24 mayo, 2015

Taalith (Isabelle Eberhardt)

Isabelle Eberhardt

"Elle se souvenait, comme d'un rêve très beau, de jours plus gais sur des coteaux riants que dorait le soleil, au pied des montagnes puissantes que des gorges profondes déchiraient, ouvraient sur la tiédeur bleue de l'horizon... Il y avait là-bas de grandes forêts de pins et de chênes-lièges, silencieuses et menaçantes, et des taillis touffus d'où montait une haleine chaude dans la transparence des automnes, dans l'ivresse brutale des printemps...

Il y avait des myrtes verts et des lauriers roses étoilés au bord des oueds paisibles, à travers les jardins de figuiers et les oliveraies grises... Les fougères diaphanes jetaient leur brume légère sur les coulées de sang des rochers éventrés, près des cascades de perles, et les torrents roulaient, joyeux au soleil, ou hurlaient dans l'effroi des nuits d'hiver.

Petite bergère libre et rieuse, elle avait joué là, dans le bain continuel de la belle lumière vivifiante, les membres robustes, presque nus, au soleil... Puis elle songeait avec un frisson retrouvé aux épousailles magnifiques, quand on l'avait donnée à Rezki, le beau chasseur qu'elle aimait."


Isabelle Eberhardt (Taalith, Pages d'Islam 1932)

http://eva.baila.over-blog.com/article-taalith-isabelle-eberhardt-122932776.html
http://fr.wikisource.org/wiki/Taalith


**
"Recordó, como en un hermoso sueño, días más felices sobre las laderas sonrientes que doraba el sol al pie de imponentes montañas que rompían en gargantas profundas, abriendo a la calidez azul del horizonte... Había grandes bosques de pinos y robles, silenciosos y amenazadores, y el matorral espeso del cual surgía un aliento cálido en la transparencia del otoño, en la embriaguez brutal de la primavera ...

Había arrayanes verdes y laureles rosa estrellados a los lados de ramblas tranquilas, a través de los jardines de higueras y olivos grises ...Diáfanos helechos lanzan su ligera niebla sobre caminos de sangre en rocas de lava cerca de las cascadas de perlas, y arroyos que corren, felices al sol o asustados del frío en las noches de invierno.

Pequeña pastora libre y alegre, ella había jugado ahí bajo el baño continuo de la hermosa luz vivificante, los miembros robustos, casi desnudos, al sol... Entonces con un estremecimiento recordó las magníficas nupcias, cuando se entregó a Rezki, el apuesto cazador que ella amaba ".

**
http://crecejoven.com/antropologia--isabelle-eberhardt
Isabelle Eberhardt:

Todo viaje, exterior o interior, es una exploración.



Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877 y encontró en su infancia el material más adecuado para la vida exótica que acabaría viviendo.


Culta, espiritual y rebelde por naturaleza, sintió la llamada de Oriente y se convirtió al islam; perteneció a una comunidad sufi y compaginaba sus tendencias místicas con la vida disoluta y voluptuosa de la ciudad de Argel. Finalmente, el escándalo llega a sus cotas más altas cuando decide irse a vivir con un oficial árabe a un poblado de Ain-Sefra, donde encuentra tiempo para escribir entre crisis de malaria y paludismo, y donde acabó muriendo ahogada tras una riada que inundó el poblado, cuando sólo contaba 27 años.


Un coetáneo francés, el mariscal Lyautey, la retrataba de esta manera:

"Ella era lo que más me atrae del mundo: una rebelde. Qué regalo, encontrar a alguien que sea realmente ella misma, que no tenga ningún prejuicio, que no haga ninguna concesión, que no responda a ningún cliché, y que pase a través de la vida tan liberada de todo como el pájaro en el espacio".


Una educación poco común.

Su madre, Madame de Moerder, era una aristócrata rusa que había estado casada con un general, a quien abandonó para instalarse en Suiza con su amante, Alexander Trophimowsky, y sus tres hijos.

