08 abril, 2015

Medios y política, Nisman, el caso conmocionante.

Hay casos que toman por sorpresa a medios y a políticos y les fijan la agenda. Se meten en la biografía de los ciudadanos y se convierten en señaladores de la memoria social y personal. Aparece, en el discurso público, un conflicto estructural latente. Damián Fernandez Pedemonte, especialista en medios, historiza este tipo de sucesos en Argentina y analiza el caso Nisman bajo esta perspectiva.

Por Damián Fernandez Pedemonte  Foto Victoria Gesualdi
fuente: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/nisman-el-caso-conmocionante/



A mí me informó de la muerte de Nisman un taxista cuando pasamos cerca del edificio de Le Parc. Era el día en que el fiscal debería haber comparecido ante el Senado para explicar el contenido de su denuncia sobre un supuesto arreglo secreto entre el Gobierno argentino y el de Irán. El supuesto pacto pretendería exonerar a ex-funcionarios iraníes, imputados en la causa de la voladura de la sede de la AMIA. Antes de enterarme de esta muerte no me había interesado demasiado por el memorando de entendimiento del Gobierno con Irán, ni por el estado de la causa de la AMIA, ni por la SIDE y el espionaje. Enseguida vino el recuerdo de que en los primeros años de democracia, el control de los servicios y los ex-servicios (“mano de obra desocupada”) había llegado a ser un tópico recurrente en los medios.

El impacto personal es una primera característica de los casos periodísticos que sacuden nuestra escena pública, con una ciclicidad que contradice su esencia disruptiva. Los casos consiguen algo que otras noticias no: tender un puente entre los asuntos públicos y el mundo de la vida cotidiana. Al menos por un tiempo sentimos que esa noticia nos afecta de manera más personal que las otras que nos llegan por millares.

La semana siguiente a la muerte de Alberto Nisman, el 90% de la población sabía de un fiscal antes sólo conocido en los circuitos más familiarizados con la información política. No es sólo que los casos le lleguen a todos, sino que le llegan a cada uno. La agenda mediática se inmiscuye en la biografía y los casos devienen señaladores de la memoria social y personal. Todos recordamos qué hacíamos cuando nos enteramos de los ataques a las torres gemelas en Nueva York, así como nuestros padres o abuelos pudieron organizar sus recuerdos en torno de la televisación de la llegada del hombre a la luna.

Pasado y presente de los casos conmocionantes


No todas las noticias impactantes devienen casos.  Comencé a elaborar el modelo del caso mediático conmocionante  cuando estudiaba las noticias sobre delito y analicé la cobertura del asalto con toma de rehenes del banco Nación de la ciudad bonaerense de Villa Ramallo, en septiembre de 1996. Fue conmocionante porque acabó con dos delincuentes y dos rehenes muertos, tras ser acribillados por la policía, luego de todo un día con 300 efectivos  y cientos de periodistas apostados en el lugar.  Diez días antes, una banda de 15 delincuentes intentó asaltar la sucursal de la empresa Andreani en Avellaneda. Inmediatamente llegó la policía, aprestada para la “encerrona”, y se produjo un tiroteo en el que murieron seis integrantes de la banda, un rehén y un policía. A pesar de haber cobrado más víctimas, el acontecimiento no se transformó en un caso ni suscitó el grado de discusión pública que generó Ramallo. Un cambio importante que se produjo de uno a otro evento fue que ahora, desde los medios, los políticos en campaña estaban envalentonando a la policía para que reprimiera duramente el delito común, dado que la inseguridad era una de las principales preocupaciones de la ciudadanía, según alertaban las encuestas (como, por otro lado, siempre sucede en período electoral). Lo que emergió con Ramallo no fue otro caso de violencia delictiva sino la reaparición de la violencia de las fuerzas de seguridad; tema de larga data en la Argentina pero abandonado desde hacía tiempo por los medios.

Otro tanto se puede decir de las denuncias de sobornos en el Senado de la Nación en el año 2000 que culminaron con la renuncia del Vicepresidente de la Nación, Carlos “Chacho” Álvarez. ¿Por qué una denuncia de coimas en este contexto generó semejante escándalo y no, en cambio, las varias denuncias semejantes durante el gobierno de Carlos Menem? El gobierno de De la Rúa había llegado al poder defendiendo la consigna de la ética y del cambio en la forma de hacer política. Más concretamente, el saneamiento del Congreso era la bandera ondulada por Álvarez. Se había decido que la ley (para cuya aprobación supuestamente se requirieron sobornos) se debatiera en el Congreso y su promulgación se había presentado como un triunfo de la gobernabilidad y la transparencia. Es tal el contraste entre el discurso público y el issue de la corrupción, entre las palabras y los hechos, que esta contradicción gatilla el caso.

