22 febrero, 2015

Lo que pasó después de la lluvia

La Marcha del Silencio avivó el activismo opositor. Comodoro Py y su ofensiva política. Macri suma a Reutemann, el escenario nacional y el santafesino. La interna entre el líder del PRO y Massa, dos movidas de diversa intensidad. Los cálculos opositores y las presiones para la unidad. La lógica corporativa y la política, difíciles de compatibilizar.

  Por Mario Wainfeld

Serás lo que debas ser... El 18F se concibió como movida opositora y lo fue. El formato se eligió con astucia, el estandarte fue el fiscal Alberto Nisman. No está determinado si su muerte violenta y dudosa fue suicidio u homicidio. Las pruebas acumuladas tienden a convalidar la primera hipótesis aunque la instrucción va lenta y no concluyó. Una resolución en ese sentido hubiera vaciado de fundamento al 18F, que parte de (y necesita) otros presupuestos.


La jornada empezó y concluyó pacífica, a despecho de contados desbordes o ataques de sinceridad. Fue muy masiva.

Pecaron de falaces o cuanto menos descolocadas las disquisiciones que pretendían que el oficialismo se sumara a la manifestación. Figuras conocidas se hubieran expuesto a insultos o algo peor, su presencia hubiera alterado el tono sereno de la jornada. Un episodio previo, poco rememorado después, es lo que le sucedió a Alejandra Gils Carbó semanas atrás. La Procuración General emitió un correcto comunicado comunicando consternación por la muerte del fiscal y dando condolencias. Gils Carbó fue al velatorio y envió una corona. La vituperaron, algunos guapos de cartón amenazaron agredirla y la corona fue hecha trizas. Se condujo con corrección y respeto... no fue tratada en consonancia. La frondosa producción escrita y verbal “republicana” no computó el episodio y mucho menos señaló su inconveniencia.

Es cierto que el Gobierno, en general y el PJ debieron honrar más el duelo familiar. Pero el contexto no permite ser necio, el 18F fue lo que debía ser: monopolio y recurso de la oposición, en varias vertientes. Un conjunto en que conviven protagonistas políticos con poderes fácticos. Entre éstos, la horda de jueces y fiscales que buscaron blanquearse en un rapto de habilidad sorpresivo.

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Actuar en caliente. Un hecho político exitoso incita a sacar rédito. El ala conservadora del Poder Judicial y los partidos de la oposición se movieron con velocidad. Varias jugadas se produjeron de volea, actuando en caliente.

La población mayoritaria de Comodoro Py se leyó robustecida y hasta blindada, ergo se activó. Varias decisiones adversas al Gobierno se difundieron ya el 19F, mientras seguían las repercusiones de la marcha. La más importante no ocupó la primera plana de los diarios: se trata de la ratificación de una cautelar que suspende la adecuación del Grupo Clarín a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Otra Cámara federal, en este caso penal, ratificó el procesamiento al vicepresidente Amado Boudou en la causa Ciccone. El veredicto se sabía de antemano, también que la fecha de la sentencia estaba prefijada para más adelante. Pero los magistrados percibieron el momentum.

Hasta los formadores de opinión de los medios dominantes escribieron que la fecha fue elegida adrede, para generar otro hecho adverso al oficialismo, en plan de seguidilla. La carta de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de ayer (ver páginas 2 y 3 de esta edición) los llama “partido judicial”. No hay duda de que actúan como tal, desplegando una ofensiva que todo tiene de acción política.

Entre los presidenciables que alardearon del perfil bajo, dos movieron ficha: el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, y el diputado Sergio Massa. La potencia de sus anuncios luce, a primera vista, muy diferente. Hablamos ya de la política electoral, una de las variables en las que aspiró a influir el 18F.

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Lluvias y olvidos: Con contadas y honrosas excepciones, el atentado a la AMIA fue uno de los temas ausentes en la Marcha del 18F. Poco o nada se reclamó sobre el único encubrimiento comprobado, filmado y que está llegando a juicio oral. Ese punto descalifica a los fiscales convocantes Raúl Plée y Germán Moldes, que participaron en el desquicio. Sus cofrades y compañeros de ruta callaron.

Las organizaciones de familiares de víctimas los denunciaron. Su fundada y sentida ausencia vale como un clamor, escamoteado por la frondosa literatura “republicana”. Se aduce que el fiscal Alberto Nisman es la víctima 86 de la AMIA, pero medió desinterés por la parentela de los 85 que fueron masacrados.

