02 diciembre, 2015

Qué ha pasado en Libia?

http://www.obamaworld.es/2012/02/21/que-ha-pasado-en-libia-desde-que-murio-gadafi/
MARTES 21 de febrero de 2012

Qué ha pasado en Libia desde que murió Gadafi

Hace unos días se cumplió el primer aniversario de la revolución libia: el 17 de febrero hizo un año del primer viernes con manifestaciones. Dos días antes había habido la primera protesta en Bengasi. En este vídeo se ven las celebraciones en Trípoli:https://www.youtube.com/watch?v=_tU39-8yKNALa historia es conocida. Las manifestaciones pacíficas duraron apenas días. El régimen libio empezó en seguida a disparar contra civiles y se formaron dos bandos armados: según una Comisión de Naciones Unidas, el 24 de febrero empezó el conflicto interno; según la Cruz Roja, fue el 10 de marzo. La resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que aprobaba “todas las medidas necesarias” para proteger a civiles fue el 17 de marzo y dos días después cazas franceses interceptaron el avance de las tropas de Gadafi hacia Bengasi. Empezaba la guerra.Me han preguntado varias veces cuántos muertos confirmados había para justificar la intervención. Los datos más fiables que he encontrado son del Tribunal Penal Internacional: 755 muertos entre el 15 y el 25 de febrero. Según elinforme de una misión de observación reciente, el uso de kalashnikovs para disolver protestas pasó en seguida a armamento más pesado e incluso a baterías antiaéreas. Ese uso de armas indiscriminadas en lugares civiles puede ser un crimen contra la humanidad, igual que ocurre en Siria.


Las declaraciones rimbombantes de Muamar Gadafi y su hijo Saif el Islam fueron otra prueba de que la represión iba en serio. Saif al Islam dijo el 20 de febrero: “El ejército tendrá a partir de ahora un papel clave para imponer la seguridad y volver a la normalidad a cualquier precio”. Su padre, Muamar, dijo tres días después su célebre frase: “Limpiaremos [esas áreas] de estas ratas”.

Tras esos hechos y estas declaraciones, la presión para hacer algo ante el avance de las tropas de Gadafi hacia Bengasi llevó a la intervención legal de la OTAN. La aparente solidez del Consejo Nacional de Transición (CNT) y la posesión de una capital -Bengasi- desde donde organizar la defensa, ayudaron mucho. En Siria no se da ninguno de estos dos hechos; tampoco otros.


¿Y luego qué?

Tras la muerte de Gadafi y el control del nuevo gobierno sobre todo el territorio, empezó la transición oficial. Hace apenas cuatro meses. El resumen de la mayoría de crónicas, declaraciones e informes que he leído sería algo así: Libia va mal, pero es mejor que Gadafi ya no esté y se puede ser optimistas. En este programa de Al Jazeera se dan detalles:

El problema principal de Libia hoy es que hay centenares de milicias que tras el final de la revolución han optado por no entregar las armas y pasar a formar parte del nuevo ejército o cuerpos de seguridad. Libia es una sociedad donde las tribus tienen un papel importante: ahora hay un nuevo modelo de país que negociar y cada grupo quiere su parte. Los rebeldes de Zintan, por ejemplo, capturaron a Saif al-Islam Gadafi en noviembre y dos días después su comandante fue nombrado ministro de Defensa. Para compensar, el jefe rebelde de otra ciudad, Misurata, es el ministro del Interior.

El problema con las milicias es de momento de seguridad: están por encima de la ley, tanto para robar coches como para mantener detenidos en sus ciudades a centenares de acusados de simpatizar o luchar por Gadafi. Pero los enfrentamientos y la falta de un gobierno que se imponga puede llevar a la larga a una nueva Somalia. Es una exageración, pero es remotamente posible.

El gobierno sigue haciendo concesiones para conseguir que estos grupos dejen las armas. Algunos de los revolucionarios que lucharon por la libertad y que han vuelto a sus vidas pasadas, creen que los grupos que ahora quedan son ya casi delincuentes comunes que buscan aprovechar el descontrol y la falta de autoridad.