Se dice que tanto Isabelle (que tomó el apellido de soltera de su madre) como su hermano mayor, Augustin, eran hijos de Alexander.

Alexander Trophimowsky, por su parte, era un intelectual que había sido sacerdote de la iglesia ortodoxa armenia, pero había abandonado su misión tras convertirse en un ateo anarquista de tintes nihilistas. Junto a su fe, también había dejado atrás a una esposa y sus hijos, para irse a vivir con Natalie Eberhardt, quien siguió siendo conocida como Madame de Moerder.

Este extravagante personaje, apodado Vava, se niega a llevar a sus hijos al colegio, y él mismo se hace cargo de su educación, enseñándoles filosofía, historia, geografía, química y medicina, sin olvidar las lenguas: griego, latín, turco, árabe, alemán, italiano y, muy especialmente, ruso.

De espíritu curioso y artístico, Isabelle encuentra tiempo libre para dibujar, pintar y escribir novelas.

Isabelle heredó de su padre una educación ecléctica y de su madre su pasión por el Islam y el mundo árabe.



Vivir como un hombre para ser más libre.

Ya de niña, Isabelle rechaza las prendas femeninas, que encuentra poco prácticas, y se viste como un chico. Pero no renuncia sólo al corsé de las ropas femeninas, sino a la misma identidad femenina de su tiempo, que le dificulta enormemente desarrollarse como un ser humano. En sus escritos, utiliza seudónimos masculinos, a veces rusos (como Nicolás Podolinski) y a veces árabes (Mahmoud Saasi). Ya desde pequeña Isabelle estudiaba el Corán en su versión original y escribía árabe clásico de una manera fluida.


"Nómada fui cuando de pequeña soñaba contemplando las carreteras; nómada seguiré siendo toda mi vida, enamorada de los cambiantes horizontes, de las lejanías aún inexploradas, porque todo viaje, incluso en las regiones más frecuentadas y más conocidas, es una exploración", escribiría más tarde Isabelle.


Cuando Isabelle tenía 20 años realiza su primera visita al Magreb, donde ya mantenía numerosos amigos epistolares, además de su hermano Augustin, que había sido trasladado al norte de África con la Legión Extranjera. En aquella visita a Argelia la acompaña su madre, instalándose en la ciudad de Bone, inicialmente en el barrio europeo, donde no durarían mucho para pasar pronto a vivir a una sencilla casa de adobe en el mismo corazón de la ciudad árabe. Al mismo tiempo, madre e hija se convierten al Islam.


Desde el primer momento, Isabelle hace de Argelia su hogar y se siente como una más, o más exactamente uno más entre la población árabe. Su madre ha adoptado el nombre de Fatma Manubia, pero Isabelle ya utiliza su apodo masculino de Mahmoud Saadi y frecuenta los ambientes universitarios. Viste chilaba blanca, fuma kif y habla árabe sin que la delate el acento extranjero.

Esta época, que Isabelle recordaría más tarde como una de las más felices de su vida, sin duda la más feliz hasta entonces, ve su fin con la muerte de su madre, enferma de corazón.


La búsqueda de Dios en el placer y el dolor.

Sola por primera vez, Isabelle viaja a Argel. Ya forma parte de su aspecto habitual el ir vestida como un chico; pero no sólo existe ambigüedad en su aspecto, sino en su personalidad y en su propia vida. Isabelle ya siente profundamente dentro de ella la llamada espiritual, acude a orar a las mezquitas como un hombre más y es una ferviente practicante. "Luego venía la extraña "segunda vida" -explica en sus diarios-, la vida de la voluptuosidad, del amor. La embriaguez terrible y violenta de los sentidos, intensa y delirante, contrastando singularmente con mi existencia cotidiana, calmada y reflexiva".

