Cautivos - Auguste-Pawloski Guinnard
“Mais les vrais voyageurs sont ceux-là seuls qui partent Pour partir; cœurs légères semblables aux ballons”.
Charles Baudelaire
Charles Baudelaire
“La pampa, comme le désert, a sa grandeur: elle met la créature seule en face de Dieu; et, en effaçant pour les yeux du corps toute image tangible, elle ouvre aux yeux de l’âme des horizons sans bornes”.
Léon de Rosny
Léon de Rosny
“Nada me pareció más raro y triste que el aspecto de estos seres semidesnudos, montados en caballos exasperados, los que conducían con salvaje presteza sus cabelleras espesas y rústicas, cayendo alrededor de sus figuras sin dejar de entrever más que un conjunto de trazos horribles en cada uno de sus bruscos movimientos, a los que la suma de colores vivos daba una expresión de ferocidad infernal”.
Auguste Guinnard
El conocimiento cautivo: el cautiverio mapuche del viajero Guinnard y la Société de Géographie de París (1855–1864)
Rodolfo Reyes Macaya (fragmento)
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La trayectoria de Auguste-Pawloski Guinnard (París 1831- ¿1881?) parece extraordinaria. En 1855 viajó a América del Sur en busca de aventura y trabajo (véase figura 1), pero en 1856 fue reducido al cautiverio durante tres años por colectividades mapuches de las Pampas del sur y Patagonia norte, de lo que en la actualidad corresponde a territorio argentino, entre los que fue tratado como un perro e intercambiado como un bien. Logró sobrevivir, observó las prácticas culturales, aprendió a cabalgar –algo indispensable en las culturas de la llanura–, así como también la lengua mapuche, participando, además, en las relaciones políticas fronterizas.
Desde su infancia, según cuenta el mismo Auguste Guinnard en el capítulo primero de su relato, Trois ans d'esclavage chez les Patagons: récit de ma captivité, se sentía fascinado por los relatos de su abuelo materno, Ulliac de Kvallant, un marino de origen bretón, que había hecho el trayecto de las Indias. A medida que crecía y a partir de las lecturas realizadas, desarrolló una obsesión por la temática del viaje y, a pesar de la negativa de su familia, tomó la decisión de emprender el trayecto hacia el río de la Plata. Siguiendo la ruta que numerosos migrantes franceses ya habían emprendido hacia las Américas a mediados del siglo XIX4. El personaje en cuestión no poseía grandes recursos económicos, ni tampoco una red de contactos y, por tal motivo, ya en territorio americano tuvo dificultades para asegurarse los medios de subsistencia.
En 1856, junto a un migrante italiano, se dirigió al sur de la frontera de la provincia de Buenos Aires porque su intención era alcanzar a pie la ciudad de Rosario, “lugar de encuentro general de los europeos”5. Ambos ignoraban el español y ninguno sabía cabalgar. Previamente compraron armas y municiones, cinco libras de pólvora y quince de plomo, y trazaron un itinerario, ayudados por una brújula de cuadrante solar. El viaje no fue fácil, sufrieron una serie de privaciones, prueba de lo anterior es la cita en la que Guinnard refiere que en el trayecto carecieron de agua y era tanta la sed que chupaban las piedras e incluso recurrieron a la “repugnante práctica de las que hablan los relatos de naufragios”6, es decir, beber de su propia orina. Pero “una prueba más cruel” que la sed los esperaba, la brújula estaba averiada. No se habían dado cuenta de que llevaba estropeada varios días y que habían seguido una dirección equivocada, no al noroeste, sino al sudoeste: “en lugar de contornear el territorio indio estábamos dentro de él ya hace bastante tiempo”7. El error les costó caro; al italiano, la muerte, en tanto que, al francés, el cautiverio.
Según su posterior relato, en medio de su cautividad, llegó a ser secretario del gran cacique Juan Calfucurá Su secuestro acabó cuando más tarde, gracias a la conmoción e inestabilidad en la frontera sur de Buenos Aires, tras la batalla de Cepeda (1859) y la reconfiguración del mapa político fronterizo, escapó. Cruzó la cordillera de los Andes desde Cuyo hacia el valle del Aconcagua y en Valparaíso se embarcó a Rochefort por la vía del Cabo de Hornos. Esta trayectoria fue registrada en un relato de viajes que, además, despliega en su interior una narración de cautiverio entre poyuches, puelches, patagones orientales y pampas8. De regreso en Europa, en 1860, fue miembro de la Société de Géographie y de la Société d’Ethnographie de París, además de secretario adjunto del Comité D’Archeologie Americaine; participó en los intersticios disciplinares de la ciencia y la literatura, de lo culto y lo popular, y luego desapareció en oscuras circunstancias.
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