La suerte de Libia es que tiene petróleo y el gobierno dispone de dinero. El Producto Interior Bruto per cápita en Libia en 2010 era de 13.846 dólares, mientras que la media de Oriente Medio y el norte de África era 9.071. Puedeordenar que cada familia del país reciba cerca de 1.500 euros. Por su lado, las familias que por ejemplo puedan demostrar que uno de sus miembros murió en el conflicto, optarán a un salario mensual de entre 300 y casi mil euros, además de ventajas en educación y sanidad.

Son medidas para calmar los ánimos y ganar tiempo. Además de los problemas con las milicias, el pueblo acusa al CNT de favorecer a los miembros del antiguo régimen y de falta de transparencia. El momento culminante de esta indignación fue un viaje reciente del presidente Mustafá Abdul Jalil a Bengasi. Los manifestantes entraron en las oficinas donde estaba y le pidieron explicaciones en la cara.



Fuera, su coche acabó peor.



Es impensable que algo así hubiera ocurrido con Gadafi. La mejor excusa que tiene el gobierno por ahora es que 42 años de dictadura -dos generaciones- han dejado el país sin instituciones y sentido de responsabilidad en los gobernantes. Lo mínimo que pueden pedir es algo de tiempo.

Según el informe que he enlazado arriba, “el ‘caos organizado’ parecía ser un objetivo intencionado de la determinación de Gadafi de establecer un control individual completo, y a la vez prevenir la emergencia de cualquier persona o entidad capaz de desafiar su mando”. La superposición de comités y consejos hacía que nadie supiera bien quién tenía potestad sobre qué y todo quedaba en manos del líder.

La instancia más afectada hoy es la justicia, que no existe. Antes era solo intuir las órdenes del líder, ahora no hay gente preparada. Según la Cruz Roja hay 8.500 personas detenidas en 60 centros, y muchos son torturados, según Amnistía, algunos hasta la muerte. El caso más citado es la huida de todo el pueblo Tawargah, cerca de Misurata, a quienes los locales acusan de colaborar con Gadafi. El final de esta impunidad es prioritaria.

Todo esto no se cambia en cuatro meses. En junio debe haber elecciones para un comité que redacte una Constitución nueva. En 2013 debe haber gobierno y presidente electos. Libia está por hacer. Tras asegurar el imperio de la ley, será la hora de montar unas elecciones limpias, redistribuir bien la riqueza del petróleo y consolidar las instituciones. El camino acaba de empezar.

“La transición libia es como navegar con un barquito en un huracán, y creo que debemos dar crédito al presidente Abdul Jalil por mantenerlo a flote”, dice Lisa Anderson, rectora de la Universidad Americana del Cairo. “A veces no hundirte es lo mejor que puedes hacer por tus pasajeros mientras esperas que pase lo peor de la tormenta”. Así está Libia y no es el peor de los países de la primavera árabe.

Una posdata siria. Ayer el secretario general de la Liga Árabe, Nabil El-Araby,dijo que “había indicaciones” de que Rusia y China podían empezar a cambiar sus posturas sobre Siria. Quizá es ya demasiado tarde para su relación futura con la posible nueva Siria. En Libia, las empresas rusas deben pedir permiso a su gobierno para trasladarse por razones de seguridad. No son bienvenidos por su defensa de Gadafi; aquí se ve. Es una lección sobre lo difícil que es a veces decidir cuándo y cómo hay que abandonar una alianza internacional.




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http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/10/04/libia-un-tiempo-despues/#.VizBY_l_Oko

Libia, un tiempo después

Por: L. Eduardo Domínguez
En este artículo: Barack Obama, Estados Unidos, Libia, Muamar el Gadafi, OTAN
4 octubre 2013 | 10

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Libia parece detenida en el tiempo. Contrariamente a la gran cobertura “precisa” y constante de los medios masivos de comunicación en la operación de la OTAN para “liberar” al pueblo libio, después del asesinato de Muammar al-Gaddafi hace ya dos años a manos de los “rebeldes”, la nación aparenta estar en estado de coma. Hechos de última hora —el ataque a la embajada rusa y el informe de la ONU sobre el uso de la tortura en cárceles de ese país— vienen siendo destellos de una hemorragia interna que escapa de las prioridades de la prensa occidental.

“El único camino al cielo es el camino al aeropuerto”, decía un letrero pintado en un muro en el paseo marítimo en Trípoli. Libia ha cambiado. En cierto modo, el cambio que pedía el presidente estadounidense, Barack Obama, para ese pueblo “oprimido por un régimen dictatorial”, tuvo éxito. Ahora gobierna un grupo de señores de la guerra, al estilo somalí, y con la huella de Iraq y Afganistán.

