia más actual, a este personaje? No, por supuesto. Y lo sabe. Pero qué más da.
A la dirección de Mario Bunge, la colección Methodos, de la Editorial Ariel, agrega un consejo asesor formado por sabios que pertenecen a la Sorbonne, la Harvard University, la Universidad de Minnesota, la Columbia University, la Universidad Nacional Autónoma de México, la de Salamanca, la de Firenze, la de Montreal, la de Helsinki. Es decir, el lector queda impresionado por la garanta académica que avala afirmaciones como la siguiente: "De modo que a Lacan, a ese genio de la mistificación, le sucede que juega con las cartas boca arriba. Pero hemos de lamentar que el maestro Jacques no llegue a enunciar la conclusión lógica de su juego, a saber: que aquellos que quieren aliviar realmente la miseria psicológica han de tener el valor de hacer borrón y cuenta nueva, abandonar la verborrea y dejar de lado una práctica semimágica que con frecuencia resulta ineficaz, y a veces francamente perjudicial..." (pág. 389).
No se trata de un lenguaje demasiado científico, pero para Mario Bunge –director de la colección– la astrología y el psicoanálisis fueron siempre lo mismo.
K. Popper decía que un problema surge de la decepción de una espera. Insistente, desde hace años, para Mario Bunge el psicoanálisis no presenta ningún problema, puesto que no espera nada de allí. Lo que el apadrinado dice sobre la "miseria psicológica" lo tiene sin cuidado, puesto que es de otra cosa de lo que se debe cuidar. A saber, del psicoanálisis mismo. No hay otra manera de explicar su desconocimiento de un campo de investigación que incluye desde la antropología de Levi–Strauss hasta la lingüística y la semántica más actual (Jean–Claude Milner, Oswald Ducrot, etc.).
La introducción del acto de enunciación en la consistencia de los enunciados, el corte que este mismo acto instituye, es algo que no puede seguir siendo excluido.
¿De qué manera la decepción de una espera que se llama problema se puede constituir en un objeto? El objeto del psicoanálisis, como el objeto de cualquier ciencia, se instituye por un corte. Y ese corte, como en cualquier ciencia, no está dado de una vez para siempre. Los científicos saben, aunque no se ocupen de eso, que el objeto de su trabajo tiene variaciones históricas contantes (nadie podría dejarse engañar por la permanencia semántica del término átomo, a la hora de constatar lo que designaba entre los presocráticos y lo que designa en la física moderna).
Así, Sigmund Freud fue transformando el objeto del psicoanálisis: secreto primero, jeroglífico después, existe un momento en que la transferencia será constituyente del psicoanálisis. Pero, además, la introducción de la segunda tópica –ello, superyó, yo– después de la repetición más allá del principio del placer, modificó retroactivamente lo afirmado hasta 1920.
Por su parte, Jacques Lacan comienza por esta segunda tópica de Sigmund Freud para articular después la primera tópica –inconsciente, preconsciente, consciente–, con lo que puede deducirse de los efectos del lenguaje sobre el sujeto del análisis.
No se trata de entender algo, sino de cierta demostración posibilitada por el dispositivo analítico. A saber, poder sugestivo del lenguaje, en tanto constituyente del deseo humano. Constatación de la articulación de la sexualidad con el saber –el saber inconsciente, lo que se articula– como diferente del conocimiento (sea éste científico o de cualquier tipo). ¿No fue Freud quien dio el paso de la verdad como designación (trauma) a la verdad como manifestación (fantasía)? En efecto, al mostrar que la fantasía era la causa de ciertos síntomas experimentados en el cuerpo del sujeto de una manera bien real, Freud abrió el espacio donde desarrollaría su método (asociación libre del analizante, atención flotante del analista, escansión del acto, interpretación, etc.). Ese método es transmisible, tanto como lo son sus fundamentos desde que Jacques Lacan les dio una formalización mínima.
¿Las ciencias remiten en última instancia a un campo unificado de la ciencia? Esta fue la postura de Quine, calificada por Jacques Lacan de idealistas en su seminario de 1964 (Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, traducción, Ed. Seix Barral, 1977).
El psicoanálisis no es una experiencia (mística), tampoco una hermenéutica (religiosa). Es un método que puede organizar una secuencia que –como lo mostró Jacques–Alain Miller– comienza por la transferencia, se articula con el síntoma y concluye en el fantasma que lo produce. Y ese fantasma responde a una pregunta, esa de la neurosis, ¿de qué real es el sujeto efecto? Este "trozo de real" existe, tanto como es real que existe el lenguaje y no sólo sus referentes. Pero, sin duda, el objeto del que se trata no es el lenguaje, sino el vacío abierto por su articulación. Que de ese vacío puede hacerse una topología es algo que Jacques Lacan ha demostrado de mil maneras diferentes.
Decir que el psicoanálisis es una ciencia de lo particular, en abierta oposición con la postura de Aristóteles, puede parecer un chiste. Y quizá lo sea. Lo que importa es discutir de qué manera el psicoanálisis registra los efectos particulares de la ciencia sobre el sujeto.


**

Notas: Post "Mario Bunge y el psicoanalisis - entrevista-" (http://www.taringa.net/posts/info/2426559/Mario-Bunge-y-el-psicoan%C3%A1lisis---entrevista-.html)

Fragmento de la entrevista

(...) “Hay que cerrar la facultad de psicología”

La lucha contra la pseudociencia es uno de los tópicos favoritos de Mario Bunge. En particular, uno de sus habituales blancos es la psicología, tal como se practica en el país. Por eso, se manifestó entusiasmado con emprendimientos científicos como los que encabeza Facundo Manes en el INECO, lugar donde se desarrolló la entrevista. “Esto me hace volver a creer en el país”, dijo al ver los papers en revistas internacionales que publicó el equipo de neurocientíficos.

—¿Qué propone para que haya una psicología científica en el país?

—Primero, hay que eliminar el principal obstáculo y cerrar la Facultad de Psicología. Porque si se piensa en una reforma habría que empezar por despedir a todos sus profesores. Digo cerrar porque el ambiente que deberían aguantar los nuevos sería imposible. Y cerrarla porque no cumple sus funciones, no enseña psicología. Luego, habría que invitar al país a psicólogos auténticos a enseñar durante meses y, al mismo tiempo, enviar becarios. Así, en veinte años habrá un núcleo con masa autentica para que haya investigación en el país.

—¿Cuáles son las consecuencias de la situación actual?

—Los individuos con trastornos mentales no son curados. En algunos casos, la depresión grave, si no se trata a tiempo y eficazmente con píldoras y terapia cognitiva, puede llevar al suicidio. Por otro lado, causa el

envenenamiento de toda la cultura; la vuelta al pensamiento mítico, a la manía de hacer afirmaciones incontrastables, al dogmatismo en una palabra. Creer algo sólo porque lo dijeron Freud, Melanie Klein o Jacques Lacan. (...)
Mario Bunge, Polemicas declaraciones diario Perfil 4 de Abril: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0458/articulo.php?art=20939&ed=0458

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Se produjo un error en este gadget.