Ya entonces reconoce tener "muchos amigos que me han iniciado en los misterios de la Argel voluptuosa y criminal". Allí frecuenta los bajos fondos de la ciudad y, más tarde, en Túnez, continúa la misma dinámica: frecuenta los burdeles, prostitutas y expresidiarios, por una parte, y por otra se reúne con los intelectuales en los cafés para discutir del Corán y fumar kif, sin olvidar el tiempo para la meditación, los rezos y sus aficiones culturales, pintar y escribir.


Era como si se tratara de la búsqueda de Dios en el placer y el dolor; la búsqueda de Dios en todas las vidas que habitan esta vida. Cuanto mayor la profundidad, más cerca y más estrecha la conexión con la divinidad que reside en una misma.


A caballo hacia la libertad.

De Túnez viaja al Sahara, se compra un caballo y recorre el desierto como un  joven y fervoroso tunecino en pos de una personalísima búsqueda espiritual. A partir de ahora el caballo será su mejor amigo, su eterno compañero de viaje.

"Sólo deseo tener un buen caballo -escribiría por aquella época-, compañero mudo y fiel de una vida soñadora y solitaria, algunos servidores casi tan humildes como mi montura, y vivir en paz, lo más lejos posible de la agitación -en mi humilde opinión, estéril- del mundo civilizado, en el que me siento de más".


Es en esta exploración del desierto, de la soledad y de sí misma, como descubre El Oued, un oasis en medio de un paisaje de dunas y valles que ya la ha conquistado para siempre.

"Desde la cima de esta duna se descubre todo el valle de El Oued, sobre el cual parecen cerrarse las olas somnolientas del gran océano de arena gris. Todas las ciudades de los países de arena, construidas con yeso ligero, tienen un aspecto salvaje, deteriorado y ruinoso".


Tras alguna rápida escapada a Suiza a ver a su hermano, Isabel vuelve al desierto, donde cabalga durante horas sumándose a las tribus nómadas que encuentra a su paso para alguna comida o descanso circunstancial, cuando no se añade a sus largos desplazamientos y comparte sus tiendas. El poco dinero de que dispone procede de sus artículos publicados en la prensa occidental.

Su forma de vida se ha ganado el desprecio de la comunidad occidental, y sin embargo, se ha convertido en una consejera valiosa para la Administración francesa, debido a su profundo conocimiento del mundo árabe. Se cuenta que pudo colaborar como agente de información con el mariscal Lyautey, con quien coincidía en la necesidad de hacer uso de métodos pacíficos, en la entonces imparable colonización del Magreb.

Un amigo europeo la definía así: "Esta mujer bebía más que un legionario; fumaba como un adicto y hacía el amor sólo por el gusto de hacer el amor".

Aceptada como un hombre por los árabes, sólo la delataba como una mujer el incontable número de amantes masculinos que desfilaban por su vida.


Sus supuestas contradicciones religiosas (como el hecho de beber alcohol y profesar una religión que lo prohibe) no fue obstáculo para que la admitieran en una comunidad sufi conocida como los Quadirya, donde el potencial místico y la habilidad para conectar directamente con lo divino justifican largamente cualquier transgresión de las leyes humanas o divinas. Si bien su voluptuoso modo de vida podía incluso ser pasado por alto en este tipo de cofradías cerradas y secretas, el mayor hándicap fue ser aceptada siendo una mujer, y además europea.

Se dice que el gran maestro de esta comunidad formó parte también de la lista de sus compañeros erótico/místicos.


Un hombre muy especial para una mujer única.

Pero su gran amor fue sin duda Slimene, un joven oficial árabe con quien se casó a los 24 años. Esto sólo fue posible porque el propio Slimene Ehnni debía ser un hombre singular y un árabe muy especial, que supo aceptar las aventuras amorosas de Isabelle, sus crisis alcohólicas y sus frecuentes retiros místicos en la soledad del desierto. Y a todo ello se sumó, más tarde, enfermedades como la malaria y el paludismo, que la llevaron a ser ingresada más de una vez en un humilde hospital de una pequeña ciudad en la frontera con el Sáhara.

