08 marzo, 2015

El desprecio como grieta (o la burguesía asalariada)

Si el sentido común, los valores morales de uso en un determinado lugar y en un tiempo son una construcción social en los tiempos que corren uno de los arquitectos principales son los medios de comunicación en cualquiera de sus formas. el resultado es una comunidad con principios fragmentados por franjas sociales no necesariamente de clase pero que tienen un fuerte condicionamiento ambiental. Así la población urbana se diferencia de la suburbana y de la rural pero también las comunidades urbanas son diferenciadas entre sí.
Las valoraciones como principio del prejuicio están a la vista y cada vez más en el discurso pretendido neutral o independiente de los comunicadores y se plasma en las manifestaciones públicas de los grupos visibilizados en los actos callejeros como así también en la vida privada reglada ahora por un presente que nos hace a todos partícipes de una presunta crisis que no es otra cosa que la puja por el reparto de la riqueza, siempre vigente aunque raramente explicitado para el común de la gente.


IXX-mar2015

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Nota publicada en http://leonardodocabo.blogspot.com.ar/

Hace algunos años leí “El salario del ideal” del francés Jean Claude Milner, en el que el autor explica y analiza un concepto, seguramente no inventado por él, que siempre me llamó la atención y me permitió entender varias cosas de los últimos tiempos en Argentina.

MAR7 (fuente)
EL CHORI, LA COCA Y LA BURGUESÍA ASALARIADA

“Burguesía asalariada” es el concepto en cuestión. Sin ir a las hojas escritas por Milner se puede decir, para sintetizar, que cuando la revolución industrial y la ciencia aplicada a la producción pusieron el poder de la burguesía (los dueños de los medios de producción) en peligro, por entre otras cosas, una simple cuestión cuantitativa, estos, los burgueses, decidieron ceder algo para mantener el poder. Así surge una clase media acomodada que tiene gustos, consumos e ideologías similares a los burgueses pero son trabajadores. No digo proletarios porque muchos se ofenderían. La estrategia se basaba en generar un sobre sueldo, un ingreso superior a la regla número 1 del capitalismo :lo mínimo indispensable para reproducir la fuerza de trabajo, es decir para comer y no desmayarse durante el yugo. Aunque no todo es dinero. En esta categoría Milner sumaba a los trabajadores de la educación, a los que no necesariamente se les pagaba un sobre sueldo (los salarios de los docentes parece que en todos lados tienen sus cuitas) sino que eran retribuidos con tiempo libre (jornadas laborales inferiores) . A algunos le sobraban pesos y le faltaba tiempo para gastarlo. A otros le sobraba tiempo pero no dinero para placeres. Ambos grupos, según el francés, se convertían en una burguesía rentada. Los pesos sobrantes se utilizaban en gastos de alta gama (casa, cenas, viajes, autos, lujos etc). Los minutos sobrantes se invertían en consumo cultural (discos, libros, visita a museos, etc).
Y así , “sin querer”, se generaba una clase que pensaba, consumía, opinaba y vivía parecido a la burguesía...y también votaba parecido. Claro.
Esta ideología era/es amplificada por los grandes megáfonos que son los medios masivos de comunicación, que, burgueses al fin, presentan ciertas visiones del mundo como verdades para tod@s.
Pensaba en esto el domingo cuando recorría la Plaza Congreso colmada de gente que había ido a escuchar el último discurso ante la Asamblea Legislativa de la presidenta Cristina Fernández y mientras recibía desde las redes sociales ese prejuicio de clase que vertían muchos que entrarían en la categoría descripta por Milner y otros a los que les encantaría ser parte.
Las proposiciones leídas o escuchadas son muy conocidas. De todas formas nunca esta de más recordarlas porque a veces se dicen sin razonar.

“Estos son todos militantes”
“A estos los traen en micro”
“Todos estos cobran un plan”
“Les toman lista por eso van”
“Les dan la vianda”
“Vienen por el chori y la coca”.

No es necesario analizar todas estas aseveraciones. Si usted alguna vez pronunció alguna de estas u otras similares, solo piense un poco y posiblemente llegue a la conclusión que hay muy poca coherencia en la mayoría de ellas y en general son prejuiciosas y hasta discriminatorias.
Lo que si es necesario es hacer algunas observaciones.
*No se puede aventurar cuando fue que la espontaneidad se convirtió en un valor por sobre la organización. Cualquier grupo de personas que están planeando una salida en conjunto se organizan. Quién pone el auto, o quién alquila la combi. Quién lleva el mate. Quién las facturas. Y así. Ahora si lo que hacen eso son seguidores del kirchnerismo que se organizan para llegar de, por ejemplo, Entre Ríos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esta planificación es ninguneada y decodificada como que los traen a la fuerza presionados por la zanahoria del plan, el chori o similares . Es entendible la exacerbación de la espontaneidad en la participación popular. Pero son pocas las veces en la historia que eso sucede. Y cuando sucede, si no se organizan en el corto plazo, su desvanecimiento es inevitable. Recuerde sino diciembre de 2001, para no ir tan lejos.
Las últimas movilizaciones que se calificaron de “espontaneas” por estas pampas, esas que reciben toda clase de elogios , fueron fogoneadas, públicamente y no tanto, por los grandes medios con lemas heterogéneos. Esa anarquía de lemas hace que algunos terminaron marchando, el ya famoso 18F , a la par de Cecilia Pando.
*El liberalismo de los 90 dejó como marca difícil de borrar un individualismo exacerbado que hace imposible a muchos entender que se pueda apoyar una causa sin alguna conveniencia, material claro. La convicción no entran en el repertorio. “Qué hizo por vos este gobierno” es la frase que utilizan quienes no moverían un dedo si no hay una posibilidad de beneficio aunque sea haya lejos en el tiempo.
*Los microclimas sociales en los que uno se desenvuelve hace que se termine aceptando como una verdad revelada que todos en ese microclima creen y piensan casi los mismo. Un microclima que se puede hacer añicos con una simple frase.
“Yo fui a la marcha”. Silencio atroz. Todas esas frases que se retroalimentaban y que sacaban a relucir ese prejuicio de clase reciben un golpe mortal. Un golpe inesperado. La confusión dura unos segundos solamente, pero la ruptura de lo esperado fue tan grande que parecen años de silencio. Y sale como con temor la frase que intenta “arreglar” la cosa.
“Obvio que no son todos, pero pensá, vos sos un tipo inteligente y bla, bla, bla”
Y ahí esta quizá la síntesis de todo.
Nosotros, dicen implícitamente, somos los inteligentes, los honestos, los ciudadanos, los bien pensantes, los trabajadores. La gente.
Ellos... bueno, ellos son los ingenuos (para ser generosos) los engañados, los manipulados, los usados.
Ellos, pobres , dice su razonamiento, son llevados a apoyar a un gobierno que desde que asumió no hace otra cosa que dividir al país. 

IXX-mar2015

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