Es que el caso provoca sorpresa. No hablo aquí de operaciones de los medios, que por supuesto existen, ni de noticias impactantes que surgen de una investigación. El caso toma de sorpresa a todos los actores relacionados, también a los medios. Irrumpe, produce una drástica renovación de la agenda pública y hace que emerja en el discurso público un conflicto estructural latente (el control de las fuerzas de seguridad por parte del Estado, la relación corrupta entre poderes de gobierno, por ejemplo), pero que hacía mucho que no llegaba a ser manifiesto en los medios, ocupados, en cambio, de noticias políticas coyunturales (noticias procedentes de la rutina de producción de las áreas policiales o legislativas, por ejemplo).

Se trata de relatos de acontecimientos que, si bien responden a los criterios de noticiabilidad y se ajustan a las secciones temáticas de los medios, implican, en varios sentidos, rupturas de las rutinas. El caso es un corte abrupto de la vida cotidiana. Nos sentimos obligados a destinar tiempos del trabajo o del descanso a mantenernos informados sobre él para poder ser testigos de un evento que promete ser histórico. No sólo las rutinas de las audiencias se quiebran sino también las de cada medio, que debe arbitrar procedimientos extraordinarios para cubrir estos episodios de una manera más impactante que la competencia. Son casos periodísticos particularmente estremecedores, ya sea por la envergadura de los acontecimientos que narran, la permanencia en la agenda pública o el grado de debate que desencadenan. El profesor Aníbal Ford postulaba que en la Argentina de los 90 este tipo de casos periodísticos había generado más debate político sobre issues sociales que el promovido desde las instancias oficiales de deliberación pública, como el Congreso de la Nación. Así, por ejemplo, la dinastía que gobernaba la provincia de Catamarca cae por verse involucrada en el crimen de la joven María Soledad, acontecimiento largamente cubierto por los medios; el servicio militar obligatorio se suprime por la presión de la opinión pública después de las investigaciones periodísticas sobre la cadena de encubrimientos, dentro del Ejército, de la responsabilidad por la muerte del soldado Carrasco. La sociedad debate en torno a casos periodísticos. El aporte genuino de los medios de comunicación, uno de los tres actores de la comunicación política, es, para Dominique Wolton, la información-acontecimiento. Efectivamente, cuando el caso periodístico irrumpe en la agenda pública, los otros dos actores (los políticos y los sondeos de opinión) son obligados a expedirse sobre el issue que se relaciona con el caso.


Los medios aúnan una incapacidad predictiva de los acontecimientos, por su tendencia a contar todo como coyuntural y a suprimir las transformaciones graduales, con una competencia hermenéutica cuando el acontecimiento estalla. Competencia que les permite señalar de inmediato, y mientras los eventos están ocurriendo, su gravedad. Ahora bien, al amplificar tales sucesos pueden intervenir en la precipitación de sus consecuencias. Es imposible discernir cómo hubiera sido la evolución de los acontecimientos sin la presencia de los medios, tal es la naturaleza de la sociedad mediatizada.

La muerte de Nisman y la estructura del caso


Paradójicamente, los medios han desarrollado una rutina para cubrir lo imprevisto. Estos elementos se repiten en el caso de la muerte de Nisman.

1) Los mismos medios categorizan el caso como caso.

La noticia provocó gran consternación. Pronto sobreimpresos y rótulos enlazaron bajo el nombre de “caso” el cúmulo de noticias que siguieron a la muerte de Nisman. La televisión le dedicó secciones o ediciones especiales en los noticieros; la prensa gráfica, varias primeras planas enteras y titulares en la portada diariamente durante los primeros dos meses; y los medios digitales, secciones de archivo en actualización constante.

2) Los periodistas manejan dos tipos de hipótesis: de corto y de largo plazo.

Los medios reúnen todas las versiones (por las dudas se le escape la que termine siendo cierta) junto a una interpretación implícita sobre el trasfondo del caso. En el caso de Nisman la mayor parte de los medios se encamina a mostrar que fue un crimen y que alguna responsabilidad le cabe al Gobierno. Según las primeras encuestas, el 70% de la audiencia opinó que se trató de un asesinato, aun cuando la investigación de la fiscal oficial parecía inclinarse por la hipótesis del suicidio. Las versiones, rumores y conjeturas se multiplicaron, así como las opiniones de periodistas y políticos. Al inicio de la cobertura mediática todos los actores se vieron en la obligación de aportar información día a día, según el ritmo de los medios, contagiados de la lógica mediática: la fiscal, los funcionarios y aún la Presidenta de la Nación que publicó dos cartas en Facebook donde también planteó dos hipótesis diversas, en vez del esperable mensaje de condolencia hacia la familia de la víctima o la adopción de un tono institucional tranquilizador. El texto mismo de la acusación del fiscal contamina el tono judicial con el de la investigación periodística. Pronto se publicó, junto con horas y horas de escuchas de llamadas telefónicas, que se adjuntaban como prueba, y dispararon nuevos comentarios y multiplicaron las hipótesis. Complementariamente, los medios se comportan como agentes judiciales, investigadores o peritos en lugar de como periodistas, y comenten un error inverso.

