10 diciembre, 2015

TRANSICIONES Y RELATOS x nestornautas (blog)

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miércoles, 9 de diciembre de 2015


A esta altura de los acontecimientos hay que ser muy nabo para no darse cuenta que el culebrón del traspaso de los atributos del mando cumple la función de maniobra distractiva para evitar que se discuta y hable de otras cuestiones; como las medidas que ya está anunciando el gobierno que asume el 10: Por caso el "blindaje financiero" prometido por Prat Gay: le faltó agregar que el 2016 va a ser un gran año, y que "es muy lindo dar buenas noticias".


O la decisión (luego corregida, de un modo que hace dudar sobre quien verdaderamente ha de gobernar el país, y cómo se tomarán las decisiones) de no eliminar Ganancias del aguinaldo pese a las promesas electorales de Macri, basándose en "la pesada herencia recibida" en el terreno fiscal. Pesada herencia que -por contraste- no impidió los anuncios sobre rebaja inmediata de retenciones al sector agropecuario exportador: con ambas medidas, está dejando en claro Macri cuáles de sus apoyos electorales previos serán prioritariamente recompensados en lo sucesivo por su voto a "Cambiemos".

En todo caso, con la inverosímil cautelar presentada ante la justicia (que se cobra todos estos favores, más tarde o más temprano. Y con intereses) están tratando de lograr el helicóptero que le fue negado; por la tosudez de Cristina en resistirse a ser el "pato rengo" que tanto auguraban, y los fracasos de los sucesivos intentos de desestabilización económica.

Más que un traspaso del mando lo que buscan es una rendición incondicional incompatible con un triunfo estrecho, de apenas del 2,68 % de los votos; y forzando a Cristina a estar ausente de los actos protocolares del jueves tributan a construir la imagen de una neurótica inestable emocionalmente, para destruirla en cualquier proyección política a futuro; y desvirtuar por el argumento "ad hominem" (en éste caso sería "ad fémina") cualquier crítica que haga de ahora en más a las políticas del nuevo gobierno.

El recurso de la "pesada herencia recibida" y la demonización de Cristina son las dos caras de la misma moneda, una apuesta a dar por clausurado definitivamente el ciclo político del kirchnerismo, y por hecha ahora, de una sola vez y para siempre, su valoración histórica por el conjunto de los argentinos.

Una operación tan torpe como aquél decreto de Aramburu que se propuso borrar al peronismo de la memoria colectiva, con solo ordenarlo: si existen ya hoy elementos para hacer un balance provisorio del kirchnerismo como experiencia política, con sus virtudes y sus errores, con sus luces y sus sombras, el definitivo se irá cerrando -por fuerza de la perspectiva del juicio histórico- más adelante; poniendo también en la balance el contraste con los gobiernos que lo sucedan, comenzando desde luego por el del propio Macri.

De no comprender esto incurrirán en el mismo error de Aramburu; que terminó contribuyendo a forjar un mito (dicho esto sin la más mínima intención peyorativa, sino todo la contrario) de obstinada permanencia en la cultura política nacional. En esto también el kirchnerismo es un capítulo de una historia más larga y compleja, que es la del peronismo.

Después de años de acusarnos a nosotros de "sostener un relato" para ocultar lo que sería una lacerante realidad, están empezando a hacerlo ellos aceleradamente, antes de asumir y con la obscena complicidad de un enorme aparato de medios que hoy -recalcamos: hoy- les responde incondicionalmente. Mañana quizás -como la justicia- les cobrará sus favores.

Y ese relato comienza por señalar que el kirchnerismo les deja poco menos que tierra arrasada y un panorama desolador que no les dejará otro remedio que adoptar medidas duras, impopulares e incluso en contra de sus promesas de campaña; pero "inevitables para poder asegurar el crecimiento". La promesa del paraíso futuro, otro mito recurrente del neoliberalismo.

El recurso no es nuevo, ni mucho menos: ya en 1955 y tras la caída de Perón, Raúl Prebisch presentaba ¿su? plan económico a la dictadura de Aramburu señalando que "...nuestro país atraviesa por la crisis más aguda de su desarrollo económico; más que aquélla que el presidente Avellaneda hubo de conjurar ahorrando sobre el hambre y la sed, y más que la del 90', y la de hace un cuarto de siglo, en plena depresión mundial..." (se refería a las de 1890 y 1929, respectivamente).  