Diversas historias publicadas recientemente en la revista The Economist, narran lo que ha estado pasando en este último año. En la ausencia de un gobierno viable o de instituciones de seguridad nacional, las milicias armadas se han apoderado de las calles. Ciudades como Trípoli, se pasan semanas sin agua y servicio eléctrico. Los asesinatos y la corrupción se han elevado a niveles incalculables.

“Nadie está a salvo en Libia”, gritaba una cara desconocida entre la humilde multitud que había nacido en esa región del norte de África. No importa si ayudaste a repartir armas a la “rebelión”. No importa si financiaste toda la invasión, o si en persona entregaste las bombas que la OTAN dejó caer sobre la población civil. Libia no es país para viejos.

La mayoría de los expertos coincidieron en que la guerra contra Gaddafi tenía como objetivo principal apoderarse del petróleo de esa región. Como mismo lo vivieron países africanos por sus recursos naturales. Ahora Siria se siente en el pellejo de su vecino por lo que muchos llaman el recurso fundamental del siglo XXI, el gas. Sin embargo, la situación se les escapa de las manos.

Lo que vendría siendo el botín por su participación en la guerra contra el “dictador” Gaddafi, pasó a manos de las milicias que controlan la mayoría de los campos de petróleo y la terminal de exportación. Todo el que estaba dispuesto a “ayudar” en la reconstrucción de Libia parece haberse esfumado. Magnates y negociantes franceses y británicos quienes esperaron ansiosos meses de bombardeos y destrucción de todo el patrimonio cultural libio, salieron del país luego del asesinato del embajador estadounidense y los ataques a varias embajadas y consulados extranjeros. La situación ha llegado a tal punto, que el mismísimo primer ministro libio, Ali Zidan, amenazó con bombardear cualquier cargamento petrolero que se dirija cerca de estos emplazamientos.

Lo mismo sucede al sur de Iraq, y ahora también al este de Siria. “Las milicias y las tribus locales controlan los campos de petróleo de Deir Al-Zour, refinan ellos mismos el petróleo a mano y lo venden ilegalmente”, dijo el periodista árabe Abdel Bari Atwan, del sitio web Global Research.

La situación es difícil, incluso para los propios políticos que tomaron el poder luego de arrebatarle el mando a Gaddafi. El pasado 4 de agosto dimitió el primer ministro de Libia Awadh al-Barassi. En su lugar, Ali Zeidan da codazos con las diferentes etnias que se reparten el país. El propio ministro del Interior —hasta el 18 de agosto— renunció luego de un cortísimo periodo en funciones, alegando el fracaso en hacer frente al descontento, la violencia, y en ganarse la confianza del pueblo o en financiar adecuadamente a las agencias del Estado para proporcionar los servicios más básicos.

Entre tanto, para el mundo, Libia permanece inamovible. La mayoría de los corresponsales abandonaron el país, o han muerto en el intento. Los asesinatos de políticos y periodistas, se han convertido en la noticia innata de los medio locales. Incluso, el coronel Yussef Ali al-Asseifar, encargado de investigar dichos asesinatos y darle fin a la corrupción que reina en el país, fue asesinado por una bomba colocada en su coche.

Algunas personas ven en esto, un periodo transitivo, una situación provisional que pasará y habrá al fin esa “paz” que occidente quería para el pueblo libio. No obstante, el fantasma de Iraq y Afganistán persigue convicciones. El pueblo dejó de creer en “intervenciones humanitarias” y hasta el propio gobierno, desde la voz del ministro de Exteriores libio Mohammad Abdel Azziz, mostró su rechazo el pasado 4 de septiembre a la intervención norteamericana a Siria, hecho que sorprendió a la comunidad internacional, cuando arremetió en una reunión especial de la Liga Árabe presidida por él para discutir los posibles ataques aéreos estadounidenses contra el gobierno de Bashar al-Assad.

¿Será que el gobierno Libio, arrepentido del negocio con sus amigos de occidente, no quiere el mismo futuro para sus vecinos? Al parecer, la opinión de quienes colocaron en el poder para dirigir Libia post-Gaddafi ha cambiado a consecuencia de las experiencias de su propio país tras la intervención militar occidental. Una experiencia que acompaña a Somalia, Mali, Afganistán, Iraq, entre otros tantos, y que Siria e Irán, no están dispuestas a sufrir en pellejo propio.