No era ése, al fin, el motivo central, la sed, que congregó a los manifestantes. Nisman fue un común denominador, que sirvió para unir al archipiélago de votantes opositores.

Se exaltó que “la gente” saliera de su letargo, que ocupara la calle después de años de atonía. “La gente...” hummm. La parte reivindica ser el todo, un criterio chocante en democracia.

Además, la memoria es corta, de nuevo: la movilización fue un factor constante e intenso en los años del kirchnerismo (ver recuadro aparte).

La marcha “no politizada” dista de ser algo novedoso, aún para la autorreferencialidad opositora. En su imaginario, es el promisorio esbozo de una oposición política unida.

Lo que no se ha conseguido, ni en 2007 ni en 2011 es que “la oposición” superara la fragmentación electoral.

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Lole conducción: Tal como anticipó ayer Página/12, Macri divulgó a través de las redes sociales que “el Lole se suma y cada vez somos más”. El senador Carlos Reutemann fortifica al PRO en Santa Fe, donde cuenta con un taquillero candidato a gobernador, el diputado Miguel del Sel. Este estuvo a milímetros de ganarle al socialismo en 2011 y va por la revancha.

Según los baqueanos locales (y los consultores nacionales), Del Sel siempre atrajo votos del peronismo de derecha santafesino. Unos cuantos dirigentes reutemistas lo venían acompañando con mayor o menor visibilidad.

Desde 1991, cuando el entonces presidente Carlos Menem lo convenció de lanzarse a la actividad política, Reutemann es un referente provincial y un candidato convocante.

Las Primarias para la gobernación son en abril, las elecciones en junio, con régimen de vuelta única. El macrismo aspira a ir por una redoblona en ese mes, cuando también se elige jefe de Gobierno en la Ciudad Autónoma. No corresponde afirmar nada rotundo hasta que hablen las urnas, pero PRO es competitivo en Santa Fe y favorito en la Capital.

La jugada de Macri lo muestra vivaz. Incorpora a un peronista, cuyo pase “vale doble” porque podía haberle sido disputado por Massa.

El PRO se transversaliza un poco, no se conforma con ser la referencia no peronista, antiperonista o gorila, elija usted. No hay contradicción ideológica entre Lole y Mauricio pero sí procedencias diferentes.

Pocos días atrás se había anunciado la curiosa coalición con la diputada Elisa Carrió para competir en las Primarias Abiertas. La proclividad del radicalismo “oficial” a ir detrás del PRO, consolida un cuadro de avances de esta fuerza respecto del Frente Renovador (FR), su rival más fuerte en la interna de “la opo”.

Es la segunda vez que Macri elige un sábado para hacer un anuncio político en medio de la primacía del caso Nisman en la agenda pública. Estará en las tapas de los diarios de hoy, en mayor o menor nivel. Repite una táctica mediática, ocupa espacio.

Comparativamente, luce flojo el eventual aporte del senador Fernando Solanas al massismo. Criticarle inconsecuencia ideológica al FR es redundante u ocioso. El veletismo vedettista de Pino es más chocante, ya que contradice muchas virtudes de su trayectoria personal. Ni el pragmatismo lo ampara: posiblemente vaya a disputar la Jefatura de Gobierno porteña donde tiene toda la pinta de salir cuarto. Remarcamos por segunda y última vez que los vaticinios son mirando el mapa de hoy. Pueden fallar y el escenario puede cambiar.

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Cuentas claras o no tanto: La Presidenta arrasó a sus adversarios en las dos elecciones que la llevaron y la dejaron permanecer en la Casa Rosada. No es candidata ahora, la competencia de por sí es más pareja. El FpV imagina poder prevalecer en primera vuelta superando el cuarenta por ciento y que ningún contrincante llegue al treinta por ciento.

Hagamos cuentas rústicas, como abundan en las mesas de arena. Hablemos en porcentajes, que es más sencillo. Hay en disputa un ciento por ciento de votos. El FpV es el de caudal (en apariencia) más previsible: podría tasársele hoy día un piso de treinta por ciento y un techo de cuarenta. Queda para la opo dividirse entre un sesenta y un setenta. No todo será para los más convocantes.

La izquierda radical no aspira a ganar, pero sí a mejorar su buen desempeño de dos años atrás.