En medio de la enfermedad y lo que podría suponerse la soledad de una occidental entre gente extraña, en momentos en que detectaba a su lado la sombra de la muerte, Isabelle escribía: "No, ciertamente nunca ningún otro lugar de la tierra me ha embrujado y encantado como las soledades movedizas del gran océano desecado".


Sin embargo, no sería la enfermedad ni el alcohol lo que acabaría con su vida. Su cuerpo fue encontrado enterrado en el barro en su casa de Ain-Sefra, donde murió ahogada víctima de una riada que inundó el pequeño grupo de casas. Corría el año 1904. Isabelle sólo tenía 27 años.

Junto a ella, sus manuscritos fueron hallados dispersos y semiderruidos, atrapados por el lodo.

Fue enterrada según el rito musulmán, cubierta con una sábana blanca y mirando hacia la Meca.

Frases a destacar:

"Todo viaje, incluso en las regiones más frecuentadas y más conocidas, es una exploración".

"Cuando más lejos dejo el pasado más cerca estoy de forjar mi propio carácter".

Bibliografía:

"Infernalia" (Su primera novela corta, que manifiesta la personalidad atormentada y morbosa de la autora cuando aún no contaba 20 años). 
"La nómada: Los diarios de Isabelle Eberhardt". 
"Prisionera de las dunas". 
"En el país de los sables". 
"En la sombra del Islam". 


**

ANDRÓGINOS. Isabelle Eberhardt / Mahmud Saadi: El ardiente encanto de la ambigüedad
http://pajarorojo.com.ar/?p=16376

Juan José Salinas23/05/2015Historia, Libros, LiteraturaIsabelle Eberhardt, Libros, Literatura, Magreb

“Era una especie de Lawrence de Arabia femenino, no colonialista y todavía más maricón”, me dijo un lesbiano., “Aquel era un Islam tolerante y hasta lúbrico y festivo, como el de algunos sufíes”, me dijo un colifa seguidor del Califa ad honorem. “Siempre me gustaron las chicas con bozo”, me dijo un erecto erotómano empedernido. “Por fin Forn tiene competencia”, me dijo, exultante, un crítico cachondo. “¿Este es el mismo Boot que escrbía ‘Vidas Ejemplares’ de santurrones/as? ¡Que calladito se lo tenía!” me escribió Vilma, la vampiresa del pop corn (o era porn cop, esa con polis de uniforme) desde el Paralelo barcelonés. Yo, como editor, estoy cada vez más desconcertado: ¿A dónde conducirá la acción deleterea de Boot? Lo que mata no es la humedad, sino la curiosidad: Me pregunto como evitaba los embarazos Isabel… y solo se me ocurre una respuesta… que vuelve circular esta apostilla, devolviéndome a las épocas de “El Libertino”. JS

El detalle oligofrénico

Sueños de arena


Isabelle IV

BootPOR TEODORO BOOT / PÁJARO ROJO

Durante cinco años, entre 1899 y 1904, a Isabelle Eberhardt se le dio por recorrer el Magreb a caballo, vestida de tuareg. El disfraz incluía nombre y apellido: Mahmud Saadi. Más la costumbre de emborracharse, fumar kif y frecuentar los prostíbulos, se dice que no para yacer con mujeres sino para observar a los hombres. Y algo de eso hubo, ya que sus amantes fueron muy numerosos, de todas las razas y creencias: católicos, protestantes, judíos, musulmanes, europeos, árabes, armenios y turcos pasaron por su cama, o su saco de dormir o lo que sea donde se le ocurriera acostarse.