Han transcurrido dos años desde la caída del líder libio y el hecho más importante que parece haber ocurrido en ese país, fue el ataque a la embajada estadounidense el pasado 11 de septiembre de 2012, en el cual perdieron la vida 4 personas, entre ellas, el embajador norteamericano Christopher Stevens. Un hecho en el que todavía están por ver los verdaderos motivos y las repercusiones futuras para el Oriente Medio.






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http://www.efe.com/efe/america/mundo/libia-se-ha-convertido-en-un-pais-mas-opresivo-que-tiempos-de-gadafi/20000012-2570403



LIBIA CONFLICTO

Libia se ha convertido en un país más opresivo que en tiempos de Gadafi

EFEGinebra25 mar 2015


Un soldado libio sale de un edificio destruido en una fuerte explosión, en el centro de Bengasi, en Libia. EFE/Archivo






Menéame


Libia se ha convertido en un país más opresivo que en tiempos del dictador Muamar el Gadafi, donde las dos facciones que se disputan el poder no toleran la más mínima crítica en las áreas que controlan, según ha comprobado la ONU.

Esa rivalidad, conjugada con el desgobierno y la fragmentación del país, ha permitido que los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) extiendan su poder y perpetren ataques sin necesidad de alianzas con ninguna de las partes del conflicto.

"Libia hoy es más opresivo desde la revolución. Cada campo, compuesto por numerosas milicias, no tolera ni disensión ni críticas en las áreas bajo su control", sostuvo hoy el jefe de la división de derechos humanos de la Misión de Apoyo de la ONU en Libia, Claudio Cordone.

"En el terreno hay varias guerras. Hay combates en Bengasi, en Trípoli y alrededores. Está el Estado Islámico que controla la ciudad de Syrte y que con unos 1.500 (combatientes), nadie sabe exactamente cuántos son, está claro que puede perpetrar ataques", dijo.

El Estado Islámico -subrayó Cordone- parece actuar de manera autónoma y con poca lealtad (hacía otros grupos insurgentes), ya que para cumplir sus fines tiene a sus propios milicianos.

Sin embargo, el representante de la ONU consideró poco probable que ese grupo terrorista pueda controlar grandes extensiones de territorio, como lo hace en Irak y Siria, ya que en Libia no tiene a su favor la división sectaria (entre musulmanes chíies y suníes) que facilitó su expansión en esos dos países.

En total, la ONU estima que entre 200.000 y 300.000 combatientes disponen de armas en Libia y luchan por alguno de los dos bandos: por un lado el Gobierno internacionalmente reconocido y que se ha instalado en Tobruk, y otro de facto y rebelde desde la capital, Trípoli.

La cifra de los que participan en las hostilidades es diez veces mayor ahora, con respecto a los 20.000 a 30.000 revolucionarios que provocaron la caída del régimen de Gadafi en 2011.

La gran mayoría de actuales combatientes carecen de formación y experiencia en la lucha, a pesar de lo cual han recibido armas y reciben un salario.

Libia tiene una población aproximada de seis millones de personas, de las que se estima que unos 400.000 son desplazados internos de la última etapa del conflicto, que se ha recrudecido desde mayo de 2014.

La situación de desgobierno e inestabilidad provocó además el fuerte incremento del número de inmigrantes irregulares que zarpan desde Libia -procedentes de África subsahariana y cada vez más de Siria- hacia las costas de Europa por el Mediterráneo.

Si el año pasado fueron unos 130.000, la tendencia indica "que este año será peor", adelantó Cordone.

Sobre la solución del conflicto, sostuvo que ésta sólo puede ser política y que en ella deben involucrarse, indefectiblemente, los países que tienen influencia en una u otra parte.

Mencionó a Egipto y Emiratos Árabes Unidos como los dos países que pueden ser escuchados por el Gobierno libio de Tobruk, mientras Qatar y "hasta cierto punto" Turquía lo son por los rebeldes de la coalición Amanecer Libio (compuesta originalmente por milicias islamistas de Misrata).

Se teme que los intereses regionales sean contraproducentes para una solución política al caos en Libia.

"Una solución militar no es posible y, a menos que se llegue a un acuerdo, el conflicto será de largo plazo y empeorará porque ninguna parte está en posición de vencer a la otra", aseguró Cordone.