3) Bajo la agenda coyuntural irrumpe una agenda estructural soterrada.

También esta vez, la noticia produjo una renovación abrupta de la agenda, y disparó la discusión sobre otros temas soterrados: el control de los servicios de inteligencia por parte del Poder Ejecutivo, la relación entre la Justicia, y los medios. La repercusión del caso obligó a un cambio de estrategia discursiva, en período pre-electoral, sobre todo a Cristina Kirchner, quien pasó de una rápida decisión de disolver la ex SIDE y crear un nuevo servicio de inteligencia a omitir menciones a Nisman en sus discursos y tratar de dar vuelta la página con anuncios de medidas populares, tendientes a recuperar el clima de opinión previo a la muerte del fiscal. Es una carrera contra los medios que hacen lo posible por mantener el caso en su agenda, dialéctica que recuerda a la publicación diaria en los medios de la foto con la leyenda “No se olviden de Cabezas”, luego del asesinato del reportero gráfico en 1996.

4) Se dinamiza la representación social de la institución que queda bajo el foco de los medios.

Las representaciones sociales con las que generamos sentido sobre instituciones o grupos que sólo conocemos por los medios, tardan en instalarse en nuestra cognición, pero una vez alojadas allí, resultan difíciles de mover. Pensemos en las ideas populares sobre la policía, el Congreso o los “trapitos”. La alta exposición de la institución protagonista del caso, facilita que su representación cambie, al menos parcialmente. Hoy sabemos más de la justicia penal (que la querella puede estar en desacuerdo con la fiscalía, el alcance de los peritajes, etc.) o de los espías y servicios. Se produce un emparejamiento del saber público sobre estas instituciones. Intelectuales y neófitos conversamos sobre causas o tramas políticas complejas con iguales chances de acceder a la información, sobre todo por la disponibilidad interminable de Internet. Los tiempos mediáticos de los casos, sin embargo, nunca son los de los procesos de transformación social en los que intervienen las representaciones.

5) Los medios y la opinión pública presionan sobre la institución.

Se pudo corroborar, en el caso de la muerte de Nisman, la capacidad de la población para autoconvocarse y organizarse para protestar y poner a circular mensajes. Los que así se movilizan son los nuevos públicos, que antes fueron audiencias de los medios y hoy comparecen en el espacio público y reflexivamente se erigen en actores políticos, tal como lo ha explicado el profesor francés Daniel Dayan. Efectivamente, un mes después unas 200 mil personas se movilizaron en el centro de la ciudad de Buenos Aires para acompañar a la ex mujer de Nisman y sus hijas menores y a un grupo de fiscales, en una impactante marcha del silencio bajo la lluvia. Si bien los nuevos públicos no responden a consignas de políticos profesionales y no se ponen en movimiento por invitación de los medios, aunque luego medios y públicos se buscan insistentemente, tienden a solidarizarse entre sí, de modo que constituyen una oportunidad para los líderes que sepan articular sus demandas. Así sucede, por ejemplo, entre los familiares de las víctimas de la tragedia de Once, los familiares de AMIA y las madres del dolor, por mencionar algunos vigentes. Es que estos públicos tienden a difundir rápidamente el reclamo por sus causas, pero así de rápido suelen extinguirse, según los ritmos de las redes sociales.

6) Los medios se tornan visibles.

Los medios son actores políticos. Es algo en lo que la Presidenta coincide con los estudios de comunicación actualizados. Suelen gravitar sin llamar la atención sobre ellos mismos. Por su duración y el despliegue mediático que implican, los casos dan lugar a críticas de otros actores a los medios o a críticas cruzadas entre los medios. El discurso sobre los casos es un discurso metamediático. Esto es muy evidente en el caso de Nisman, que transcurre en el kirchnerismo tardío. Sobre todo a partir del conflicto con las entidades del campo en 2008, Cristina Kirchner ubicó a los medios en el lugar del enemigo. Los principales conflictos que enfrentó el gobierno desde entonces aparecieron duplicados: conflicto con los causantes del problema y conflicto con el relato de los medios. Nisman es un caso de esta mediatización al cuadrado.

7) El caso se narra como un relato.