Vagabundo. Cabe pensar que para sus amoríos adoptaría la identidad de Nadia, o de Mariam, o simplemente se conformaría con ser Isabelle, pero nada es seguro: esta extraña mujer seducía completamente a esos extraños hombres que caían rendidos ante su apariencia andrógina. Era, ciertamente, casi un auténtico muchacho, esbelto, de elevada estatura, aires y maneras viriles, manos largas y finas, rostro de pómulos altos, cutis claro y una mirada inquietante.

Había nacido en 1877, en Ginebra, hija de las relaciones extramatrimoniales de una aristócrata alemana con un sacerdote de la iglesia ortodoxa armenia, nihilista, libertario y estrecho amigo de Mikhail Bakunin. Isabelle1

Sus primeros años transcurrieron en un mundo cerrado, marginal, diferente al habitual, donde fue incubando una mórbida pasión romántica por su hermano Agustín. El aislamiento, sumado a su desorden afectivo y sentimental, amenazaba con hacerla estallar. El mundo exterior y particularmente el árabe, la atraía apasionadamente. Así, mientras comenzaba a interesarse en el Islam, trabó una intensa relación epistolar con varios intelectuales árabes, en particular con Abou Nadara, director de una revista parisina, para quien ella era Nicolai Padolonski.

Su gran proyecto: una novela autobiográfica que, ya antes de empezar, tenía nombre: Trimardeur (Vagabundo).

Para abrazar al Profeta. El vagabundeo comenzaría pronto, cuando junto a su madre abandonaran el hogar para instalarse en Bone, al noreste de Argelia. Es entonces que empieza a utilizar otros nombres, costumbre que iba mucho más allá de la adopción de “seudónimos literarios”, pues se conjugaba con su gusto por las ropas masculinas. De igual manera, se hizo habitual en Isabelle el uso del masculino para referirse a sí misma, o mismo.

También su relación con el Islam fue notable, y no bien llegadas a Bone, madre e hija abrazaron la fe del Profeta.

De alguna manera, el desierto exacerbó las contradicciones de su vida y, adoptada ya casi definitivamente una personalidad masculina, trató sin mucho éxito,de procurarse ingresos como corresponsal de algún periódico. La pronta muerte de su madre, junto a la noticia del suicidio de su hermano Vladimir, la sumieron en una profunda depresión, impulsándola a un escape hacia delante: Argel.

Isabelle IISerá en Argel donde más se esfuerce por captar el alma de la cultura árabe, confundiéndose, enmascarándose entre las personas y las cosas. Y lo hace como todo en la vida, tan literal e intensamente comoe es factible: travestida, por las noches se hunde en la vida marginal de la Casbah, en sus cafés y sus burdeles, donde ebria de alcohol y de hachís seduce a los hombres con su conversación y su perturbadora ambigüedad.

Parece razonable que haya sido raleada de la colectividad europea, pero es bastante sorprendente que, conocida su identidad de mujer, o al menos, sospechada a partir de la cantidad de amantes que tuvo, fuese aceptada por la comunidad árabe como un hombre hecho y derecho. Un contemporáneo europeo dijo de ella: “tomaba más que un legionario, fumaba más kif que un adicto y hacía el amor por el amor a hacer el amor”.

Respecto a sus amantes, no obstante su compulsión a asumir una personalidad masculina y sus frecuentes visitas a los prostíbulos, no se conoce que, en ningún caso, alguno de ellos haya sido mujer. La intensa amistad que la unió a la estudiante de medicina Vera Popova, la única compañía femenina que Isabelle haya aceptado jamás, parece haber tenido otro cariz y fue, en todo caso, compartida con Archivir, un joven diplomático turco de origen armenio, por quien se sintió intensamente atraída no bien lo conoció durante una breve visita a Ginebra.

Archivir fue su amante y su gran amor, pero no le correspondió en igual intensidad, dicen que atraído por una conjura de los jóvenes turcos contra el poder del sultán o simplemente interesado en los jóvenes turcos en general.