Y ya entonces Arturo Jauretche desenmascaraba la mentira señalando: "...bajo el falso pretexto de una crisis económica sin precedentes, está por consumarse la gran estafa a los interses y a las aspiraciones de la nacionalidad- Quienes en éste momento ejercen el poder y tienen fuerza para convertir en ley sus decisiones, deben asumir la tremenda responsabilidad de la política económica. Todo lo demás es pura bambolla hecha ex profeso para distraer la atención y disimular la estafa...".

Agregaba más: "El Plan Prebisch significará la transferencia de una parte sustancial de nuestra riquezas y de nuestras rentas a las tierras de ultramar: los argentinos reduciremos el consumo, en virtud de la elevación del costo de vida y del auge de la desocupación. La mayor parte de nuestra industria, que se sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardará en entrar en liquidación. Será el momento de la crisis deliberada y concientemente provocada.". Fue escrito en 1955, parece escrito ayer.

Hoy, para alimentar la idea de la "pesada herencia recibida" que legitime el ajuste que se viene, echan a roda otra, que es aquélla de "no sabemos con qué nos vamos a encontrar cuando asumamos", o "dejaron las arcas vacías", como si la gente no pagase impuestos todos los meses, y la AFIP (a cuyo titular Macri le ofreció continuar en el cargo) no informara mes a mes cuanto se recauda; o no tuvieran legisladores en el Congreso que evalúan -mes a mes, año a año- cuanto y como se gasta; o como si no existiera la tan publicitada AGN y sus informes.

Si ahora de golpe se volvieron cautos porque "no saben con que se van a encontrar" habrá que pensar entonces que ciertas promesas de campaña (como la rebaja generalizada de impuestos) fueron absolutamente irresponsables, y los pronósticos catastróficos sobre la economía de país estuvieron basados en meras suposiciones o supercherías: algo falla en todo eso, muchachos. O nos quieren vender gato por liebre.

El nudo gordiano del problema es que están evaluando seriamente aplicar políticas económicas vaciadas en el molde de las que aplicó en su hora Martínez de Hoz (ver por ejemplo acá las escalofriantes similitudes), pero en democracia y sin el corset represivo de toda dictadura, a la previsible protesta social que generarán.

O que quieren replicar las terapias de shock de Menem y Cavallo, sin la hiperinflación que lanzó a Alfonsín de la presidencia antes del vencimiento de su mandato, y con un desempleo menor al 6 %: ahí tienen a la mano un ejemplo de "transición complicada", por si les falta memoria histórica.

Si se advierte esto, el engaño neoliberal queda al descubierto: siempre aplican las mismas recetas, sin importar ni los contextos históricos donde las medidas se despliegan, ni los resultados que antes tuvieron cuando fueron aplicadas. Pero todo eso en nombre del "fin de las ideologías" y -muy por el contrario- acusándonos a nosotros de ser los talibanes aferrados a ideologismos.

Claro que tampoco hay que ser ingenuos: la persistencia en el manual del ajuste perpetuo tiene que ver no tanto con su adscripción a determinada vertiente del pensamiento económico (que la tienen), como con los intereses concretos que defienden; estén o no en el gobierno.

Muchos que no quisieron aceptar pensar siquiera determinadas cuestiones y las rechazaron como parte de una "campaña del miedo" comprenderán pronto que en cada elección y más allá de lo específicamente institucional, siempre hay ganadores y perdedores como consecuencia del voto; y ésta vez no será la excepción.

El 25 de mayo del 2003 tampoco Néstor Kirchner recibió un país perfecto y andando sobre ruedas, o con todos sus problemas resueltos. Y sin embargo eligió no ajustar, ni transitar el mismo camino trillado que había llevado a tantas frustraciones dolorosas.

Y visto en perspectiva histórica, tan mal no le fue. Por eso buscan sepultar al kirchnerismo relegándolo hasta de de los futuros libros de historia, o confinándolo a los dominios de la psicología berreta.

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