Si los radicales, como todo lo indica, van con el PRO (sumados en fórmula o participando en las Primarias Abiertas) es bien factible que haya alguna fórmula de los integrantes del FA-Unen que queden afuera.

Y está por verse qué hacen los hermanos Rodríguez Saá que en general optan por buscar su lugarcito bajo el sol en primera vuelta.

Ninguno de esos espacios es una topadora, pero entre todos algo juntarán, restándolo al FR y al PRO.

Si Massa y Macri contienden, uno debe sacar buena diferencia sobre el otro para superar el 30 por ciento y complicar un triunfo en primera vuelta del FpV. O sea, en cualquier caso al espacio opositor le conviene que haya polarización en primera vuelta. Es, ya que estamos, el cuadro que se dio en Brasil y en Uruguay.

He ahí el sentido de las presiones del establishment económico y del Grupo Clarín en especial para que sus paladines “se junten”. En ese afán cualquier bondi (o metrobús) los deja bien. Para los candidatos y sus partidos la cuestión tiene más aristas. La bandera es sencilla: desalojar al kirchnerismo. El intríngulis es cómo conjugar las aspiraciones de los integrantes de cada fuerza o sea cómo repartir los porotos.

Hay otro problema potencial en danza: no está escrito que la unidad de todos los partidos grandes garantizaría que sus votantes los acompañarían sin deserciones. Los habrá (puede haberlos) con remilgos para unirse a cualquiera, con pertenencias o historias que le hagan intragable una entente. El recuerdo de la Alianza puede gravitar en el imaginario ciudadano, en cierta medida.

Como fuera, crecerá la presión corporativa sobre Macri y Massa o para ir a las Primarias Abiertas “todos contra todos” o para que uno “se baje”. O, mucho más difícil de concretar, para una fórmula conjunta. La de Macri con el senador radical Ernesto Sanz es más viable, con las coordenadas de hoy.

Las encuestas son indigestas, de ordinario poco creíbles. Si se repasan las acciones y la sensación térmica parece que Macri le sacó ventaja a Massa desde octubre de 2013.

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La calle y los retos: Las interpretaciones “del palo” sobre la Marcha le atribuyeron una cantidad de virtudes. Ejemplar, fundacional, jamás vista. Son más expresivas del sentimiento opositor que precisas. Primó un esfuerzo de los manifestantes para autolimitar tópicos que le son caros: los acarreos de personas, el chori, los insultos. A alguno se le chispoteó pero se deseaba esa presentación, previniendo posibles críticas de sus adversarios. No está mal, en un sistema democrático.

La diputada Patricia Bullrich no pudo con su idiosincrasia. Al toque habló de “un golpe duro en el culo” del kirchnerismo. Su poética fue parecida aunque menos ingeniosa que las bromas motivadas por la medicación elegida por River para combatir los efectos de la altura.

La marcha cumplió su cometido aunque no dejó de ser un ejercicio para ciudadanos definidos de antemano. A la oposición le queda el reto de persuadir a los no convencidos. También le atañe al oficialismo.

La transigencia, la serenidad y hasta el mutismo pueden ser una carta de presentación atendible para sectores ciudadanos incómodos por la polarización o la crispación. Pero no es fácil hacer proselitismo sin palabras... menos cuando dirigentes como Bullrich se zarpan con velocidad.

La movilización es intensa en la Argentina y paga bien en términos políticos. La oposición lo paladea y mejora su posición relativa. Debería reparar en un mensaje a mediano plazo: es difícil mantener la gobernabilidad si no se satisfacen intereses populares masivos. La capacidad reactiva de la sociedad civil es alta. El kirchnerismo combinó gobernabilidad de largo plazo con participación intensa, a menudo en su contra. Sus adversarios deberían poner las barbas en remojo, si llegan a relevarlo.

Internalizarlo es un desafío para los dirigentes políticos, aunque es algo que no atribula a la furibunda oposición corporativa. Un enigma es si los candidatos más competitivos piensan en esos términos. Si no lo hicieran y llegaran a vencer, estarán en apuros.

El domingo próximo se abren las sesiones ordinarias del Congreso. Hablará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por última vez. Sus militantes y partidarios suelen acompañarla en la Plaza del Congreso. Ahora tienen motivos redoblados para repetir la costumbre.

mwainfeld@pagina12.com.ar

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