Más tarde, Isabelle se dirige a Marsella para reunirse con su hermano Agustín, que acaba de casarse con quien Isabelle llamará, no sin cierto desprecio, “la obrerita”.

La pasión del desierto. El casamiento de su hermano fue un golpe muy duro. “Estoy solo, escribe en su diario, como siempre he estado en todas partes, como lo estaré siempre en el gran universo, maravilloso y decepcionante”. Una vez en Marsella, acepta el encargo de la marquesa Mendes para investigar la muerte de su marido. ¡Volverá a Túnez! Se exalta: “Revestir lo antes posible la personalidad amada que, en realidad es la ‘verdadera’, y volver allá, al África, para reemprender mi vida…”.

Es entonces que Mahmoud Saadi recorrerá el Magreb montado en su caballo Suf, buscando compenetrarse cada vez más con el desierto, con el mundo árabe, con el Islam, a los que ve, todos, indisolublemente unidos, vueltos la misma cosa.Isabelle III

No le será fácil. Las autoridades francesas recelan de esa suiza de origen ruso y apellido alemán que, vestida como hombre y presa de serios apremios económicos, frecuenta exclusivamente los ambientes “indígenas”. Mientras, decidida a llevar su metamorfosis hasta el final, se incorpora a la secta musulmana Qadiri y se une como “escribano” a una caravana al mando del joven califa de Monastir.

En Béhim, un fanático de la secta de los tidjanyas intenta asesinarla y consigue asestarle dos sablazos. Cuando su agresor es juzgado en Constantine, la presencia, hábitos y creencias de Isabelle escandalizan más que el crimen en sí. El veredicto da cuenta de ello al condenar al culpable a trabajos forzados a perpetuidad –que Isabelle contribuirá a que sean reducidos a diez años– y a la víctima, a la expulsión del territorio francés.

Nunca se aclaró si el intento de asesinato fue inducido por una visión angélica –como declaró el agresor– o tramado por las autoridades coloniales, lo que bien podría suponerse en tanto en el juicio fue tratada más como acusada que como víctima.

Extrañas conductas. Vuelta a Marsella contrae matrimonio con el soldado argelino Ehuni Slimène, de quien dirá: “Slimène es el esposo ideal para mí, que estoy fatigado, cansado y harto de la soledad que me rodea”. La pareja se radica en Tanas, a 200 kilómetros de la capital argelina. Isabelle vuelve a sus hábitos y atavíos masculinos, se mezcla en peleas y borracheras, fuma kif hasta derrumbarse, y mantiene numerosos amoríos.

Isabelle VLa conducta de esa insólita mujer provoca los consiguientes escándalos, pero ella, que gracias a su matrimonio ahora es ciudadana, tiene derecho a deambular por las posesiones francesas.

Enferma de malaria, en Ain Sefra es ingresada al hospital, que abandona muy pronto, para descansar en su humilde casa de la parte baja de la ciudad. Pocos días después, una madrugada del 21 de octubre de 1904, la ciudad fue sorprendida por la súbita crecida de los ríos Sefra y Mulen, que la sepultaron en un alud de barro.

El periódico Akhbar da cuenta de la absurda tragedia que se llevó árboles de cuajo, la mayor parte de las casas de la zona baja, la mayoría de los rebaños y veintiséis personas. Entre ellas, Mahmoud Saadi, o Si Mamhoud Esaadi o Mahmoud ben Abdallah Saadi, o Nadia, Mariam, Nicolai Padolonski… o, si se prefiere, Isabelle Eberhardt.

Morir ahogada en el Sahara no es un mal final para la vida contradictoria, apasionada, de esta escritora que no publicó nada en vida y cuyos escritos dispersos en el desierto y cubiertos de lodo, serán rescatados por los soldados del general Lyautey, quien dijo no saber si amar en ella a la mujer de letras, al caballero intrépido o al nómada endurecido.

Parece ser que tampoco el general era de gustos muy ortodoxos.


**


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Se produjo un error en este gadget.