Un informe de la división de derechos humanos de la ONU en Libia, presentado hoy, denuncia la violenta persecución que sufren los defensores de los derechos humanos, activistas y periodistas, que incluso habiendo abandonado el país siguen recibiendo amenazas o siendo víctimas de agresiones en el país al que han huido, principalmente Túnez.

Muchos activistas han desaparecido y otros han optado por esconderse.

Los distintos grupos armados que operan en Libia son responsables de asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, secuestros y torturas, mientras "los defensores de los derechos humanos que intentan documentar y denunciar estas violaciones sufren a su turno represalias", señala el informe.




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http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/20/actualidad/1445360196_258947.html

Libia, un precipicio aterrador

Cuatro años después de la muerte de Gadafi, el país magrebí se asoma al abismo partido en dos mitades y a merced del ISIS

JASON PACK 21 OCT 2015 - 15:19 CEST

Libia lleva ya más de cuatro años sin un gobierno que pueda controlar su territorio. Durante más de un año, el país ha estado dividido entre dos gobiernos enfrentados, cada cual alineado con sendas milicias partisanas. A día de hoy (20 de octubre), ninguno de los dos gobiernos puede reivindicar una legitimidad legal, lo que hace de Libia la mayor extensión de terra nullius, o vacío de soberanía, del planeta.

Hemos llegado a este precipicio aterrador, y estamos obligados a asomarnos al abismo, porque la comunidad internacional no dotó al enviado especial de la ONU, Bernardino León, de las herramientas necesarias para incentivar a las diferentes facciones libias para que alcanzasen compromisos y aceptasen la lista de ministros del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) anunciada hace 10 días. En este punto de caos total se vislumbran diferentes escenarios. Si el GNA se convierte en una realidad y el controvertido general Haftar sigue siendo su comandante, los miembros de muchas de las tribus orientales quedarán aplacados, pero seguramente Libia se fracturará en dos zonas, este y oeste.


El reparto territorial del país entre siete milicias enfrentadas favorece el avance del Estado Islámico

Por otra parte, si se forma un GNA y Haftar queda relegado, en un intento de tender puentes entre las diferentes circunscripciones, cabe esperar una desestabilización violenta tanto en el este como en el oeste del país, ya que el general podría declarar un consejo militar para intentar tomar el control del país por la fuerza. Independientemente del devenir del GNA, es probable que la región oeste de Libia sea escenario de una escalada del conflicto, debido a la ruptura de los altos el fuego locales mantenidos hasta ahora, pues las diferentes milicias se alinearán a favor o en contra del acuerdo, y debido también a la frágil cohesión política entre el mando de Haftar, en el este, y las milicias anti-GNA, en el oeste.

Sin embargo, si no se firma ningún acuerdo y no se esboza una estructura de GNA que pueda trabajar la vía diplomática y solicitar ayuda internacional, los escenarios son aún peores. Se necesita un acuerdo para salvaguardar la legitimidad, la soberanía y el reconocimiento internacional de las instituciones nacionales libias. En ausencia de dicho acuerdo, Libia estará constituida por más de siete milicias enfrentadas, que controlarán diferentes territorios y lucharán por hacerse con las infraestructuras petrolíferas y de transporte más importantes, y no habrá partidos con la capacidad de ejercer legítimamente la diplomacia en el extranjero. Esta situación favorece el avance del Estado Islámico, que aplasta despiadadamente a sus enemigos y presume de ello en las redes sociales. Tras llevar a cabo dos asesinatos en Adjabiya la semana pasada —un imán local y un coronel de la inteligencia militar—, el grupo crucificó a un adversario y publicó vídeos horripilantes que mostraban la muerte de dos yihadistas capturados en Derna y acusados de pertenecer a un grupo rival y de revelar información sobre el EI.

Es evidente que se necesita un acuerdo para unir a las facciones principales del país frente a la amenaza común del EI, y para mitigar el riesgo que corren los principales puertos e instalaciones petroleras de Libia. Si la ausencia de un acuerdo se prolonga, es muy probable que los consejos locales y las propias milicias sean los únicos canales viables con los que pueda trabajar la comunidad internacional.

Jason Pack es presidente de Libya-Analysis.com e investigador en la Universidad de Cambridge.

Traducción de News Clips

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