La conmoción y la fuerte presencia de protagonistas singularizados, impulsa el periodismo narrativo. Según se cuente o no con poderosos herramientas, los casos dan pie a piezas de calidad o al más sórdido sensacionalismo. La historia de la muerte de Nisman está sembrada de misterios e intrigas paralelas. Por ejemplo, la historia de Damián Patcher es un relato por sí mismo: ¿cómo se enteró de la muerte de Nisman, la noche del domingo 18?, ¿Fue para averiguar esto que lo amenazaron? Si es que lo amenazaron, lo cual parece probable, ya que hoy vive en Israel. No se termina de comprender por qué Lagomarsino le llevó un arma a Nisman ni se sabe cuándo salió de su casa. Todos los indicios aparecen desdoblados: hay dos horarios para la muerte, hay dos peritajes contradictorios. Sobre la puerta de servicio al departamento de Nisman el cerrajero dijo que se podía abrir fácilmente, la madre acotó que ella antes había abierto una segunda llave y la empleada se sorprendió, en cambio, de que estuviera abierto un tercer seguro, una traba que el fiscal siempre cerraba por dentro. Los misterios se multiplican: antes de la muerte, la pareja de Arroyo Salgado recibe una foto de Nisman, publicada por la revista Noticias, pero con el agregado de un orificio en la frente. Una mujer calcinada aparece frente al departamento del fiscal. Su computadora fue encendida la mañana del domingo, cuando según el peritaje de la querella ya estaba muerto.

La muerte de Nisman, la información más allá de los medios

Hay otras notas, sin embargo, que diferencian al caso de la muerte de Nisman de los antecesores. Fundamentalmente el hecho de que la información sobre el caso no circula solamente por los medios masivos ni tiene en ellos su origen. El primer anuncio de la muerte del fiscal fue dado por un periodista, pero desde su cuenta personal de Twitter. Muchos aportes más se hicieron en esa red social en la que las opiniones expertas discuten con las del público. Medios, público y políticos comparten Facebook, en donde habló sobre el tema la Presidenta misma. Es evidente el esfuerzo de diversos actores por hacer circular o impedir que circule la información, operatoria en la que los medios convencionales son sólo el canal. Se radicaliza el carácter de arena de la noticia, de los medios como campo de batalla entre versiones institucionales contradictorias. El poder de la información no es monopolio de los medios. Todos los actores implicados tienen sus versiones, sus intereses políticos y sus alianzas con unos u otros medios de información: la Presidenta y los funcionarios, la ex mujer de Nisman, la fiscal de la causa y la Procuradora General de la Nación, los ex espías de la SIDE, los políticos de la oposición, la AMIA…

En esta circulación de la información más allá de los medios, juegan un papel importante los expertos no políticos ni mediáticos, miembros del público, que hoy cuentan con más información y también con más herramientas para analizarla y para producir relatos alternativos. Un profesor universitario analizó cuadro por cuadro uno de los videos de la llegada a Ezeiza de Nisman que se emitió por televisión, para mostrar que estaba trucado e inducir la interpretación de que el fiscal había sido seguido por las cámaras de seguridad. Otros analizaron al detalle parte de las horas de audio de las escuchas de la denuncia elaborada por Nisman. Memes, fotoshops, videos producidos por el público se unen el tráfico incesante de información.
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Desde la perspectiva gubernamental, en el caso de Nisman se verifica la etapa de mediatización al cuadrado del segundo gobierno de Cristina Kirchner, en el sentido de que los medios fueron colocados en el lugar del principal adversario y todos los conflictos que ellos transmiten son ocasión para el gobierno de un conflicto en primer lugar con los mismos medios. En este contexto la pelea por el control de la información y los relatos, así como la pugna por la gestión de las representaciones sociales, al sobrepasar el escenario mediático se vuelve más compleja y difusa para un gobierno que trabaja con hipótesis y métodos más aptos para la etapa anterior de la mediatización.

Este caso, como los anteriores, es una lupa sobre el estado de la mediatización en nuestro país. En él vemos cómo operan los medios como estructura, más allá de la actividad de un medio o un periodista concretos. Su operatoria hace crecer los casos y puede provocar consecuencias institucionales. Pero en el caso de Nisman, a la par, se ve cómo cada vez más la información excede al periodismo. La información es un contenido de valor para muchas instituciones, no sólo para los medios. De alguna manera los casos le fijan la agenda a los medios y a los políticos. El periodismo ya no es el único con posibilidades de establecer los temas ni de poner barreras a la circulación de la información. Hay muchos enunciadores relevantes, incluyendo entre ellos al público. El empoderamiento de estos públicos, la protección de sus derechos y autonomía, el cuidado de las víctimas, la preocupación del Estado por reparar sus negligencias y escuchar los reclamos de estas nuevas subjetividades: son algunas de las causas que, seguramente, inocularan el escenario público que encuentre el próximo presidente.

Fotos de interior: Santiago Cichero, Rolando Andrade, Victoria Gesualdi, Telam.

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